Presenta:

Rucci y Montoneros: se mueve la causa

La semana que viene comienza una nueva ronda de declaraciones tras la reapertura de la causa. Protagonistas de ayer, varios dirigentes montoneros relacionados al kirchnerismo tendrán algo que decir.
469236.jpg

El Juez Ariel Lijo, a cargo de la causa Rucci, citó a declarar para el lunes a Carlos Flaskamp, un dirigente montonero, en lo que sería la primera acción desde que el expediente volvió de la Cámara. La causa fue reabierta tras la aparición del libro de Ceferino Reato "Operación Traviata".

La causa Rucci es uno de los expedientes más importantes de la vida política del país; sus implicancias, la increíble historia de sus idas y venidas y las personas a las que se involucran; penetran profundamente en el gobierno actual y en su orientación política. Por distante que parezca, muchos de sus protagonistas siguen actuando en la realidad argentina, cuarenta años después.

Para entenderlo debemos hacer un poco de historia...

El hombre y su entorno

José Ignacio Rucci, nacido en 1924, era un hombre de porte menudo. "Un político mediocre" "antiamericano", "muy impredecible" según descripciones de la Embajada de Estados Unidos. Lo describían de derecha y violento.

Rucci fue Secretario de prensa del gremio de los metalúrgicos con Augusto T. Vandor. El Lobo Vandor, que asumió como Secretario General de la Confederación General del Trabajo (CGT), sostenía una ideología de "peronismo sin Perón". Tras la derrota electoral en 1966 trató de cambiar su postura. El líder, Juan Domingo Perón, le dijo paternalmente en Madrid que no se podía servir a dos amos a la vez, y un poco después fue acribillado en la sede de la UOM.

Rucci fue elegido en 1970 en la conducción de la CGT, manteniendo la supremacía de los metalúrgicos sobre los demás gremios. Recién conoció a Perón un año después y desde el primer momento demostró ser un incondicional del veterano caudillo.


Según el periodista Horacio Verbitsky, ya en el secretariado se rodeó de gente de militancia fascista y de agentes de los servicios de información, que luego usó en la formación de grupos de choque, por ejemplo, cuando en febrero de 1973 fundó la Juventud Sindical Peronista, una especie de milicia que tuvo actuación en Ezeiza.

Ezeiza y la condena

El 20 de junio de 1973 Perón volvió en forma definitiva al país. La gran recepción se convino cerca del Aeropuerto de Ezeiza y congregó mucha gente para la bienvenida al líder. El acto terminó en una masacre sin precedentes. La verdad de lo ocurrido demoró muchos años en salir; las fuerzas que respondían a la derecha peronista consideraron Ezeiza como una batalla, una victoria, contra los grupos de izquierda. Fue una trampa lisa y llana, destinada también a dar el golpe de gracia al gobierno del "Tío" Héctor Cámpora.

Perón, a pesar de su ideología de derecha, alentó la guerrilla de izquierda como método para desestabilizar el poder militar. Una vez concretado el objetivo, la guerrilla debía deponer las armas e integrarse al proceso democrático. Pero no resultó así; el gobierno de Cámpora tenía una fuerte tendencia a la izquierda. ¿Por qué ceder lo que ya tenían y por lo cual habían combatido? Ezeiza fue la respuesta y la ruptura. Para explicar estos vaivenes de Perón, las organizaciones crearon "la teoría del cerco": ingenuamente supusieron que Perón estaba rodeado por derechistas que no le permitían actuar.

Lo acontecido en Ezeiza hizo necesario romper dicho cerco por medio de las armas.  Las organizaciones subversivas determinaron los culpables a los pocos días: Jorge Osinde, Lopez Rega, Norma Kennedy, Lorenzo Miguel y José Rucci, eran acusados de la masacre que costó la vida de trece (otros dicen cuarenta) personas y casi cuatrocientos heridos. De los considerados culpables, José Rucci aparecía como el blanco que más daño causaría a Perón, obligándolo a replantear la situación frente a las organizaciones de izquierda. Según Eugenio Méndez, periodista de Clarín, autor del libro "Confesiones de un montonero", la reunión que dictaminó por unanimidad la sentencia fue integrada por  Mario Eduardo Firmenich (alias Pepe), Roberto Quieto (alias “El Negro”), Marcos Osatynsky (alias "Marquitos”), Fernando Vaca Narvaja (alias “Nicolás”), Horacio Mendizábal ("Comandante Hernán"), Roberto Cirilo Perdía (alias "Comandante Pelado Carlos"), Rodolfo Galimberti (alias "El Loco o Galimba"),  Norma Esther Arrostito (oficial superior "Irma"), María Antonia Berger (alias "Soledad") y Clemente Yäger (alias "Federico"). En el expediente de la causa la lista fue desmentida, pero Ceferino Reato confirma a la mayoría de los mencionados.

La ejecución

El 25 de septiembre de 1973, tras meses de hacer inteligencia y seguimiento, finalmente lograron sorprender al líder sindical a la salida de su casa y lo acribillaron, cumpliendo con el nombre de la  Operación: Traviata, la galleta llena de agujeritos. El operativo fue ejecutado por un comando de Montoneros y algunos agregan las FAR de orientación marxista.

En la logística del atentado hubo colaboradores que integraban el gobierno de la Provincia de Buenos Aires, a cargo del Dr. Oscar Bidegain y que usaron vehículos y elementos pertenecientes  al estado bonaerense, según dijo Reato en el libro y en un artículo de noviembre de 2008.

