Debate por Mendoza: decadencia, bronca y esperanza
Para algunos representa el “ser” argentino. O el querer ser. La clase media es constante objeto de discursos, destinatarios de estrategias de consumo y también de objetivos políticos. Este año hubo dos momentos clave en que supuestamente esa clase media dijo basta y generó un sacudón político con cacerolazos multitudinarios.
Ese fue el disparador para que cuatro especialistas que trabajan diariamente con estudios y análisis y cerca de los consumidores expliquen su punto de vista sobre el futuro de la clase media y si el malhumor que se percibe puede tener alguna repercusión política. MDZ reunió a los consultores Martha Reale, Elbio Rodríguez y Enrique Bollati y a José Ramón, defensor de los derechos de los consumidores para que analicen la situación.
Primero, hubo coincidencia en que pertenecer a la clase media es en sí un valor positivo para los argentinos. Tanto, que quienes tienen más recursos y quienes tienen menos se sienten identificados o buscan pertenecer a esa clase.
Una de las conclusiones alarmantes es que, aseguran, la clase media mendocina en particular “se siente peor” que en otras provincias porque “está desanimada y cree que la provincia ha perdido liderazgo”. El otro dato que surgió del debate es que los cacerolazos de septiembre y noviembre fueron un signo de bronca, pero también de falta de representación. Y que en sí por ahora la clase media no tiene un alto poder de cambio. La clave para ello es, para los analistas, la falta de compromiso político.
Quiénes son
Parece un grupo al que todos quieren pertenecer. Y, de hecho, es heterogéneo. Pero ni siquiera los especialistas se ponen de acuerdo en cómo definir a la clase media. “Es un grupo muy heterogéneo que no es fácil ubicarlo. Yo tomo un concepto que es del Banco Mundial que dice que son los sectores que tienen mayor capacidad para resistir un momento de crisis y también mayor capacidad para aprovechar un momento favorable. No es un tema solamente de ingresos, sino también de capital acumulado”, explica Elbio Rodríguez para arrancar.
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Pero Martha Reale busca hilar más fino. Y asegura que hoy hay una especia de clase media empobrecida. “Hay una nueva categorización de la clase media. Está el segmento top, que representa el 7% de la población. Después tenemos un segmento de clase media alta que viene a representar un 17% de la población. La clase media típica que es un 30% y la clase media baja que es otro 30% y la clase baja que es un 15%. Hoy la clase media dista mucho de lo que fue la clase media histórica. Para conseguir los bienes y servicios que históricamente ha representado a la clase media, hoy sólo puede acceder ese 17 de clase media alta”, asegura Reale.
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Para José Ramón el análisis debe ir más allá de los ingresos “La clase media no nace por un tema de consumo. Empieza a partir de los inmigrantes. El tema del consumo es algo que vino con la globalización y que las empresas nos han ido metiendo”, opina el abogado.
La reacción y el día después de los cacerolazos
Pero la pregunta central es qué le pasó a ese sector que los hizo reaccionar y salir a la calle. Enrique Bollati asegura que el bienestar que muchos sentían encontró algunos obstáculos y que hay un problema de acumulación de riqueza. “Cuando uno aspira a tener un bien, lo tiene y pasa un tiempo se acostumbra y quiere pasar al escalón siguiente. En eso hemos encontrado un bache en el que no podemos saltar como sectores medios o sectores populares que es la vivienda. Hay una diferencia entre distribución de ingreso y distribución de riqueza. Hemos tenido un formidable proceso de distribución del ingreso y se nota. Hay más distribución del ingreso, pero también más concentración de riqueza. Los que concentran esa riqueza son los dueños de las grandes empresas. Lo que está faltando es eso que te permita tener riqueza, poder amarrocar; tener una casa por ejemplo”, aseguró.
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Para Rodríguez la clase media ha empezado a frustrarse. “Hasta el 2012 hubo un fuerte proceso de acumulación de bienes, un proceso de realización de estos sectores que pudieron aprovechar el momento. Algunos gracias al papel de los sindicatos y otro por capacidades propias. Creo que una gran parte de esa clase media tiene como plan ordenador el consumo. Y lo que se encontró este año es que empezaron a aparecer problemas que empiezan a trabar ese desarrollo. Se frena el consumo, baja la venta de autos, viene el cepo al dólar. Eso genera una especie de frustración. La clase media hoy en gran medida siente una frustración de no poder realizar lo que venía realizado y lo que cree que podría estar realizando”, asegura Rodríguez.
