El brete Malvinas: si Francisco no resuelve, CFK queda bien igual
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en "modo vaticano", ofreció una conferencia de prensa que comenzó sin acusaciones, gritos ni acusaciones en la que se refirió a los temas de los que hablaron con el papa Francisco, el argentino Jorge Mario Bergoglio, durante el almuerzo que compartieron.
"Fue el último almuerzo antes de asumir como papa", ponderó una mandataria que se mostrótranquila y entusiasmada. pero de inmediato señaló que le pidió al sumo pontífice su mediación en torno a la jurisdicción de las islas Malvinas que los ingleses reclaman como propias con el nombre de Falklands.
Fue el tema encargado en forma central aunque, dijo la Presidenta, también hablaron de la trata de personas y se encantó de escuchar al pontífice hablando de la "Patria Grande".
Al hacerlo, la presidenta que mantuvo una distancia absoluta con el ahora papa y líder de un espacio político que lo combatió con libros, grafitis, programas de TV y tuits, lo metió en un brete.
El año pasado, durante una misa para conmemorar los 30 años del conflicto bélico de 1982, el entonces arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, dijo frente a ex combatientes: "Venimos a rezar por aquellos que han caído, hijos de la Patria que salieron a defender a su madre, la Patria, a reclamar que es suyo de la Patria y les fue usurpado".
Ya el primer ministro David Cameron y el gobernador de las islas Malvinas habían manifestado su oposición a que el papa se metiera con ese tema. Es más que obvio: el papa es argentino y su mediación, imposible. Más allá de su nuevo cargo como jefe del Estado Vaticano y de la Iglesia Católica, Francisco ha defendido históricamente la soberanía argentina sobre las islas del Atlántico Sur por lo que, directamente, Cristina pudo haber apostado al primer fracaso del purpurado, ya que no lo pudo atacar en persona ni podrá hacerlo debido al cambio de humor social que ha generado su desginación como papa.

