La democracia fracasada de los hijos, esposas y amantes
Hace unos años atrás evaluar como "fracasada" la tarea de la dirigencia que sacó a la democracia del pozo de oscuridad de la última dictadura hubiese sido imposible. La única opción aceptada era maniquea: "democracia o dictadura".
Pero por suerte, con el paso de los años, la vida cotidiana transcurre en un ciclo similar al de la vida humana: niñez, adolescencia, adultez, madurez. Eso hace que si hoy miramos las estructuras del Estado que generó la democracia podamos decir que, francamente, hemos generado un fracaso.
La militancia en un partido político debería surgir a partir de las coincidencias en un núcleo básico de ideas, no en un cargo en el Estado. Igual la democracia: no se es más democrático por sumar gente a la planta estatal y menos por reclamar que eso sea parte de un plan que tenga un resultado como, por ejemplo, que se brinden servicios de calidad y que se administren bien los recursos.
Se partió al revés. Esposas, hijos, amantes y concubinas de quienes tuvieron "la lapicera" en la mano engrosan la lista de cargos en dependencias del Estado en las que ni siquiera cumplen funciones.
En el mejor de los casos, lo hacen en otro lado. En el peor de los casos, se sospecha que ni siquiera trabajan.
La investigación que viene dando en una serie de notas MDZ en torno al personal que es nombrado en la nómina penitenciaria deja en claro una constante que atraviesa a todo el período democrático y a toda la política. Y es tan solo una muestra de todo el sistema estatal en donde funcionarios con una pizca de poder han "heredado" a las futuras generaciones y hasta en una misma oficina a esposas, ex esposas y novias, amén de los hijos cuando llegan a la mayoría de edad y "necesitan" tener un ingreso mensual sin acreditar mayores cuestiones de capacidad, sino solo la de "pertenencia".
Hay gente que siempre figuró adscripta a algún despacho legislativo o a alguna "secretaría privada" de algún alto funcionario.
Pero claro: el lugar en donde se les paga el sueldo tiene otros privilegios, además de haber ingresado por la ventana: salario diferencial al resto de los trabajadores estatales, jubilación con el 82 por ciento móvil y ascensos, además de ítems que se perciben aparte, debido a la "peligrosidad" de la tarea que (no) desempeñan.
Esto es el fracaso de la democracia mendocina. Miramos siempre a las provincias vecinas, las del NOA o el NEA con la idea de que éramos diferentes, de que aquí no había feudalismo político y que la industria, el comercio, la iniciativa personal, la formación, representaban unos valores que distinguían a Mendoza de aquellos estados en donde los gobernadores se perpetuaban en el poder y las oficinas públicas se llenaban de sus parientes y militantes.
Fue parte de nuestra hipocresía patalarrastra. Si trazamos una línea y nos permitimos mirar lo que tenemos, encontraremos un "feudalismo de clase" en donde tal vez no siga el mismo nombre y apellido al frente de la gobernación, pero en el que la gestión real, la ejecución de los temas o mejor dicho, la parálisis de la provincia, está en manos de una masa de gente que entró al Estado para cobrar un sueldo, no para hacer algo concreto.
Esa masa de miles de personas probablemente no sabe ni quiere y probablemente no pueda hacer algo para sacar a Mendoza del pozo.
Y aquí ya no hay suspicacias efectistas: ya no solo se trata de "amantes y concubinas", sino de nietos, primos, "hijos de", "recomendados por" que se fueron quedando y heredando sus cargos en una repetición de una práctica naturalizada, que se puede "desaprender", pero para lo que se requiere de un golpe de timón que la dirigencia política tiene que tomar.
Se asume la gobernación sabiendo que no se podrá manejar el Estado.
En algunos casos, se ha asumido el cargo sabiendo que no podrá poner ni a un ministro que sea capaz. Y cuando se logra al menos eso, ¿quién conduce a quién? ¿Las estructuras dejan avanzar más allá del status quo?
Está claro que nos hemos centrado, por ahora, en el esquema de ingreso privilegiado a la administración pública. Pero hay otras formas de apoderarse del Estado sobre las que hay que poner la lupa: los "favores", el alquiler y compra de silencios, las cohortes que acompañan a una u otra gestión desde la prensa, el empresariado y sectores sociales, silenciando cosas que sí serían capaces de decir a viva voz en caso de que gobierne alguien que no sea su "amigo", no quiera serlo, no admita aceptar ese rol de rémora al que parecen predestinados.
La democracia no es solamente el acto de elegir y votar. Es, básicamente, "el gobierno del pueblo y para el pueblo" y claramente no pasa por darle un privilegio al amigo, al militante, al que se muestra sumiso a una directiva, al que se coloca en una cadena de favores.
Las democracias adultas responden con sus gobiernos a toda la ciudadanía con gestiones que hacen que el Estado resulte simpático, accesible, servicial, cercano, responsable.
Por eso seguimos raspando, desde MDZ, todos y cada uno de los lugares. El afán es poder marcar esa línea de la que hablábamos y señalar: "Ese es el pasado; crecimos y vamos hacia otra cosa".
Nos incumbe y nos interesa como mendocinos. Porque no hay que acostumbrarse al fracaso y, mucho menos, a que un grupo de "los de siempre", nos hagan fracasar al resto.