Curiosamente, el General Perón se enteró de la noticia mientras tomaba un café con un miembro de la Juventud Peronista, mencionado por varias fuentes como montonero: Juan Carlos Dante Gullo, hoy diputado de la Ciudad de Buenos Aires por el kichnerismo (ya fue citado a declarar en la causa, años atrás). Según Bonasso, el general se puso lívido y suspendió la audiencia.

Un dato curioso surgió durante el velorio; Perón, por intermedio de Raúl Lastiri, entonces Presidente de la Nación, convocó a varios jóvenes montoneros con los cuales había buen dialogo: Julio Bárbaro, Nilda Garré (hoy Ministra de Seguridad) entre otros, para confirmar que iban al funeral. Los consultados partieron a ver al líder montonero Carlos Kunkel (hoy diputado por el FPV), para recibir instrucciones; al regresar le dijeron a  Lastiri que no podían ir, dado que fueron los montoneros quienes mataron al líder sindical.

No obstante los indicios, no se pudo saber a ciencia cierta quién era el responsable, aunque se sospechaba en las altas esferas.

Perón, lejos de aceptar el diálogo, desató una tormenta para combatir el marxismo y a  la guerrilla. Poco después comenzó a operar la Triple A.

José Pablo Feinmann expresó que el asesinato de Rucci fue el error político más grande que pueden haber cometido los montoneros. La mayoría de los autores y periodistas coinciden con esta aseveración. Las razones son varias: se habían enfrentado al General justificando el escarmiento con la fuerza, eliminaron un líder sindical debilitando al movimiento obrero y a su vez, despejaron el camino a la locura mesiánica de López Rega.

La causa

La causa sobre el asesinato de Rucci tuvo cuatro etapas. Entre 1973 y 1974, la primera, se barajaron teorías sobre los posibles responsables: ERP, Montoneros, López Rega, Lorenzo Miguel, facciones de derecha, la CIA. No llegó a ninguna conclusión por falta de pruebas.

La segunda etapa nace a principios de 1983 con la aparición de un artículo en la prensa, pero a los dos meses se cierra con poca actividad.

La tercera etapa, en septiembre de 1983, se reabre por la aparición de un artículo en la revista Gente, orientando la investigación sobre la Triple A y cierra en 1989 sin poder demostrar la hipótesis.

La cuarta etapa renace en septiembre de 2008 con la aparición del libro "Operación Traviata ¿Quién mató a Rucci? La verdadera historia", del periodista Ceferino Reato. Los hijos de Rucci (Aníbal y Claudia) se presentaron como querellantes apoyados en la investigación referida en el libro. Con los datos aportados por Reato en el libro se volvió a la hipótesis de montoneros.

El Juez

El Juez Ariel Lijo, tiene 44 años y ganó su cargo en el primer concurso del Consejo de la Magistratura en el 2004. En su juzgado hay varias causas candentes y complicadas. Está la de Lucas Meghini Rey, el último cuerpo hallado en el accidente de Once donde perdieron la vida 51 personas y hubo más de 700 heridos. También interviene en la causa por denuncias por amenazas de muerte que el Ministro de Justicia Julio Alak hizo a los blogueros de Internet contra el Secretario de Comercio Guillermo Moreno. A fines del año pasado recibió nada menos que la Causa Ciccone, donde está acusado el Vicepresidente Amado Boudou.

En el expediente de Rucci, los hijos como parte actora, sostienen que la causa no ha prescripto porque el homicidio de su padre estaba enmarcado en crímenes de lesa humanidad. En ese caso corresponde seguir investigando para determinar los culpables que aún estaban vivos según la investigación del Reato y que citara a declarar a Mario Firmenich, Raúl Perdía, Fernando vaca Narvaja (Ministro de Obras Públicas de Río negro) y a Ernesto Jauretche, quien era el supuesto inquilino que prestó su departamento cerca de la casa de Rucci, como centro de operaciones.

La sentencia

Luego de cuatro años, el Juez Lijo dictó sentencia. En una extenso fallo de 127 páginas, básicamente expresó que podía descartar a la Triple A como autora del atentado; que no había pruebas suficientes respecto de montoneros porque después de tantos años se habían perdido; que "aún cuando una investigación periodística puede eventualmente tener aptitud para iniciar una hipótesis de investigación en un proceso penal, no puede constituirse en un fundamento de una imputación criminal que requiere -como se sabe- de elementos de prueba concretos que la sustenten." y que no se cumplían las premisas básicas para considerar el crimen de José Rucci como delito de lesa humanidad.

Es decir, mandó archivar la causa.

La vuelta

En un último intento de lograr justicia, la familia Rucci apeló el fallo ante el tribunal de alzada, es decir el tribunal que está por encima del Juez Lijo. En un fallo "casi irrisoriamente breve" según diría Borges en "Los Teólogos", la Cámara sostuvo en 5 páginas: que se profundizó la investigación en las hipótesis que ya habían sido descartadas y no en aquellas que surgen de las nuevas revelaciones. En ese contexto no puede descartarse el accionar de montoneros sin apoyo del Estado y por tanto tampoco negar la hipótesis de los crímenes de lesa humanidad. La Cámara mandó a Lijo a investigar nuevamente, pero las líneas llevan inevitablemente a los actores que están vivos y que conducen a su vez a la tesis de Reato: hay  homicidas libres.

Con este fallo, la Cámara reivindicó a la Justicia. Habrá que ver si se llega a los culpables.