Presenta:

Y tu mamá también

La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner no explicó en su carta de ataque a Macri qué hacía su madre en una cooperativa millonaria.
748966.jpg

Cristina Fernández de Kirchner difundió una carta en la que acusa en términos personales a Mauricio Macri por una investigación que la justicia está realizando por el cobro de 61 millones de pesos girados por el Correo Argentino a la cooperativa El Aldabón, de la que su madre Ofelia Wilheim es síndica. De paso, como si se tratara de un intercambio en Facebook entre adolescentes irascibles, le reprochó al presidente las tropelías que hiciera su padre, Franco, con todos los gobiernos, cosa que no es mentira, pero que sucedió sin solución de continuidad sin distinguir si fueron dictatoriales o democráticos, incluido el de ella. Franco Macri fue uno de los aplaudidores del "modelo" de Néstor y Cristina Kirchner, a tal punto que aun en 2014, cuando comenzaba a declinar el "viento de cola" macroeconómico, postuló que "el próximo presidente tiene que salir de La Cámpora". Peor analista político que negociante, el padre de Macri no atinó en su pronóstico o deseo. Si hubiera acertado al menos en su preferencia de continuidad del kirchnerismo, probablemente Cristina Kirchner no estaría acusando a Daniel Scioli de lo que la justicia encontró al indagar sobre la presunta malversación de fondos públicos en la cooperativa El Aldabón. O, directamente, la justicia jamás habría investigado, en una continuidad de su siesta oficialista habitual.

Acá no hay una pelea personal entre Mauricio y Cristina. Tampoco entre sus padres. Está faltando que la pluma de la expresidenta defienda a su madre de la acusación que recae sobre ella y muchos más, que explique su rol, que deje en claro por qué se metió o la metieron en una cooperativa como las tantas en las que el kirchnerismo tercerizó millonadas, en un modus operandi que dejó al país igual o peor que como estaba, nunca mejor. Sus partícipes formaron parte del engranaje de lo que llaman "la transferencia a los sectores humildes de la riqueza", y al salir de esa condición de pobreza gracias a mecanismos que probablemente jamás hubiesen conseguido en función del esfuerzo personal, resultan el núcleo duro que reclama el retorno del reciente tiempo pasado que, sin dudas, para ellos fue mejor.

Es verdad lo que dice la expresidenta: Ofelia Wilheim vive en la misma casa de siempre. Pero ella no. Es millonaria. Multimillonaria como no lo era antes de asumir la presidencia. En todo caso, hay una tremenda desconsideración para con su madre, ya que el resto de la familia vive como verdaderos magnates, posición conseguida en poco más de una década, un tiempo record. En este caso, valga la austeridad maternal y exclúyase a la familia Macri de cualquier culpa de que esto sea así.

Muchos de los casos de corrupción del gobierno anterior quedaron al descubierto con tan solo prender la luz. Hemos dicho en otras oportunidades que todos los indicios dan cuenta de que la derrota que le dio el pueblo argentino al peronismo los agarró con las manos en la masa. No cubrieron sus huellas, porque pensaban seguir. Solo pusieron bolsos con millones de dólares en los tanques de agua, porque pensaban que nadie saldría a buscarlos. Armaron empresas y las abarrotaron de recursos porque pensaron que nadie auditaría si realmente existían y cumplían con los encargos que les hacía el Estado.

Las pesquizas judiciales dan cuenta que la estructura de robo incluyó a todos los niveles de la sociedad: los ricos fueron más ricos y, por ello, como Franco Macri acaso, quisieron que la fiesta continuara. Los pobres siguieron siendo clientela disponible y, por supuesto, pobres como siempre. Pero los leales conformaron un entramado de entidades de diversa conformación jurídica que les permitió expandir el kirchnerismo más que como ideología que como pirámide de ahorro: una construcción basada en dinero fresco, remesas transferidas desde el Estado hacia "organizaciones populares". De hecho, hay 52 universidades investigadas por la rápida transferencia de dinero en los últimos meses de gestión, sospechadas de ser parte de un gran aparato de malversación de fondos públicos.

Tantos socios en actos de corrupción representan un fuerte golpe cultural a la Argentina, que costará cambiar, una vez más en nuestra historia. Pero ya muchos han decidido impermeabilizarse ante un método de engaño y coptación sistémico que entró por ósmosis mediática durante todos estos años, por acción de aquellos que reproducían un mensaje prediseñado, recibían su cuota por ello y callaban cualquier indicio de corrupción, exprofeso.

Hoy el tema en discusión no es la mamá de Cristina ni el papa de Mauricio. Reducirlo a eso es volver a engancharse en la "política espectáculo" que cuajó y que se montó, por ejemplo, con personajes a sueldo como Jorge Rial: vimos o seguimos viendo una "rialidad" que es muy distinta a la realidad.