¿Por qué el kirchnerismo pactó suspender la causa AMIA en Siria?
Todo comenzó con una nota de diario Perfil de principios de 2011, donde se aseguró que el gobierno de Cristina Kirchner “estaría dispuesto a suspender de hecho la investigación de los dos ataques terroristas que sufrió este país en 1992 y 1994, en los que fueron destruidas las sedes de la embajada de Israel y de la AMIA en Buenos Aires, según revela un documento secreto, entregado por el ministro de Relaciones Exteriores de la República Islámica de Irán, Alí Akbar Salehi, al presidente Majmud Ajmadineyad”.
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Sugestivamente, Timerman se apartó de la delegación argentina que encabezó Cristina Kirchner en Kuwait, Qatar y Turquía, para conversar con el dictador sirio.
Más allá del escándalo que representa el hecho de que se negocie con los supuestos autores de dos atentados criminales, es llamativo que el diálogo no se haya iniciado con funcionarios iraníes, sino sirios. ¿Qué significa esto? ¿Por qué las negociaciones fueron secretas y con Siria?
La pista siria
El conocimiento profundo del expediente que investiga los atentados a la AMIA y la Embajada de Israel, muestra a las claras que no es casual que Cristina Kirchner hubiera comenzado a dialogar con Bashar Al Assad, hoy precario presidente de Siria. Es que, según evidencia concluyente que allí se acumula, todas las sospechas acerca de la organización de esos luctuosos hechos, conducen a Siria.
Al Assad es el hijo del ex mandatario sirio Hafez, hoy fallecido, a quien el entonces presidente Carlos Menem fue a visitar a fines de 1994 para intentar evitar que hubiera un tercer atentado en la Argentina. Cuando el 15 de marzo de 1995 falleció su hijo, el riojano descubrió que la gestión había sido en vano.
Sin embargo, todos los esfuerzos del menemismo se enfocaron siempre en intentar desviar la verdadera línea de investigación —que conducía a Siria, indefectiblemente— y encausarla hacia Irán, como le fue sugerido por los departamento de inteligencia norteamericano e israelí respectivamente.
Luego del atentado a la AMIA, Carlos Menem dijo: “Les pido perdón”.
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Por caso, cuando descubrió que “casualmente” Al Kassar había estado en Buenos Aires el 17 de marzo de 1992 —al momento de estallar la embajada de Israel—, el entonces ministro del Interior, José Luis Manzano, unificó todos sus esfuerzos por ocultar el dato.
Business are… negocios
Los atentados ocurridos en la Argentina en 1992 y 1994, reposan sobre la base de dos falacias que se han repetido a lo largo de los años cual dogma de fe:
1-Los hechos fueron cometidos a través de sendos coches bomba. Esto es falso por completo. Si se toma el caso AMIA, de los 200 testigos no hay uno solo que confirme que hubo una Trafic explosiva, como pretende sostener la historia oficial. Sí hay evidencia de que la bomba estaba en el volquete que estaba en la puerta de la mutual judía.
2-Fue parte de eco de la pelea en Medio Oriente entre árabes y judíos. Esto también es falso, ya que no existen antecedentes similares. Lo que se sabe a ciencia cierta es que fueron mensajes a Carlos Menem por promesas incumplidas al gobierno sirio.
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A este último dato, hay que agregar otros dos hechos que mueven a desconfiar de la historia oficial: primero, Menem llamó a Zulemita el mismo día que ocurrió el atentado a la AMIA y le preguntó si estaba bien; segundo, el entonces Presidente ordenó a sus funcionarios no investigar a ningún ciudadano sirio.
Más claro, echarle agua.
Concluyendo
El pacto denunciado oportunamente por diario Perfil, va cobrando fuerza al paso de estos días, ya que se van confirmando algunos de los hechos referidos en el documento descripto. El mismo medio aseguró que el entonces canciller Rafael Bielsa admitió en privado la existencia de una política de acercamiento de la Casa Rosada con Irán. E, inclusive, habría dado a entender que había un intermediario trabajando secretamente para lograr el reconocimiento argentino al estado palestino, lo que finalmente anunció el actual canciller Timerman.
Si se termina de desovillar la trama de este pacto, la mecha que acaba de encenderse hará explotar una bomba diferente a la que explotó en la AMIA. En este caso, los daños serían ocasionados a lo más granado del espectro político vernáculo.




