Por qué todos le soltaron la mano
Preso de la desesperación, Francisco Pérez tomó el teléfono el miércoles por la noche y echó mano al último recurso político que le quedaba para poder conseguir plata para pagar los sueldos.
Tras el cachetazo del gobierno nacional, que le cerró al gobernador en la cara la posibilidad de acceder a un socorro de $700 millones de parte del Banco Nación, Paco apeló a Daniel Scioli para jugarse su única ficha.
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Con su estilo quejoso y agresivo, pidió la intermediación del candidato presidencial para que convenciera al ministro de Economía, Axel Kicillof, y así poder tener el acceso al préstamo bancario que le venían negando.
El bonaerense asumió el ruego y llamó al ministro. Aunque no logró su objetivo: el Nación no estaba dispuesto a concederle a Mendoza un nuevo endeudamiento, luego de que Pérez tomara créditos anteriores sin el respaldo legal correspondiente y les mintiera, tanto a Economía como a la línea gerencial del banco, acerca del aval jurídico de esos mismos préstamos.
Scioli sacó a relucir entonces sus dotes de viejo gobernador conocedor de los botones que hay que accionar para conseguir aflojar recursos de la Casa Rosada. Planteó la alternativa de un adelanto de coparticipación federal de impuestos como medida excepcional, para evitar el seguro escenario de conflictividad social que se avecinaba en Mendoza ante la cesación de pagos a los estatales y justo el mes de las elecciones.
Kicillof terminó accediendo y ordenó así liberar por anticipado $450 millones que no alcanzaron, sin embargo, para cubrir toda la nómina salarial.
Axel no lo asfixió como hubiera querido, pero le hizo pagar a Paco el costo político en su provincia de no haber cumplido con sus empleados en tiempo y forma.
Enterado del éxito, aunque fuera a medias, de la misión que le había encomendado al candidato del Frente para la Victoria, Pérez se apuró el jueves por la mañana a decir que había conseguido los recursos y a transmitir la primera verdad que se le escuchó decir en mucho tiempo. Aunque esta haya sido a medias.
Tras la trabajosa sanción de la Ley de Endeudamiento en la Legislatura, el gobernador buscó tranquilizar argumentando que con esa norma “está garantizado el pago de los sueldos hasta fin de año”.
Lo dicho, desde el punto de vista jurídico, es cierto. La ley que fue producto de su acuerdo con Alfredo Cornejo le dará a este gobierno la herramienta legal para acceder a nuevos préstamos en estos meses.
Pero nada garantiza que la plata aparecerá. Mendoza corre serio riesgo de que las medidas de socorro nacionales lleguen hasta el 25 de octubre y que después de la elección ocurra en definitiva lo que casi pasó esta semana: que a Paco le terminen soltando la mano en Buenos Aires.
Hace poco menos de diez días, un dirigente sciolista de primera línea se quejaba por el error político de Daniel de haberlo subido al mandatario mendocino al barco. Scioli, en su afán de mantener en el redil a los gobernadores, viene soltando en público un cúmulo de promesas de cargos y designaciones futuras para los caudillos peronistas que también abarcaron al nuestro.
Pero con el correr del tiempo, en La Plata cayeron en la cuenta de que esas promesas lanzadas para mantener activos a los militantes en las provincias, de nada servían en Mendoza ante un gobierno que se está despidiendo de la peor manera.
La semana que pasó dejó al desnudo a un Francisco Pérez que hace mucho tiempo demostró no tener un plan de gestión y que ahora, como nunca, se maneja en el día a día y con la billetera vacía.
La desolación es ante el gobierno nacional, ante Scioli y ante la ciudadanía mendocina. Pero, y quizás lo más duro para él, lo está dejando solo también el justicialismo local.
Hartos de sus manejos desprolijos de la cosa pública y de una personalidad mitómana y siempre al borde del desequilibrio que se termina por trasladar a la gestión, algunos intendentes han comenzado a expresar en público lo que desde hace mucho tiempo decían en privado de quien, además, llevan como presidente del PJ.
El peronismo es así: nunca ingresa al cementerio, solo acompaña a las victimas hasta su puerta.
El dinero es un motivo para entender la reacción de algunos jefes comunales, sobre todo la del lasherino Rubén Miranda, o la del maipucino Alejandro Bermejo y también la del sanrafaelino Emir Félix. Ellos se despacharon con críticas insospechadas hacia la figura del gobernador del miércoles a esta parte.
Los intendentes saben que la crisis provincial los arrastrará a muchos de ellos hacia los problemas para pagar los sueldos municipales y Paco les devolvió la gentileza.
Repartió de manera discrecional unos $23 millones entre las comunas del PJ, pero le dio $17 a Guaymallén, $4 a Luján y otros $2 a Tunuyán. Al resto, ni agua.
