Abraham y Lobos, las cinco razones de la tregua
El ciudadano común puede no entender cómo fue que ayer se amigaron dos dirigentes políticos entre quienes hubo denuncias de robo de votos en las últimas elecciones. Pero el peronismo es así: “No hay peleas que duren para siempre”, dijo alguna vez el actual vicegobernador, Carlos Ciurca, en una descripción exacta de las relaciones dentro del partido.
Más allá de esa capacidad para ordenarse si se trata de mantener o pelear el poder, hay cinco razones claras y específicas para el reencuentro de Alejandro Abraham y Luis Lobos, los “pelados” de Guaymallén, que se concretó ayer en un restorán de este departamento en el que estuvieron rodeados de legisladores y dirigentes locales.
1- A Abraham le sembraron un temor y el diputado nacional lo blanqueó ayer. “No quiero que me hagan cargar con la derrota”, dijo el ex candidato a intendente. Las conversaciones para conseguir la “foto de la unidad” de ayer duraron varios días y en esas charlas hubo quienes lo convencieron de que su guerra personal con Lobos podía jugarle en contra a todo el peronismo mendocino si se confirma en las urnas la tendencia que da al PJ perdedor en las urnas el 21 de junio ¿Qué dicen esas tendencias? Circuló una encuesta elaborada por Elbio Rodríguez después de las PASO en la que el Frente para la Victoria pierde frente al radicalismo por 14 puntos de diferencia en Gran Mendoza. Y el departamento más poblado de la urbe mendocina es precisamente Guaymallén.
2- La “reconciliación” con Lobos fue un pedido expreso que hicieron Adolfo Bermejo y Diego Martínez Palau a ambos dirigentes en una reunión que el binomio que peleará la gobernación mantuvo el jueves de la semana pasada con Abraham y el intendente actual. A ese acuerdo, Bermejo sumó al tercer candidato en las PASO, Guillermo Elizalde, tal como había prometido. Abraham había reclamado un poco de atención por parte de la cúpula partidaria, que lo hizo a un lado de los acuerdos electorales de principios de este año.
3- Pero la política se refleja en algo más que gestos. El reparto equilibrado de espacios de poder en un peronismo que hace años no tiene un liderazgo pleno de nadie es absolutamente necesario para que las relaciones no exploten. Esa “prenda de la unidad” fue la designación de un hombre de Abraham, Gustavo Arenas, como el jefe del bloque de senadores del PJ, puesto que era pretendido por La Corriente tras la muerte del legislador Ignacio Ortigala. Hasta que el Gaucho Arenas no consiguió el apoyo de sus pares, la reconciliación (vergonzosa, pues Abraham evitó las cámaras ayer en el restorán Los Toneles) no se concretó públicamente. Sólo después del anuncio oficial de que Arenas era el nuevo conductor del bloque oficialista, hubo festejo conjunto y se selló un acuerdo hoy por hoy sostenido de alfileres que deja la próxima campaña electoral en manos de cuatro dirigentes: Mario Díaz en representación de Lobos, Arenas como referente de Abraham, el presidente departamental del partido, Daniel Gómez (quien milita junto a Guillermo Carmona) y un dirigente que aportará Elizalde.
4- Nadie cree que este acuerdo refleje la pacificación definitiva en Guaymallén. Más bien existe una mutua conveniencia. Lobos no puede prescindir de Abraham en la pelea por la intendencia y Abraham necesita del partido para conseguir un beneficio: meter la mayor cantidad posible de concejales de una lista del PJ en la que los principales nombres responden a él. Sucede que las colectoras le sirvieron a Lobos para ganar las PASO pero jugaron en contra en la elección de los cargos para el Concejo Deliberante. Como el voto de Lobos se dividió mucho más que el de Abraham en esa categoría, el diputado nacional se quedó con los primeros tres puestos de la lista de ediles y Lobos apenas con uno. Ahora a Abraham tiene que jugar en la campaña para que esos candidatos lleguen al concejo. Si gana Lobos la intendencia, el poder político estará compartido con los concejales de Abraham. Pero si pierde el candidato del PJ por un margen pequeño (¿será esa la apuesta íntima de Abraham?) Abraham ganará concejales propios y el peronismo de Guaymallén quedará en sus manos.
5- No hay una reconciliación real entre Abraham y Lobos. Apenas se ha producido una tregua. Este periodo de paz tiene fecha de vencimiento: durará en el mejor de los casos dos años, hasta la próxima contienda electoral. No será el mejor escenario hoy para Abraham, pero para el denunciante del fraude en Guaymallén, esperar dos años sonó mejor que la idea de quedarse en la barricada y judicializar el conflicto de las PASO, opción que podía demorar muchos años y tornar en abstracta la resolución de la pelea. “Yo reconocí el resultado electoral y ahora hacía falta pacificar Guaymallén”, razonó Abraham anoche.

