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Nunca sirvió para este trabajo

La política agradecida: Paco dijo que la abandona, aunque no es cuestión de irse y nada más. Deberá rendir cuentas por lo que hizo. La confusión de un gobernador que nunca estuvo a la altura y que cree que la política, solo tiene que ver con la ostentación de cargos.
Foto: Alf Ponce / MDZ.
Foto: Alf Ponce / MDZ.

Hace algunos días ya que había tomado la decisión: Francisco Pérez le había deslizado a su círculo íntimo que, independientemente del resultado electoral del domingo a nivel nacional, estaba pensando seriamente la posibilidad de abrir un estudio de abogacía.

“Tengo ganas de poner una consultora. Eso voy a hacer”, le dijo a su entorno.

A su trabajo anterior, aquél que tenía antes de convertirse en ministro de Infraestructura de Celso Jaque, no puede volver.

El estudio de abogados que lo cobijó durante años y que compartía con sus antiguos compañeros del Liceo Militar le tiene vedado el acceso. El juego de traiciones que jugó Paco con sus ex socios una vez encaramado en el poder le cerró las puertas de ese trabajo para siempre.

Todavía allí recuerdan cuando, a las pocas horas de designado ministro, sacó sus cosas a las dos de la mañana llevándose los cuadros, las lapiceras de su escritorio y hasta las letritas que conformaban su nombre en el cartel de entrada al edificio. Para nunca más volver, siquiera, a hablar con quienes trabajó durante una tanto tiempo.

Paco siempre fue un gobernador confundido. Muy confundido. Y esa confusión se notó en el estrambótico renunciamiento de este miércoles.

Un político no deja la política. Por lo general es ella quien los abandona primero.

Pero sobre todo Pérez confunde a la política con la ostentación de cargos. Muchas veces una y otra van de la mano, pero no siempre.

Un dirigente puede participar de la política sin tener ningún cargo. Pero para el gobernador parece que irremediablemente una cosa va ligada a la otra.

Y eso quizás tenga que ver con su brevísimo paso por los lugares de consideración en Mendoza. Siempre se autodenominó como un “militante peronista”, aunque su carrera en serio comenzó hace solo ocho años cuando lo inventó Jaque.

Punto en contra para el ex gobernador. Creó dos figuras que hoy sufrimos todos: a Pérez y al intendente de Luján, Carlos López Puelles.

Los dos, prácticamente terminan de la misma forma desastrosa en la provincia y en el municipio.

Para ser gobernador hay que estar preparado. Es un trabajo que no es para cualquiera. Y Pérez demostró a lo largo de estos cuatro años que nunca estuvo a la altura. Que la suerte y haberse colocado justo a tiempo al lado de Juan Carlos Mazzón lo terminar encumbrando

Aunque el suyo no sea, quizás, el primer caso.

Julio Cobos fue un fenómeno similar. Aunque al radical le tocó una época de vacas gordas y se subió al viento de cola que le soplaba desde el gobierno nacional en aquellos años de bonanza de Néstor Kirchner. Tuvo una suerte que, en ese sentido, Pérez no tuvo.

A la crisis, Paco le agregó una cuota gigantesca de irresponsabilidad en el manejo de la cosa pública y un plan de gobierno que se sustentaba en una sola premisa: esperar que Cristina Kirchner lo asistiera con financiamiento y obras que, para su desgracia, nunca llegaron.

Más allá de que dice que se va, a futuro el mandatario debería rendir cuentas por lo que deja. No es cuestión de irse y nada más. La jugada de irse de la política podría implicar, también, salir de toda consideración pública.

Quizás, alguna respuesta deba dar en alguna de las catorce causas que, según trascendió, se acumulan en la Justicia provincial en contra suya y que corresponderían a denunciantes anónimos en su mayoría.

Será difícil el camino. El peronismo mendocino ha estructurado, casi de la misma manera que el kirchnerismo, una red de protección que conformarían al menos tres miembros de la Corte (uno de ellos amigo personal como Omar Palermo), más de la mitad de los jueces designados en los últimos ocho años, el Fiscal de Estado y miembros en el Tribunal de Cuentas.

El gobernador dejará el poder de la manera más ruinosa y se percibió en la ciudadanía un gesto socarrón ante el anuncio. Pero, por sobre todo, hubo una que festejó por demás. La política, ayer, estaba como loca de gradecida por el gesto abandónico.