ver más

Así se arma "lo nuevo"

El gobierno de Mauricio Macri ha logrado rodear al kirchnerismo en menos de dos meses y pensaba darse todo su primer año para conseguirlo. Ya no tienen la potencia legislativa de la que alardeaban y el peronismo comienza a crear una liga de intendentes para vincularse directamente con la Casa Rosada. Miranda y su soledad que lo llevó a ser "sapo con nuevo pozo", mirada con cariño por muchos más en las provincias y municipios.

 El macrismo tenía un plan: rodear al kirchnerismo con hiperacción gubernamental tras asumir el poder y, luego de un año, verlo reducido a un espacio de pataleo político, alimentado con su melancolía del pasado poderoso reciente. Dejarlo inocuo al cabo de un año difícil en el Congreso y en las calles.

Los tiempos se anticiparon. No ha llegado a término el segundo mes de mandato de Mauricio Macri y los acólitos de Cristina Fernández de Kirchner son parte de una diáspora acelerada. Han quedado reducidos a un espacio simbólico y sus manías –tales como el control de todo desde la conducción única y centralizada, que en el discurso es calificada como todo lo contrario- se han vuelto el espejo que les muestra lo que no quieren ver.

No se ha iniciado aun el primer período legislativo de la incipiente “Era Macri” y aquella amenaza de controlar el Congreso, el “cuco” de La Cámpora con el que metieron miedo en la campaña, crearon su espacio de confort político, alinearon a peronistas tradicionales y expulsaron a los rebeldes hacia fuerzas laterales, hoy solo son almas en pena que se quejan por tener buenos despachos, se defienden a los gritos en la retaguardia de los talks shows televisivos o plantan bandera en unas redes sociales en las que su presencia se ve disminuida notoriamente día tras día. De hecho, de 700 mil contratos que dejaron en la Administración, logran reunir de a cinco mil en alguna plaza dominguera para darse ánimo.

El macrismo ha conseguido su cometido político más rápido de lo soñado y gracias a las armas que fueron creadas por sus propias víctimas: el alineamiento. Si Cristina Kirchner obligaba a aplaudirle periódicamente en algún acto o en el seno de la Casa Rosada, tomando asistencia para empadronar lealtades y tachando a los caprichosos, para condenarlos al exilio, lo que la gente de Macri está haciendo, por ahora, es sólo asustarlos con eso: el resto, los gobernadores ya lo conocen y por lo tanto, saben qué hacer. Están domesticados por doce años de subordinación para recibir una porción de poder que no es otra cosa –para un país desequilibrado y centralizado al máximo como la Argentina- que una poción que otorga un poco más de vida política en el terruño de cada uno.

- ¿Saben hacer política los CEOs del PRO?

Macri no les pide aplausos, sino que acompañen su proceso y, con eso, se burla también de los detractores que dijeron, hasta el hartazgo, que esa cosa nueva que habían armado los CEOs para meterse en política –provocados desde el núcleo de la propia vida política- no sabría moverse en su territorio ni gestionar la compleja y muchas veces injusta -sino ingrata- Administración del Estado.

No hizo falta, siquiera, que el macrismo consiguiera unificar sus esfuerzos entre los dos polos de acción que lo conforman, el “purista” y el “de la política”. Su tensión permanente en estos dos meses en lugar de paralizar al Ejecutivo, a conseguido que se avance en la construcción de la personalidad propia del Gobierno y, también, de una oposición a medida de Macri. Por un lado el jefe de Gabinete, Marcos Peña y por el otro el tándem que integran, entre otros, el operador y jefe de la Cámara baja, Emilio Monzó y el ministro de Interior y Obras Públicas, Rogelio Frigerio, han hecho lo suyo: sumar, decidir, corregir errores, refutar, recorrer el país, convencer, alentar y desalentar (de acuerdo el caso que se trate). Todo en dos meses. Ya hay algunos enemigos menos y la idea es seguir avanzando.

- Olor a poder

El peronismo es sabio: huele el poder y cuando no lo detenta, lo extraña, necesita y pelea por volver a conseguirlo. ¿Macri estará solo cuatro años en el gobierno? 

Es una cuenta temprana, pero para “poderólogos” de raza como los peronistas, es plausible analizar una potencial duplicación del tiempo en que pueden o estar condenados al hielo o ser socios minoritarios, aliados estratégicos o por lo menos, no enemigos.

La estrategia del kirchnerismo de volverse una especie de “voz de la conciencia progresista” sin revisar su propia historia, y de tildar tajantemente de “dictadura” al gobierno que les quitó el poder cuando estaban aún con las manos en la masa, cuando ni siquiera habían acomodado las cosas porque no pretendían desalojar el Estado, resulta, entonces, interesante y simbólica, necesaria si se quiere para equilibrar la balanza ideológica. Pero rápidamente pierde fuerza real y se transforma en testimonial. Una disputa de espacios con los sectores de izquierda que en los últimos años consiguieron representatividad popular: de aquel fanfarroneado “54%” pelean el respaldo de diez veces menos cantidad de argentinos.

