Operación: "Vuelvan a matar a Nisman"
El gobierno que levantó la bandera de los Derechos Humanos durante 10 años está dejando en claro que se puede arriar cuando les haga falta y sin que nadie de la "tropa propia" se moleste por ello, al menos públicamente. Lo que molesta es que "otros" quieran izarla, en todo caso. Queda en claro que hubo más aprovechamiento de las víctimas reales que legítimo dolor compartido y proyecto al respecto.
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Es que hay una matriz que está funcionando: en Mendoza la modalidad de echarle la culpa a los muertos, con la idea de despegar a la gestión estatal de la seguridad de la responsabilidad por lo que pasa, o de mostrar el rostro de los acusados de crímenes alevosos que conmueven a la opinión pública, cual circo justiciero, a nivel nacional se está dando con el caso del fiscal Alberto Nisman.
Nisman podrá no haber sido un ejemplo de vida (no lo sabemos; no nos interesa). Tal vez tampoco haya investigado exitosamente -como se lo encomendó la gestión de Néstor Kirchner- el más salvaje atentado cometido en la Argentina, el perpetrado contra la AMIA.
Pero hay un dato superior a todo esto y es que el fiscal que denunció y pidió investigar a la presidenta de la República por un presunto plan para desviar la investigación que se enfocaba en la culpabilidad de Irán, apareció muerto violentamente un día antes de exponer en el Congreso.
Pero repentinamente lo que interesa es otra cosa: su vida privada, sus relaciones, sus costumbres.
El gobierno de los Derechos Humanos acusa al muerto de su propia muerte. Pero resulta que el muerto es el fiscal de la Nación que estaba bajo custodia de los hombres de la persona a la que acusaba, la propia Presidenta.
Quienes debían cuidarlo no solo no lo hicieron, pero no es solo eso: hagamos una sumatoria de las situaciones que han rodeado al caso en estos dos meses en los que insólitamente conocemos todo sobre su vida privada y todavía no sabemos cómo murió, por qué y esas cosas que en cualquier país se resuelven en las primeras horas o nunca.
- No se cuidó la escena del crimen, la causa judicial ofrece avances y retrocesos mientras que los puntos oscuros son los que se filtran a una prensa que es partícipe en favor o en contra del muerto, en forma activa.
- Quienes debían manejar las pruebas, como es el caso de su celular, filtran imágenes a la prensa con la consecuencia previsible: la degradación de la víctima, su humillación post mortem, la inducción a que se piense en que "merecía morir".
Es tan grave lo que está sucediendo en la Argentina de "ellos o nosotros", que puede hacerse una muy burda comparación: es como si a alguien se le ocurriera hacer lo mismo con cada uno de los desaparecidos en la dictadura: conocer a fondo su vida íntima, mostrar sus miserias humanas, indagar en torno a por qué murieron. Hasta preguntarse -como está pasando con Nisman- si no buscaron su propia muerte.
El cruce de declaraciones, la "cancha embarrada", los exabruiptos, las filtraciones desde las filas de las fuerzas que controla el Poder Ejecutivo, la tragicomedia entre fiscal y jueza del caso dejan muy claro, además de que nunca confiaremos en los resultados de esta "investigación" sobre la muerte del fiscal que acusó a la Presidenta, que tampoco sabremos quiénes fueron los terroristas que actuaron en la AMIA.
Están rematando al cuerpo ya inerte de Nisman, ante los ojos de todo, es un espectáculo trágico que resulta una burla al funcionamiento de las instituciones de la República.