Si van a ser así, las PASO no tienen sentido
En lo más caliente de la semana, cuando Alejandro Abraham decidió denunciar irregularidades en la votación del domingo en Guaymallén, Luis Lobos le mandó decir a su rival en la interna: “Pregúntenle de qué se queja, si era lo mismo que le hacíamos a los otros cuando estábamos juntos”.
El escándalo en la elección del departamento más populoso de la provincia comenzará a resolverse mañana, cuando los abogados de la Suprema Corte designados para analizar el caso resuelvan si avanzar o no en el pedido del actual diputado nacional para que se declaren nulas al menos 120 mesas en las que se detectaron irregularidades.
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Son unos 40.000 votos los que están en discusión, básicamente por errores en las planillas: en la mayoría de esas mesas se encontraron menos sobres en las urnas que gente que efectivamente votó. Y al revés también.
La ley electoral es clara en ese sentido. Si se detecta en una mesa una diferencia de al menos cinco votos entre los votantes y los sufragios contabilizados, no cabe otra que la nulidad.
Nadie sabe cómo reaccionará la Junta Electoral mañana y si accederá a anular esas mesas como pide Abraham en dónde, además, ganó Lobos.
Pero a esta altura algo está claro. El gobierno apuesta todo a que el actual intendente sea proclamado ganador ya no solo porque es a quien apoyó en la pelea interna departamental. Sino porque un vuelco en el resultado terminaría por cerrar el círculo sobre una elección, que independientemente de lo que ocurra en Guaymallén, ya puede considerarse como la peor desde el punto de vista institucional desde el regreso de la Democracia a esta parte.
El debut de las PASO en Mendoza fue malo y la frase atribuida a Lobos refleja lo que pasó: los partidos, trasladaron los viejos métodos de las internas a una elección general.
Y en ese sentido los intendentes, que jugaron un rol clave en esto, echaron a rodar toda su maquinaria electoral (con recursos de los municipios) para apuntalar las candidaturas provinciales..
No caben dudas: la impresionante movilización de recursos y de personal en todos los departamentos manejados por el peronismo fue lo que empujó para que el oficialismo rozara los 40 puntos y salvara una elección que se avizoraba como catastrófica.
Entre esta realidad y la noción de que las PASO venían para que las corporaciones partidarias no sean un impedimento para que un ciudadano común pueda presentarse como candidato en igualdad de condiciones, hubo un abismo el 19.
Tampoco ayudó el despropósito de las colectoras, que todos los partidos avalaron y de las que Lobos hizo abuso para terminar ganado por una diferencia de 800 votos, que además terminaron cuestionados en la Justicia.
El radicalismo hizo su aporte. Quizás el primero en desvirtuar el espíritu de las PASO fue Alfredo Cornejo, quien abrochó acuerdos con otros partidos para formar Cambia Mendoza y aglutinar prácticamente a todo el voto opositor sin dirimir su candidatura con nadie en la interna.
Hubo un costado positivo: nadie podrá argumentar que el voto electrónico (que según la ley deberá implementarse de manera obligatoria en la mitad de los departamentos en 2017) es inviable en la provincia por un tema de costos.
Si se hubiera aplicado este modelo en las recientes PASO, el costo habría sido de 5 dólares por mesa, según la empresa que presta el servicio y que lo desarrolló hace quince días en Salta, dónde se votó bajo el mismo mecanismo de voto electrónico y entrega de ticket que está previsto para aquí.
Para ponerlo en otros números. En Guaymallén, el lugar en dónde se denunciaron más irregularidades, el voto electrónico hubiera costado alrededor de $3 millones. El intendente gastó, solo en impresión de boletas para su postulación, $4 millones.
Pérez aportó lo suyo también y de manera importante. El gobierno trasladó su exasperante falta de gestión a la organización de una elección que resultó un verdadero desastre. Y con sospechas de manipulación de datos, además.
Ya es sabido que las PASO fueron generadas, debatidas en la Legislatura y pautadas para esta fecha por el gobernador al ritmo de la interna del Justicialismo.
El desdoblamiento electoral de los intendentes dejó el desnudo la debilidad de Paco como conductor del PJ y lo forzó a apurar un cronograma electoral de cuyo apuro hoy estamos sufriendo las consecuencias.
La Junta Electoral resolverá la postergación de la proclamación de los candidatos ganadores que competirán en la elección del 21 de junio, porque no alcanzarán a concluir el escrutinio definitivo antes del día 30, la fecha fijada por decreto para que esto último suceda.
El problema es que Pérez, para que le cierren las fechas, dejó un espacio muy corto entre las PASO y la elección general y era muy difícil que el escrutinio definitivo se lograra terminar en los plazos pautados.
El día de la elección se notó la falta de información de los votantes, que se tradujo en un desinterés que terminó haciendo más relevante el peso de los aparatos partidarios.
No hubo escuela en donde no se detectaran presidentes de mesa muy mal preparados y en dónde asimismo se deslizaran sospechas de que también muchos de ellos eran militantes del Frente para la Victoria.