Para Martha Reale hay un quiebre más profundo. “Hay símbolos del kirchnerismo que chocan y se contraponen con valores de la clase media, eso es una realidad. Cristina ganó con el 54% de los votos. El voto de Cristina fue transversal y de eso no hay dudas. Ahora al kirchnerismo le ha quedado esa clase media que se identifica con la ideología. Y ese sector que se acercó de manera casual, es la que hoy se ha alejado. Hay aspectos del estilo de gestión que molestan. En un año donde la situación económica está más complicada los temas con los que antes se hacía la vista gorda, ahora molestan. Lo económica es la gota que rebalsa el vaso. Creo que no fue un tema económico sino de simbología. Creo que tiene que ver más con la defensa de la institucionalidad, con a república. De hecho hoy la gente sigue viajando y haciendo sus cosas.”, asegura la consultora.
José Ramón cree que los sectores de clase media se sienten “olvidados” porque el Gobierno ha priorizado políticas focalizadas a otros sectores. “Acá la política fue impulsar un crecimiento desde abajo hacia arriba. Entonces cosas históricas que eran de la clase media no se le prestó tanta atención. El estándar de la calidad de vida de la gente de abajo ha ido hacia arriba. De alguna manera adecuar a la clase media a esas políticas. Uno de los problemas es la falta de oposición. No se sienten identificados con la oposición. Lo que me preocupa es que iban con mensajes negativos. No era alguien se juntaba con un mensaje positivo de hacer algo. Esto no está bueno. Justamente porque no encuentra nada que lo represente”, opinó Ramón.
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Ante las opiniones Bollati reacciona y asegura que hay una realidad “virtual” donde están magnificadas las cosas. “En este momento hay una ocasión donde hay malestar. Un malestar que de alguna manera está acrecentado, inflado. No tiene tanta base sólida. Está inflado por el microclima. Los reclamos del 8N son muy variados. La gente que reclamaba por la restricción del cepo es muy poquita. En general se quejan de los mismo de siempre: inseguridad, inflación en segundo lugar. Este grupo mayoritariamente estuvo en la oposición el año pasado y perdieron mal en las elecciones. En la última elección perdieron por paliza”, analiza el consultor.
Para Bollati las quejas no tienen base sólida y es una realidad "inflada".
La decadencia y el compromiso
Al analizar la posibilidad de generar cambios desde la sociedad, el diagnóstico no fue positivo. Por un lado, todos marcaron como característica la baja calidad institucional de la provincia y alguna decadencia en la calidad de su dirigencia. Pero también marcaron como tendencia la falta de participación de la sociedad civil para generar cambios. “La clase media mendocina en particular se siente menoscabada. Pero tiene que ver con lo que le pasa a Mendoza. La ciudadanía percibe que Mendoza está estancada, que se ha empobrecido. Lo percibe en la calle. El mendocino medio cree que a Mendoza le va peor, incluso peor que a otras provincias. Si la clase media en el país está malhumorada, en Mendoza además está desanimada”, aseguró Martha Reale. La mujer asegura que además de esa percepción hay elementos puntuales que hacen pensar en esa decadencia. “Los mendocinos nos jactamos de que tenemos recursos humanos muy calificados. Me sorprendió una persona que me dijo que en Mendoza no conseguía ingenieros, no hay recursos humanos. Si a la crisis hídrica, a la falta de competitividad, le sumamos el problema de los recursos humanos, es grave. Son señales de alerta. Son temas preocupantes. Nos va a llevar mucho tiempo revertir esta situación”, asegura.
"Si la clase media en el país está malhumorada, en Mendoza además está desanimada", asegura Martha Reale
Para Elbio Rodríguez, uno de los factores es la falta de presión de la sociedad civil. “Creo que está difícil y contradictoria la situación de los políticos. Pero está faltando una parte de la sociedad civil que encare proyectos y los instaure por encima del poder político. Es decir, no hay exigencia hacia el poder. No le están pidiendo nada. Hablo de los empresarios, los sindicatos, y otras organizaciones”, detalló Rodríguez.
"Está faltando una parte de la sociedad civil que encare proyectos y los instaure por encima del poder político", asegura Elbio Rodríguez
José Ramón, que tiene frecuente contacto con diversos sectores sociales por su trabajo en defensa de los consumidores, no es tan negativo. “Yo aseguro que en la clase media siempre ha tenido una visión de largo plazo, con la idea de mejorar, de ir a la Universidad. La familia de clase media tiene conceptos de planificación a futuro”, opinó. Bollati, por su parte, también cree que la clase media mendocina tiene un pensamiento individualista y de difícil proyección política.