Otra situación inquietante se abrió también por el pago irregular de las deudas, en este caso a proveedores. Durante la crisis de los hospitales de mediados del mes pasado, el Ministerio de Hacienda decidió de manera unilateral privilegiar a un proveedor de la Salud con la cancelación de una deuda por $10.000.000, postergando a otros proveedores que ya habían tenido el visto bueno de la misma cartera y a los que, en total, se les iban a cancelar algo más de $16.000.000.
El beneficiado fue Rodrigo Attaguile, un histórico proveedor del Estado en insumos biomédicos.
Enterado de esto, uno de los proveedores postergados se presentó junto a un escribano ante el director del hospital al que le vendió los insumos y la respuesta fue que la decisión había sido tomada por los ministros de Salud y Hacienda.
El proveedor hizo que su escribano tomara nota y con todo ese material advirtió que el lunes se presentará ante la Justicia para denunciar penalmente a los funcionarios involucrados.
La ausencia de reglas claras en el pago a proveedores no solo genera la inquietud de los acreedores, sino que también alimenta las sospechas de que la corruptela acecha: ya desde hace tiempo se menciona que, con los atrasos millonarios que existen, no es un secreto que para cobrar primero hay que pagar.
MDZ accedió a la planilla de distribución que se había dispuesto para el pago de las deudas de los hospitales. 
Allí se ve claramente cómo, de puño y letra, el ministro de Hacienda, Juan Gantus, redistribuye y firma al pie los pagos beneficiando a Attaguile con la cancelación de $10.000.000.
Más allá de todo esto, este lunes habrá una reunión de dirigentes peronistas para analizar la situación de emergencia (la provincia deberá conseguir por estos días unos $200 millones para terminar de completar el pago de los salarios de setiembre) y no habrá que esperar mucho.
Todos están esperando que pasen las elecciones. Y después sí, sobrevendrá la guerra interna en la que, además, no asoma todavía un líder claro.
Todavía no llegó lo peor
La sanción definitiva y la promulgación exprés de la Ley de Endeudamiento a esta altura mantiene lejos la meta principal para la que fue diseñada por Pérez y por Cornejo.
Ya nadie alimenta esperanzas de que el Nación le preste a Mendoza los $5.800 millones que precisa y que quedaron plasmados en la ley. Y mucho menos después del destrato del presidente del directorio de la entidad, Juan Ignacio Forlón, hacia el mandatario mendocino de estos últimos días.
A esta altura a Cornejo le da lo mismo que gane Daniel Scioli o Mauricio Macri. Su futuro gobierno está atado independientemente a cualquiera de los dos.
Habrá que esperar a que cambie la conducción política del Nación para volver a sentarse a negociar el megapréstamo, hecho que podría suceder recién en 2016.
En tanto, la apuesta es a reestructurar la deuda que ya se generó con el mismo banco por el pago de los suelos de estos meses.
Allí ya se han acumulado unos $2.200 millones que podrían transformarse en unos $3.000 a fin de año. Esa carga hará inviable la provincia en diciembre si el Ministerio de Economía decide cobrarla en su totalidad.
Una simple cuenta de almacenero puede graficar el cuadro de situación: los ingresos totales para la provincia están estimados que serán, en diciembre, de unos $2.300 por todo concepto.
Al Nación ya hay que devolverle $2.200, aunque, como se dijo, serán más porque habrá que volver a pedir prestado para pagar los sueldos de octubre.
El adelanto de coparticipación que consiguió Scioli se pagará en diciembre, con lo cual Cornejo ya deberá $2.650 al día de asumir. Sin pagar nada, o sea, los salarios y aguinaldos de fin de año por ejemplo, afrontará un rojo de $350 millones.
Con estas cifras es un hecho que Mendoza tendrá comprometida no solo la coparticipación de diciembre, sino también la de la primera quincena de enero del año próximo.
El próximo gobernador estará obligado también a someterse al futuro gobierno nacional por otra cuestión. Entre las variables de salida a la crisis que se manejan está la emisión de un bono en el mercado internacional que deberá obtener sí o sí para su emisión la autorización del nuevo ministro de Economía.
Si la cuestión electoral nacional quedara definida a fines de este mes, eso le daría tiempo a Cornejo para poder sentarse a negociar con los futuros conductores de la política económica al menos 30 días antes de asumir y ganar algo de tiempo. Si hay balotaje, habrá que esperar hasta finales de noviembre y la gestión radical empezaría sin muchas de estas cuestiones definidas.
Raro, pero, en este contexto, Alfredo Corneio terminaría festejando un triunfo de Scioli en primera vuelta.