Los malos manejos llegaron también al escrutinio provisorio de datos. Por primera vez la provincia estuvo a cargo del recuento inicial de los votos y debió enfrentar denuncias de manipulación.
La Dirección de Informática provincial fue la encargada del trabajo esta vez, mientras históricamente el conteo provisorio estaba a cargo de una empresa nacional llamada Indra.
El Gobierno manipuló la carga de datos desde la noche del domingo, mientas todos se agarraban la cabeza: las primeras mesas que se cargaron fueron las de Capital y Godoy Cruz en dónde el Frente Cambia Mendoza ganó de manera contundente.
Esos números llevaron a la primera confusión de la elección y a algo más grave para Pérez: la tapa de los diarios nacionales del lunes habló de una victoria aplastante de la oposición en Mendoza y el gobierno tuvo que explicar hasta el martes en la Casa Rosada que no había sido así.
Para intentar evitar lo que finalmente sucedió, varios funcionarios dieron la orden de empezar a cargar mesas en el sistema de los departamentos en los que el resultado les era más favorable, como para hacer pública que la diferencia era más ajustada de lo que se había establecido en las primeras horas de la noche del domingo.
Alfredo Cornejo agita una denuncia más grave. Argumenta que la Dirección de Informática nunca subió a internet el detalle de los votos a gobernador que obtuvo cada candidato en las comunas, como forma de ocultar información que, desde el punto de vista electoral, es clave para el diseño de la estrategia de campaña y que solo ser consultada por el oficialismo.
Ya pasó una semana de la votación y no se contabilizó en la página de la Dirección el 5% de los votos. Es decir, según el conteo del Gobierno, no se sabe cómo votaron alrededor de 30.000 mendocinos. Incluidos allí unos 15.000 guaymallinos ya que, desde el lunes a la madrugada, se frenó el escrutinio provisorio en ese departamento en el 89%.
¿Por qué pasó esto? No hubo respuesta oficial. La Junta Electoral descargó su responsabilidad en la provincia y esta nunca dio explicaciones al respecto.
Que todavía no se haya terminado el escritinio provisorio tendría que ver con lo que a esta altura es un clásico de esta administración: una manera de gobernar que mezcla mala gestión con falta de plata.
El Correo Argentino, la empresa contratada para recibir la información de cada una de las mesas a través de telegramas que luego eran enviados a la Dirección de Informática, cargó datos hasta el lunes a las 5 de la mañana y allí paró.
Y lo hizo porque el Gobierno le había pagado por un trabajo que, como mucho, se iba a extender hasta un par de horas después de la medianoche según tenían previsto.
Pero pasó algo más grotesco en una organización de las PASO que un funcionario describió, con honestidad brutal, en líneas generales como que todo derivó en “una verdadera chastrinada”.
Como Pérez no ponía los recursos suficientes, la Junta Electoral debió encargarse de que las planillas utilizadas para contabilizar la votación en las mesas estuvieran a tiempo el domingo a la mañana.
Y para ello salió a pedirle a un grupo de empresas impresoras que se las fiaran hasta que el Gobierno pusiera la plata.
Tambalea el acuerdo del Intercontinental
Con el trabajo que hicieron sus intendentes, el Frente para la Victoria quedó con la expectativa latente de que puede dar vuelta el resultado de las PASO y terminar ganando la elección general. Aunque el escenario se avizore como muy complicado.
Lo primero que hizo Adolfo Bermejo ya ungido como candidato, fue tratar de contener los votos del kichnernismo y para ello acordó con Guillermo Carmona.
El miércoles logró lo que parecía más difícil. Se reunió con Matías Roby y lo convenció para que trabaje dentro de las filas del peronismo con un puñado de promesas que fueron desde la posibilidad de incorporarlo a un eventual gabinete hasta apoyarlo en la intención que tiene el médico de convertirse en candidato a intendente de Godoy Cruz.
Roby accedió y es muy probable que en los próximos días aparezca junto a Bermejo en público para ratificar que no sacará los pies del plato.
Entre el juego de los caciques, la unidad del peronismo y un respaldo nacional tanto de Daniel Scioli como de Cristina Kirchner, con quien están intentando relaciones, los peronistas albergan sus esperanzas de dar vuelta el resultado.
Pero para que todo esto llegue, deberán atravesar la tormenta interna que se avecina. Tras las PASO, los Azules del PJ quedaron bien parados, los hermanos Félix en el Sur también y la Corriente deberá revalidar títulos tras la pobre elección en Las Heras, la derrota en Luján y el escándalo en Guaymallén.
Desde San Rafael, sobre todo, se viene un planteo de rediscusión de la mesa de conducción del PJ de cara a la campaña y sobre todo, rediseñar el acuerdo del hotel Intercontinental en dónde, además de proclamar a la fórmula de Bermejo con Diego Martínez Palau, Pérez y Carlos Ciurca se distribuyeron las candidaturas a legisladores nacionales.
Sin embargo, antes de que todo esto suceda, deberá esperarse el resultado del escrutinio definitivo que marcará cómo le fue a cada uno en la última elección. Un dato que, en medio todos los desmanejos, a una semana todavía nadie tiene con certeza.


