Ladrones (lo que la izquierda le dice a la "izquierda")
Del latín latro, -ōnis 'bandido'.
1. Que hurta o roba.
2. Pícaro, granuja.
Hasta los que han ocupado la zona de la izquierda en Argentina, hoy, le dicen, a los que supuestamente estaban más a la izquierda del mundo atómico nuclear, que fueron ladrones, y que estuvieron "siempre independientes del kirchnerismo". Lo oí en boca del legislador Néstor Pitrola, anoche, en el programa "Intratables".
El baluarte de la izquierda (y ya decir baluarte, en izquierda o derecha, la verdad, es medio demodé, amigos), le dijo en la cara al inclasificable comentarista deportivo, Diego Brancatelli, lo siguiente: "Si el kirchnerismo se recompone estamos fritos los argentinos y los trabajadores. Ellos llevaron el país a esta bancarrota".
Luego de esta sentencia, comenzó ese disparatado modo de comunicarse que es sello del programa: gritar, levantar la voz, no oír, gritar un poco más, hasta que alguien se apiada (en general, no siempre, el conductor).
¿Nos quejamos que no hay humor en la televisión argentina? Nos quejamos de llenos
La izquierda le reclama a la "izquierda". La película de siempre.
"Intratables", a su pesar, es casi una puesta es escena (una farsa y nadie debe ofenderse) del teatro contemporáneo político, en el cual nunca se sabe el tono del sainete. Sin embargo, lo confieso, mi 0,15 % de morbo sintió gracia y algo de justicia con la intervención de Pitrola, diputado del Partido Obrero y del frente que lo tiene al mendocino Nicolás del Caño en ese bloque legislativo.
Sinceramente, amigos, yo no tengo muy en claro en estos tiempos qué sería la izquierda y qué la derecha. Relojeo mi computadora, sobrevuelo la pantalla del celular, leo los ensayos sobre arte escritos por León Trostky hace varias décadas, y, de verdad, honestamente, no puedo distinguir la dimensión de ambas posiciones políticas.
Si debiera ubicarme, según la escuela tradicional, podrían llamarme un socialdemócrata. O un anarquista civilizado, si pensamos en Borges.
Pero ni siquiera eso me ayuda a saber qué y quiénes están de un lado y del otro. El mundo es raro y ustedes lo saben tanto como yo.
Si es por consignas el asunto se resuelve con cierta simpleza, muy simplona, hasta haragana
Quiero decir: hay gente que no entiende el mundo sin el desarrollo del capitalismo y hay otros que, no sólo no comulgan con ese desarrollo, sino que desechan el capitalismo como sistema, como modo y práctica económica.
Todavía no encuentro entre lo que podríamos definir como marxismo, esto es, la superación del capitalismo y bla bla blá, alguien que me seduzca con una versión contemporánea y actualizada de lo que supone prescindir de la libertad económica. Ni hablar del capital.
Leo a Trotsky y sus ensayos sobre arte porque, realmente, me parece original. O me hubiera parecido original en su tiempo. Y además, claro, porque escribe bien, claro, sin el barroquismo afectado de los pintores mendocinos más renombrados.
¿Soy trosco? Naaaaaaa. Ni ahí
No puedo extenderme demasiado ahora en descifrar un marxismo que evade la Revolución Tecnológica. Nadie hasta ahora me dice qué significa ser un trabajador en el siglo XXI y tampoco encuentro sustento en lo que indago dentro de ese universo llamado "izquierda".
¿Si uno no entiende la izquierda, es de derecha?
En Argentina ni hace falta responderlo: lo menos que te dicen es que sos un vendepatria, neo liberal y bla bla blá.
Yo no entiendo a los clasificadores políticos argentinos. Es como dice en un poema breve el brasilero Mario Quintana: "las clasificaciones apenas definen a los clasificadores".
(Alguna relación existe entre la cosmovisión sobre el arte de Trotsky y Mario Quintana, un gran poeta del sur brasilero).
No sé qué es la izquierda. A veces parece una película del cine mudo, en cualquier idioma
Tampoco la derecha. Y en Colombia este domingo han desafiado la ley de gravedad clásica de las escuelas políticas.
Lo único que sé es que no sé nada (y me pongo clásico).
Y que, por fortuna, luego del round entre Brancatelli y Pitrola, cambié la sintonía del canal para ver al comandante Pagni, mi héroe periodista preferido. Lo entrevistó al gallego Fournier. Y ese diálogo, si bien no me aclaró nada sobre izquierda y derecha, me entusiasmó.
A lo mejor todo sea una cuestión de entusiasmo, pienso.
Acaso más prolijo, menos decadente y circense que aquellas cadenas nacionales que nos rompieron mucho más que la paciencia derecha (y la izquierda).
Posiblemente no es paciencia lo que se reclama, sino más sensatez, menos demagogia, más realidad. Suena inmundo pero es así: bañarnos en realidad es el mejor refresco para jugar un mejor segundo tiempo.