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El escándalo detrás del portazo de Roby

Qué pasa realmente en el seno del Gobierno mendocino. Mientras se realizan reuniones para pelearse por candidaturas y los intendentes amenazan con desdoblar sus elecciones, la crisis de las finanzas explota en los efectores más sensibles: en los que muere gente si no funcionan bien.
Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

 El ministro de Salud y hasta hoy, delfín del gobernador Francisco Pérez para la Gobernación, decidió dar un paso al costado en su carrera política, a poco de haberla iniciado y, aun, con perspectivas favorables para desarrollarla.

Detrás de su determinación, tomada mientras recorre los hospitales del sur mendocino y revelada a Radio Mitre Mendoza en un momento con señal de celular en medio de Malargüe, hay un escándalo que involucra a los mendocinos, sin diferenciación de oficialismo u oposición. 

Se trata, nada menos, que el quiebre de las finanzas públicas, el ninguneo del área sanitaria y las luchas políticas internas del peronismo mendocino, además de la escasa incidencia del conjunto ante la Casa Rosada para obtener el necesario apoyo para salvarse del endeudamiento.

El Ministerio de Salud de Mendoza es, junto con el de Seguridad, los dos emergentes más claros de la difícil situación de las cuentas provinciales.

 Cuando no reciben los presupuestos básicos para su funcionamiento pasa una cadena de cosas que puede llevar a que muere gente.

Pero hay una diferencia entre los ministros Leonardo Comperatore y Matías Roby: este último había manifestado su voluntad de desarrollar un ambicioso plan de gestión, haciendo frente al embate de los sectores gremiales y junto con su vocación de sumarse a la política, como aspirante a suceder a Pérez, a quien consideraba su "amigo".

Esto último le jugó en contra al frontal funcionario y, desde el punto de vista de sus colaboradores más cercanos, puso en riesgo el funcionamiento de un sistema público que hasta sirve como subsidiario del privado: todos recurren a la salud estatal cuando la necesita y ningún paciente es rechazado. 

Roby, entonces, pegó un portazo a su candidatura para seguir de lleno solo en la gestión y todo indicaría que -conociendo su perfil- reclamará con las manos libres de condicionamientos partidarios lo que hace falta para funcionar medianamente bien, al menos hasta fin de año. Esto, en medio de graves señales de alerta: faltan medicamentos, no se cubren cuentas esenciales, hay servicios cuyos costos no pueden financiarse y, por ejemplo, el déficit de la Obra Social de los Empleados Públicos llega a más de 11 millones de pesos por mes.

Podría decirse en este panorama que el ministro díscolo tiene el cargo, pero no el Ministerio. 

Recibe 23 millones de pesos por mes para funcionar y necesita 50. Ésto, sin que se consideren los montos necesarios para hacer frente a la deuda existente.

En síntesis: no tienen plata, enfrentan a sectores como mucho poder gremial (aun con apoyo desde otros ministerios, como lo denunció en MDZ hace unos días) y hasta registran casos concretos de boicot operativo y destructivo de infraestructura en los hospitales y centros de salud.

El escándalo de las finanzas provinciales no sale a la luz. ¿Por qué no se ponen las cifras sobre la mesa? ¿Quién o quiénes le cierran el grifo que Roby dice que tiene cerrado?

El paso dado por Roby desde Malargüe es riesgoso para él, su continuidad en el cargo y su futuro político personal. Pero lo que más importa, en todo caso, es el trasfondo que ni siquiera él está poniendo en negro sobre blanco: la real situación de las cuentas de la provincia y cuánto ha dejado de funcionar el Estado mientras siguen las reuniones para ocuparse de las cuestiones meramente partidarias.