- El que sigue

Así, el macrismo está concentrado en estos momentos en el siguiente enemigo. Curiosamente, comparte muchos con el gobierno anterior y el sindicalismo díscolo es uno de ellos. Un aliadófilo como Hugo Moyano puede terminar siendo, inclusive, víctima del fuego amigo. 

¿Qué pasaría si al poderío que detenta el gremio de los Camioneros, por ejemplo, no se lo combate con ideología sino con un plan de expansión del ferrocarril de transporte, en forma moderna y eficazmente distribuido en el país, de modo tal que los camiones ya no ostenten el monopolio de la movilización productiva? 

Esa es una de las apuestas de los equipos del Gobierno: nuevos paradigmas que, por sí solos, notifiquen de su anacronismo a los anteriormente imperantes.

Para eso hace falta plata. Y por ello, la orden surgida desde la Casa Rosada fue arreglar sí o sí con los fondos buitre, digan lo que digan, cueste mil o dos mil millones de dólares más. Lo que Macri y su equipo económico creen es que cambiando la visión internacional de la Argentina, tildada hasta ahora de “chavista” y todavía bajo observación por su tendencia a la precariedad jurídica, puedan llegar en cuatro años unos 350 mil millones de dólares para cambiarle la cara al país.

Pero para que haya paciencia social a la espera de que Macri cumpla con más sueños, hace falta que el consumo no decaiga tanto como parece estar sucediendo. A la falta de shock y a las medidas tomadas en forma paulatina, le quieren colar refuerzo de decisiones que el comercio ha sabido aprovechar y que la economía acepta gustosa: el Plan Ahora 12, por ejemplo, para útiles escolares. Podrán haber aumentado, pero también podrán extender el pago en muchas cuotas y achicar el impacto inmediato.

- Mendoza en el mapa

A Rubén Miranda podrán achacársele miles de críticas y echárseles todas las culpas que se quiera, pero nadie le puede negar “olfato peronista”. Nadie lo invitó nunca a una reunión de bloque, no le ofrecieron despacho en el Congreso, no le dieron siquiera espacio para su gente, a pesar de que perdieron municipio y provincia y –se entiende entre “compañeros”- le tocaba refugiar a los heridos en el combate. La verdad es que a Alejandro Abraham tampoco le dieron mucho calce desde el nuevo bloque manejado por el kirchnerismo a su estilo. 

Sin embargo, este último ya estaba más o menos instalado en Buenos Aires y el otro se sintió un sapo de otro pozo. Si así lo iban a tratar, decidió, entonces, buscar un pozo propio.

Esa es la pequeña historia de la división del bloque de diputados nacionales a la que le siguieron movimientos políticos de relevancia, como el realineamiento de los gobernadores y lo que viene sucediendo a pesar de las vacaciones: un efecto similar en legislaturas provinciales y concejos deliberantes. El peronismo en todas sus ramas está, ahora, en proceso de redefinición. Y no hay ninguno en condiciones de imponer una alineación automática. 

Si responden al “instinto” para el que fueron entrenados en los últimos años, hoy “la billetera” la tiene Macri.

Inclusive en Mendoza se piensa en una “liga de intendentes” que privilegien la obtención de obras para los municipios de modo que sus intendentes no fracasen y puedan continuar en carrera.

- PROtagonismo e intendentes 

Para que esto ocurra aquí también el PRO está teniendo que activarse como estructura. Con escasa experiencia, pero con las credenciales que les da que el presidente es “propio”, la Casa Rosada encomendó al diputado Pablo Priore que hable con los jefes comunales. Con los peronistas, pero también con los otros. Salvo Omar de Marchi, un demócrata que logra entrar solo al despacho presidencial, a todo el resto. Los peronistas entienden claramente cuál es el juego y es posible que les pidan a sus legisladores provinciales, nacionales y también a los concejales que lo jueguen, arrinconando en sus plazas domingueras, también desde la base, al kirchnerismo. 

Los radicales, en tanto, son mirados desde esa posición en dos vertientes: los “de Cobos” y los “de Cornejo”. A los primeros, se les pedirá que ratifiquen que confían en el proceso que se está desarrollando en el país, porque en algún momento los creyeron más adversarios que aliados. Sobre los otros, el que esperan que se apure a sumarse al tren de los gobernadores que “ya arreglaron” es a Alfredo Cornejo en persona.

Susana Balbo, emprendedora pero inexperta políticamente hablando, ya le ofrecieron un curso completo de territorialismo. Necesitaban a una persona de contacto en la región cuyana para liderar los procesos de planificación de inversiones en obra pública y Macri quería que fuera ella.

La metamorfosis está en marcha y no resultará raro en un país acostumbrado a las historias kafkianas que suceda una vez más una reconfiguración de los esquemas de poder político. Da la sensación de que los lugares en la disputa eterna han rotado: el poder fáctico dirige y el resto debe amoldarse. Si esto que está pasando es bueno o malo dependerá más del final feliz que tenga, que de lo que dicen los libros de ciencia política o sus múltiples intérpretes de cabotaje, porque mientras algunos denuncian que estamos viviendo “una vuelta al pasado”, es probable que internamente tengan miedo a que se esté gestando una nueva forma de hacer las cosas a futuro.