Qué pito toca Celina Sánchez en el Gobierno

El subsecretario de Desarrollo Social, Rafael Moyano (foto), no cree que la pareja del gobernador Francisco Pérez, Celina Sánchez, cumpla un rol en el Gabinete provincial, ni tenga influencia, ni ocupe un cargo. Tampoco cree que esté "detrás" del sillón que ocupa un inexperto ministro Cristian Bassín, un ex cura que maneja cientos de millones de pesos de presupuesto y que jamás gerenció algo más allá de una parroquia. Si le creemos al funcionario, Sánchez no existe: es una entelequia. "Sólo está presente para acompañar la gestión del gobernador", le dijo a MDZ TV en una entrevista que se publicará en los próximos días.
La negación del viceministro del área, cuyo ministro fue colocado en ese puesto por la esposa del gobernador y que controla con una oficina a cargo de Carlos González (un funcionario que le reporta directamente a ella), deja más dudas que certezas. Hay gente que le reporta y que, para ello, el Estado paga sus salarios. Hemos mencionado en más de una oportunidad que dispone de los servicios de un tuitero al que nombraron en un alto cargo en la Penitenciaría provincial, pero que no conoce ni de cerca una celda.

Si no cumple ningún rol de Estado, ¿qué hace Celina Sánchez en Casa de Gobierno? ¿Puede la esposa de un gobernador ocupar una oficina sin que haya sido nombrada para ello en un cargo? ¿Puede disponer sobre los bienes del Estado sólo por su vocación de acompañar al marido? ¿Es lógico que participe de las reuniones de gabinete y opine sobre las cuestiones cruciales de Mendoza? Y si todo esto está bien, ¿por qué no hacerlo en la formalidad para que así pueda responder ante organismos de control, la Legislatura y la Fiscalía de Estado?
Celina Sánchez es empleada de la Fuesmen, contadora y administradora de empresas. Fue moza en el aeropuerto de El Plumerillo, trabajó en un estudio contable y luego en una empresa de TV por cable. Convive desde hace más de una década con el gobernador Francisco Pérez y es, hoy por hoy, su único respaldo dentro de un gobierno que implosionó tras la última derrota electoral y en la que toda decisión se toma a los gritos y con malos gestos. Celina Sánchez, sin embargo, no ejerce su empleo en la Fuesmen. Usa el despacho que dejó vacío Eduardo Bauzá cuando abandonó el cargo de jefe de Gabinete -que quedó vacante- y desde allí ejerce un comando paralelo al de su esposo.
No hay ministro que en voz baja no la mencione a la hora de referirse a la "montaña rusa" que representó ser parte de la gestión pública durante este período: "Ella hace y deshace", dicen en estricto off the record, temerosos de las consecuencias de su confesión. Los ministros que se fueron la miran de reojo y la recuerdan como influyente, decidida y mucho más que sólo "una esposa que acompaña a su marido el gobernador en todo", como le gusta simplificar cuando se la indaga sobre qué es lo que hace en una Casa de Gobierno que no la tiene como empleada, pero que ocupa a diario y en un cargo para el que nadie la votó y, al parecer, ni siquiera su marido la eligió. Ella se erigió por sí misma para llevar adelante un papel difuso pero muy presente y, también, para otras dos cosas: criticar "las cosas que están mal", como lo ha afirmado en alguna oportunidad, y chequear desde su cuentas de Twitter y los diarios todo lo que se dice sobre su pareja, el Gobernador.
Termina el gobierno de Pérez y comienza la revisión de estos cuatro años en los que todo lo que le pasó a Mendoza fue más producto de la "sorpresa" y las ocurrencias que de un plan. Allí llegará el momento de conocer, además, quién avala con su firma las decisiones de una funcionaria de menor rango que terminó gobernando por encima de todos. Una presencia constante, pero una incógnita para la estructura formal del Estado.

