Funcionario cuestionado, funcionario separado
Parecía que la historia no iba a llegar a buen puerto, pero todo salió bien finalmente. Tiene que ver con la denuncia que hicieron oportunamente una docena de tarjeteros de la Ciudad de Mendoza, los cuales eran coaccionados por funcionarios de la municipalidad a efectos de pagar para poder trabajar.
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Reina y Mendez no fueron los únicos: una docena de tarjeteros hizo lo propio ante los grabadores de MDZ. Eso sí, para no perder sus trabajos pidieron reserva de sus nombres.
Ante lo sucedido, la municipalidad reaccionó con rapidez: primero, suspendió a Curia, luego lo desplazó de su cargo.
El dato les fue comunicado a algunos de los tarjeteros en una reunión que se realizó en la municipalidad mendocina el sábado pasado. “Nos preguntaron qué es lo que necesitamos para trabajar mejor”, reveló uno de los presentes.
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Y una curiosidad: también estuvo Norma Naves, quien fue señalada al igual que Curia por los trabajadores de la calle, de querer cobrarles para trabajar. “Nos dijeron que ahora ella junto con otra chica iban a ser las encargadas de manejar el tema del estacionamiento medido”, dijo a este diario uno de los concurrentes a la reunión con evidente asombro.
“¿Por qué la mujer permanece al frente de su cargo si las pruebas en su contra son tan elocuentes como las que provocaron la eyección de Curia?”, se preguntaron los tarjeteros.
La respuesta probablemente se encuentre en un dato familiar que todo el tiempo permaneció oculto, al menos durante los últimos meses: el esposo de Naves es Alejandro Pérez, secretario del Concejo Deliberante de la Capital.
“Fue muy duro para nosotros llegar a la reunión y encontrarnos con la misma persona que nos exigía dinero para trabajar. Nos pareció una burla de los funcionarios”, dijo otro de los tarjeteros concurrentes a este medio.
A quienes gusta ver el vaso medio vacío, les parecerá que todo sigue como antes. Sin embargo, quienes muestran optimismo ante la misma imagen, se muestran conformes con el desplazamiento de Curia. “Algo es algo”, dijo a este diario uno de los que allí estuvo el sábado.
Puede ser una buena noticia, o no. Pero una cosa sí es clara: ya no será tan sencillo coaccionar a los tarjeteros para que desempeñen su labor.