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Paro y resignación en torno al conflicto docente

El Sute ya detonó el mecanismo para oficializar que no inician las clases. En el Gobierno se resignan, pero aseguran que trabajan para una nueva oferta. Reclaman a Vollmer. Descuento, conciliación y presión a las directoras para abrir las escuelas.

En un lado hay bronca. Y del otro resignación. Los docentes tienen decidido no comenzar las clases el próximo lunes y sólo les queda definir la duración del paro y la metodología de las protestas.

La resignación pertenece al Gobierno, donde admiten que es casi imposible revertir la decisión política del gremio de no comenzar las clases. Igualmente aseguran que trabajan para presentar una nueva oferta y que el lunes garantizarán que las escuelas estén abiertas.

Aunque es probable que haya una nueva propuesta oficial y que la Subsecretaría de Trabajo convoque a una reunión urgente, el camino emprendido por los docentes no tiene retorno, pues el tiempo ahora juega en contra del Gobierno: para analizar la propuesta y potencialmente aprobarla, los docentes necesitan al menos 3 días para que se debata primero en las escuelas, luego en los plenarios departamentales y finalmente en un plenario general. Los docentes ahora están en el segundo paso de ese camino, pero para decidir qué medida de fuerza tomar. Hoy se reúnen en cada departamento y mañana en el SUTE se define si habrá uno o dos días de paro. Está casi descontado que además se movilizarán a Casa de Gobierno, por lo que el gobernador Francisco Pérez tendrá un inicio de clases casi calcado al del año pasado.

El Sute ya comenzó el proceso para decidir las medidas de fuerza y no hay vuelta atrás. Aunque haya una nueva oferta de aumento, no hay tiempo para que lo analicen en las escuelas.

La decisión del Sute ahora aparece con más sustento. Es que el gremio nacional Ctera, aliado político del kirchnerismo, también rechazó el techo del 22% impuesto por el Ministerio de Educación de la Nación y el sábado realizarán un plenario nacional donde podría surgir una medida nacional.

Aunque aseguran que aún les quedan instrumentos para forzar el inicio de clases (como la conciliación obligatoria), dicen que la intención es no hacerlo. Por eso en el Ejecutivo parecen haber resignado a comenzar con conflicto. "La decisión política del paro está tomada, luego la justifican como sea, pero es difícil frenarlo", reconocen en el Gobierno. Por otro lado desde el Sute reclaman la aparición de la directora de Escuelas en la negociación, María Inés Abrile de Vollmer. Hasta ahora Vollmer se ha mantenido al margen y ni siquiera hizo apariciones públicas relativas al inicio de clases. En realidad es parte de la estrategia oficial de concentrar toda la presión y los costos sobre la Comisión Paritaria Central y “cuidar” a los funcionarios de ese desgaste.

La Directora de Escuelas no apareció en medio del conflicto y los docentes reclaman su presencia. La decisión es "cuidar" a los funcionarios de ese desgaste.

Sin margen

Los docentes fueron los que inauguraron las paritarias este año. Y el Gobierno comenzó a tomar los tiempos, dilatando negociaciones. Ahora ese mismo calendario se les vino encima. "Les avisamos desde noviembre que sin una oferta razonable no comenzaban las clases. Nosotros tenemos un proceso para tomar las decisiones y eso lleva tiempo. Ya se están discutiendo las medidas de fuerza y no hay vuelta atrás", aseguró Javier Guevara, secretario General del Sute.

La última oferta oficial era aumentar el sueldo un 21,3 por ciento pero en tres etapas. El aumento implicaría unos 750 pesos de bolsillo, pero que se juntarían recién en la última etapa. El Sute asegura que el incremento sería menor que el acordado en marzo del año pasado. "No podemos llevar ninguna propuesta para analizar en las escuelas que no supere mínimamente lo del año pasado", dijo Guevara.

Para tratar de convencer al gremio, el Gobierno adornó la oferta con otras propuestas no económicas que en otros años le dieron resultado, como impulsar un plan de viviendas exclusivo para docentes. Esta vez el camino parece distinto y lo saben. Incluso explican que en la paritaria aparecieron nuevas exigencias del gremio que son de imposible cumplimiento inmediato y que surgen, según la interpretación oficial, como forma de darle más argumentos al paro. Entre esos temas se reclama para que se baje la jornada laboral de 4,5 horas a 4 horas y que se cumpla con el máximo de 30 alumnos por curso.

En el Gobierno aseguran que la decisión del paro es política y que es complicado revertirla. Igual presentarán una nueva oferta antes del lunes.

El gremio docente no está entre los más combativos y suele ser dialoguista. Pero en el Ejecutivo reconocen el poder que tiene, pues se trata de una masa de 50 mil personas que si se unen para protestar, se nota. La cantidad de agentes también es un factor que incide al calcular el aumento. Según explican en la DGE cada punto porcentual de aumento implica un gasto anual de 50 millones de pesos. "El tema es que repercute en este año y el que viene. En 2013 la pauta salarial aumentó un 13 por ciento sólo por los aumentos del año pasado. Por eso hay que anualizar la oferta y sacar cuentas, porque de nada sirve prometer algo si no se puede pagar", se justifican en el Gobierno. Cada simulación de sueldos que se hace con cada propuesta de aumento incluye la proyección sobre 62 cargos distintos y 1380 posibilidades.

Aunque lo creen poco probable, no está descartado llamar a conciliación obligatoria. Igualmente ya anunciaron que si se concreta el paro habrá descuento del día y que las escuelas deberán abrir. "Hay que garantizar el derecho a que los chicos estén en la escuela. El Gobernador ha pedido que se hagan todos los esfuerzos para que las clases se inicien normalmente", aseguran los funcionarios a cargo de solucionar el conflicto.