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La justicia analiza si el asesinato de Rucci fue un crimen de lesa humanidad

La justicia reabrió la causa 40 años después. La familia del por entonces secretario general de la CGT impulsó la nueva carátula.

El 25 de septiembre de 1973, un comando de Montoneros mató al por entonces secretario general de la CGT y su familia intenta que el caso sea retomado por la justicia y considerado como un delito de lesa humanidad. Buscan demostrar que el asesinato cometido por el grupo armado recibió apoyo estatal, a través de recursos brindados por la gobernación bonaerense, para que el crimen sea imprescriptible.

Claudia Rucci, hija del ex líder gremial, busca reabrir la causa que investiga el asesinato de su padre, 40 años después, y que se considere como delito de lesa humanidad. Afirma que Montoneros fueron los autores del ataque y que está comprobado en libros, videos y diarios.

Pero, pese a los numerosos testimonios y a la investigación judicial, los integrantes de la conducción de Montoneros que sobrevivieron -entre ellos Mario Firmenich y Roberto Perdía- niegan en forma pública que el grupo haya sido el autor del hecho.

Al respecto declaró Claudia Rucci: "Lo siguen negando por cobardes, lo niegan ahora porque sienten que la posibilidad de hacer Justicia está más cerca, llegaron a decir 'le tiramos un muerto a Perón'".

Analizando el caso, Claudia afirma que el asesinato de su padre también constituye un acto de lesa humanidad ya que para concretarlo “se usaron recursos del Estado”.

"Montoneros tenía funcionarios a nivel Provincia de Buenos Aires y también a nivel nacional para llevar a cabo el asesinato. Estamos convencidos que es un crimen de lesa humanidad", precisó la legisladora sobre esto.

La historia del asesinato de Ruccio

Por entonces la violencia era algo cotidiano y la sociedad creyó que con la vuelta de Perón al poder retornaría la paz al poner un freno a la disputa interna en el seno de su movimiento. Por un lado los sectores juveniles de Montoneros y por otro, los gremios y el partido. Pero esto no sucedió y apenas 48 días después de los comicios, un grupo comando asesinó al secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, un aliado clave de Perón.

Cuando Rucci fue asesinado se comenzó a sospechar que el crimen había sido cometido por Montoneros, quienes estaban en disputa con el secretario por lo ocurrido en Ezeiza el 20 de junio de 1973, cuando regresó Perón a la Argentina.

Tras su asesinato los diarios de la época al día siguiente no salieron en repudio del asesinato y a 7 días de ocurrido el hecho reflejaron la posible autoría del Ejército Revolucionario del Pueblo que había sido declarado ilegal horas antes del atentado.  Esto fue leído por algunos como un posible "pase de facturas" de esa guerrilla contra Perón.

Sin embargo, al tiempo diversos testimonios y una investigación judicial atribuyeron el homicidio a un comando de la guerrilla peronista de Montoneros.

"Fue un atentado político, para convencer a Perón de que le convenía tenerlos en cuenta en el reparto del poder. Montoneros veía -con razón- que Perón los estaba dejando afuera de ese reparto, que ya no constituía para el la "juventud maravillosa" de otros tiempos", explicó el investigador Ceferino Reato.

"Creían que Perón reaccionaba frente a las cambiantes relaciones de fuerza y que si lo apretaban, el General volvería a cobijarlos. Tiene que ver con el clima de la época, donde una muerte o una bomba tenían un sentido político", agregó Reato, autor de "Operación Traviata" (Sudamericana), un libro que brinda una descripción detallada del crimen y demuestra la autoría de Montoneros.

La muerte de Rucci significó un antes y un después. Si bien ya se habían producido otros crímenes políticos, lo del secretario general de la CGT marcó un quiebre. El propio Perón se mostró muy conmovido y dijo "me mataron un hijo". Luego, y al participar de las exequias de su alfil gremial sostuvo "me cortaron las patas".

Según informó Infobae, en su libro Reato citó el testimonio de un integrante de Montoneros que facilitó su departamento, ubicado a pocas cuadras del domicilio donde Rucci fue acribillado. El inmueble, del barrio de Flores, sirvió de centro de operaciones del Operativo Traviata, llamado así por una famosa publicidad de la época, que hablaba de la "galletita de los 23 agujeritos". Cruel ironía para anticipar los balazos que terminaron con la vida del secretario de la CGT. La hija de Rucci cree que el informante del texto fue Ernesto Jauretche, por entonces funcionario de la gobernación bonaerense, que estaba en manos de Oscar Bidegain, cercano a la "Tendencia".

La causa judicial

"Jauretche era secretario de Asuntos Agrarios con Bidegain. El tenía un departamento que creemos fue usado como centro de operaciones cuando se va a La Plata. Era consciente de la operación y era funcionario", precisó Claudia Rucci.

Para Claudia Rucci, "una operación de estas características no involucraba a dos o tres personas, pueden ser hasta 40 personas". Y agregó: "No creo que estén todos muertos".

Sobre esto, Reato explicó: "Hubo un grupo que lo mató, pero también grupos que hicieron Inteligencia, grupos de Sanidad, grupos de apoyo logístico y grupos de contención por si aparecían móviles policiales a los que había que neutralizar".

El juez Ariel Lijo, a cargo de la causa judicial, concluyó que el crimen fue ejecutado por Montoneros, pero archivó la causa en agosto de 2012 al considerar que no se trató de un delito de lesa humanidad.

Sin embargo, en abril pasado la Cámara Federal porteña aseguró que la decisión de Lijo fue "prematura" y ordenó reabrir la causa. Miguel Ángle Plo, abogado patrocinante de los hermanos Claudia y Aníbal Rucci, solicitó que Lijo pida la declaración de Miguel Bonasso y de Gloria Bidegaín, hija del ex gobernador de la provincia de Buenos Aires.