¿"Cambiemos" o "Volvemos"?
El cambio prometido en la campaña, si nos dejáramos llevar por los nombres de los futuros ministros del gabinete anunciados este lunes, le podría quedar un poco más lejos a Alfredo Cornejo.
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El futuro gobernador otra vez volvió a mostrar sus modos: el futuro elenco de gobierno es una síntesis de cornejismo puro. Prácticamente todos los funcionarios anunciados este lunes son de su riñón, salvo Dalmiro Garay, Enrique Vaquié y, un poco menos es cierto, Rubén Giacchi.
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Lo son Martín Kerchner, designado en Hacienda, también Gabriela Testa (Turismo), Diego Gareca (Cultura), Gianni Vennier (Seguridad), Sergio Marinelli (Servicios Públicos), Humberto Mingorance (Ambiente) y, por qué no, Jaime Correas, la invención para la Dirección General de Escuelas.
A Cornejo nunca le gusta salirse demasiado de esa forma de mantener siempre el control. Por ahí hay que buscar una explicación, por caso, de por qué no terminó pagando las facturas que tienen para exhibir sus aliados del PD o del PRO que reclamaban algún lugar de poder en el armado del nuevo gobierno.
Una señal preocupante se vio en la recta final de los anuncios del gabinete. Quedó en evidencia que, más allá de lo pregonado, había pocos equipos técnicos. Y si los había, Cornejo los descartó.
Esto se explica, por caso, en las áreas clave de la próxima administración.
El ministro de Salud, Giacchi, fue decidido el sábado. El de Seguridad, Vennier, estaba confirmado desde hace tiempo, aunque no se trate de un ejemplo de trabajo en equipo.
El encargado de las políticas contra el delito que asumirá el 9 de diciembre fue asesor de la gestión de Cornejo en Seguridad, también de Juan Carlos Aguinaga en el fallido arranque de Celso Jaque y después, durante seis meses, se desempeñó como director de Inteligencia de Carlos Ciurca.
De ese cargo salió eyectado luego de criticar en los medios la política del gobierno que integraba, en octubre de 2008.
La decisión más heterodoxa de todas las que se definieron ayer, la designación de Correas en la DGE, fue una forma también de dejar de lado a los equipos que venían trabajando en educación dentro de la UCR para optar por una jugada de riesgo.
Correas apunta, según estableció con Cornejo, a producir un cambio cultural en la provincia en donde la educación sea uno de los pilares de esta transformación.
Lejos, muy lejos está de la sintonía fina de las políticas educativas y habrá que ver qué vínculo establecerá con el SUTE, que ya prepara sus ataques por considerarlo al periodista y escritor como alguien que no pasó “ni una hora al frente de un aula”. Esto, más allá de algunas incursiones del elegido en el ámbito educativo universitario.
Quizás el caso más notorio de improvisación haya sido el del armado del superministerio que conducirá Enrique Vaquié: hasta este lunes a la mañana, el superfuncionario estaba terminando de armar el equipo de colaboradores que lo acompañarán en la gestión de las políticas energéticas, de obras públicas y de economía.
El nuevo gabinete no será un soplo de aire fresco. Ni mucho menos.
Aunque aquí la responsabilidad no sea en su totalidad de Cornejo. Mendoza viene padeciendo desde hace años la falta de dirigentes con preparación y eso se puede extender también a otros campos, como el empresarial, el sindical y, por qué no, también al periodístico.
Resulta increíble que para encarar el futuro del transporte se haya tenido que apelar a Marinelli, que fue el responsable del sistema que hoy tenemos.
Es cierto que el próximo secretario de Servicios Públicos, con su experiencia política, tendrá espalda como para soportar los embates que se vendrán cuando comience a firmar los aumentos en la luz, el agua y los micros.
Pero en ocho años la provincia no logró generar un cuadro político y técnico capaz de hacerse cargo, a futuro, de cómo hacer un mejor sistema de transporte púbico.
Es muy probable que nos gobierne un equipo que puede hacer gala de cierta experiencia en la gestión. Pero del que podemos también desconfiar que aportará ideas nuevas. Y en tiempos de crisis como los que se avecinan, estas serán fundamentales.
Algunos ya demostraron, como en el caso de Marinelli o de Testa, que en momentos de expansión económica como los que les tocó durante el gobierno de Julio Cobos tampoco se las rebuscaron para hacer las cosas bien.
El desgaste también se sentirá. Uno de los designados, que ya pasa los 50 años, se sinceró ante Cornejo. “Yo vengo, pero ya no tengo 30 años como para correr todo el partido como hacía antes”.
Una pequeña luz se podría visualizar en el equipo de Vaquié. Sobre todo en las áreas de Energía y Obras, en donde se habría reclutado a un grupo de profesionales ajenos a la política. Pero aquí volvemos al problema anterior: muchos de los que trabajarán con el nuevo superministro son jóvenes salidos de su fundación y no de estructuras partidarias o de gobierno.
Quizás, el gabinete de Cornejo sea un reflejo de lo que nos pasó en estos últimos tiempos: una sociedad pauperizada en términos educativos y de formación de dirigentes que no encuentra prestigio en la política ni en el sector empresario, en el sindicalismo ni en el periodismo, si se quiere.
Los jugadores elegidos quizás no sean los mejores. Es lo que hay.
Y el desafió de la nueva administración es romper con esta triste inercia que nos llevó hasta aquí. No existe otra salida.
Por ahora, más que “Cambiemos”, lo que caracterizó a la presentación de Cornejo ayer fue un gran “Volvemos”.



