ver más

Riesgo de PROpulismo y Schadenfreude opositor

El análisis del director de MDZ sobre el primer año de gobierno de Cambiemos. "Son una adsense de la República".

 El primer año de gobierno de Cambiemos ha resultado una prueba de equilibristas novatos, pero exitosos en sostenerse. No han caído de la cuerda que los pícaros le mueven desde ambos extremos. Pero si pierden la compostura, no habrá red.

Las metáforas son cursis pero siempre buenas. Más aun cuando se trata de analizar la política y por eso el recurso está siempre a mano. En este caso, además de la pura actividad partidaria se trata nada menos que la de un gobierno que cumple su primer aniversario y al que ya puede medírsele la talla, habiendo transcurrido un cuarto de su mandato y con la admisión de que quieren estar todavía más tiempo.

Si no damos rodeos para hablar de este período, hay que decir algunas cosas con crudeza. Entre ellas, que el país no estalló a pesar de la situación que dejó la ola de datos falsos, mentiras y corrupción que le antecedió. Pero también, que Cambiemos terminó siendo no más que el PRO queriendo "caer bien" en la sociedad; los radicales pidiendo más y más lugares y cargos; y Lilita Carrió oficiando de "conciencia pública de la Nación" y hasta de su frente político, algo interesante y valorable, pero poco, comparado con la necesidad de construir poder.

El PRO es el eje de todas las acciones de gobierno. Lo que pasa es que no tiene territorio ni estructura extendida y homogénea, y se ve obligado a recurrir a una ampliación de la alianza que integra, abriéndola, justamente, a los adversarios a los que desalojaron del poder, el peronismo en sus más diferentes facetas. En este punto, hay que decir que Mauricio Macri, el líder de un equipo (que se nota existente aunque improvisado en muchas ocasiones) tiene una doble misión: motorizar una gestión y en simultáneo, edificar una fuerza política que vaya más allá del alcance de Snapchat o Facebook.

 El PRO (y Cambiemos, en general) se enfrentan al desafío de dejar de ser una "adsense de Google inserta en la República" para ser un motor, si se quiere, de cambio, pero si esto resultara petulante, al menos de gestión algo transformadora.

Pudo haber planteado su auténtico plan en materia económica en forma rápida y directa, el "ajuste", al iniciar su mandato, pero prefirió hacerlo en forma paulatina. Ese "gradualismo" del que hablan los economistas, sin embargo, igual impactó y mucho. La impericia de Macri no fue, en todo caso, haber aplicado sus recetas lentamente. En todo caso, lo fue no advertir que la magnitud de la crisis en la que está sumido el país lo haría sucumbir ante sectores que no tienen ni siquiera pensado cambiar sus posiciones de confort adquiridas con los métodos históricos del populismo: coordinar masas hambrientas y ofrecerlas como carne de cañón, si es que no se los sustenta en forma suculenta desde el Presupuesto nacional. 

Le dio origen al PROpulismo, esa mezcla rara de no saber qué se es con altas dosis de contención extorsiva que ofrece como puente un peronismo que no deja caminar sobre suelo firme y se ofrece, gentilmente, a cuidar la tensión de la cuerda por la que se pretende avanzar a varios metros sobre el nivel del suelo, para seguir con la primera metáfora de esta nota.

Si las cosas siguen así, será el peronismo quien defina qué será de este gobierno, como lo ha sido casi siempre: si se queda será con alguna versión de ellos adentro o al lado. Y si no los contiene satisfactoriamente, harán todo lo posible para que se vaya Cambiemos del poder. Ahora, sin embargo, aparece una nueva posibilidad en el variado mundo creativo de este movimiento popular argentino: ya piden sin descaro "acciones" de la "empresa" gobernante a cambio de apoyo y el problema que radica en esto es que los fondos también le pertenecen al resto del país.

En una Argentina con la que muchos soñamos transitando un camino de nueva pluralidad y proyectada al futuro, no hay enfrente de la estrategia del gobernante, de sus socios principales y de los ocasionales, una oposición que construya una alternativa que se nutra con más dosis de futuro que de pasado. 

Del otro lado hay un solo Schadenfreude, esa palabra precisa y contundente surgida del alemán y usada en todos los idiomas, que designa a aquellos que sienten alegría por la desgracia ajena. Si se tratara de una afección psiquiátrica, diríamos que los impulsa el sadismo. Pero en político es sencillamente algo así como "celebrar la infelicidad". 

En el caso argentino, hay sectores como el kirchnerismo, por ejemplo, que parecen regodearse de que a la gente le vaya mal y no sienten ningún tipo de responsabilidad (y mucho menos culpa) por ello. Todo lo que pasa sostienen que es consecuencia de un presente que les parece ajeno y eterno. Quieren apurar las manillas del reloj para que este turno termine y parecen celebrar que haya despidos o que la economía esté en recesión, obviando -claro está- que todo arrancó en medio de su frenesí de bolsos revoleados en conventos y dólares contados en cuevas secretas.

La crudeza de los análisis nunca es celebrada por nadie. Unos, porque esperan "comprensión" y siempre creen que necesitan sobadas de lomo para poder seguir adelante. Otros, porque se acostumbraron a que las cosas en la Argentina no sean dichas con todas las letras, en un país en donde imperan los sofistas. Y hay más: están los que solo esperan y aplauden cuando hay "sangre" en cada definición y hacen de las consignas huecas pero duras su palanca de impulso hacia su existencia política.

Ha pasado un año de macrismo, que es "lo nuevo" y ha tenido bastante tiempo para construir su plataforma. 

Ya pasó el tan mentado (por ellos mismos) "segundo semestre" y lo que queda por delante ya no debería ser una promesa, sino la consecuencia de un plan. Habrá que esperar para verlo. Y para ello cuenta la capacidad de que las circunstancias económicas nos permitan pensar sin presiones y hacernos de paciencia, o sucederá todo lo contrario a lo esperado.