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Buena señal: el Gobierno se preocupa por la inflación

La reunión entre Antonio Caló, Guillermo Moreno e Ignacio de Mendiguren abre un nuevo panorama: el Gobierno reconoce que hay inflación. Un enfoque de MDZ sobre lo que esto implica.

El gobierno nacional finalmente parece haber aceptado que la inflación es un problema.

Los daños de la inflación persistente por cuatro años están a la vista: 

a)   tarifas de servicios públicos atrasadas que ponen en peligro la infraestructura,

b)   un sistema financiero diminuto que no cumple la función real cual es financiar la producción argentina, las exportaciones y la construcción,

c)   un tipo de cambio atrasado, (los costos internos suben anualmente el doble que el dólar) que obliga a tener el cepo cambiario y que está poniendo en crisis a las economías regionales y la mayor parte  de la industria nacional,

d)   un estancamiento generalizado de la economía, una de las de menos dinamismo en Latinoamérica. 

Tal como está la situación, es insostenible continuar otro año más con alta inflación.

La buena noticia es que parece que el gobierno ha tomado conciencia de ello. En economía se sabe desde  siempre que uno puede hacer cualquier cosa menos evitar los resultados de lo que hace. 

Una  salida rápida al ahogo que produce el atraso cambiario, como sería una devaluación,  es altamente riesgosa pues podría llevar a un aumento aun mayor de los precios internos y a un circulo vicioso ¨devaluación-más inflación-nueva devaluación¨  que nos pondría al límite de un proceso megainflacionario. 

La única salida entonces es una disminución gradual pero constante de los índices de inflación. 

Quizá por ello la Presidenta ha puesto a Moreno, una de sus principales espadas,  a buscar un pacto entre empresarios y sindicatos, para coordinar aumentos menores y equitativos de precios y salarios el año 2013.  Habrá que ver si el funcionario es capaz de despertar la confianza que requiere una negociacion tan compleja y amplia como la que se necesitaria.

Solo con un acuerdo de precios y salarios no alcanza. Aunque se consiga ejecutarlo  es solo un primer paso. 

Una política antinflacionaria también debe incluir la disminución del déficit fiscal y especialmente bajar la tasa de emisión monetaria del 40% a una cifra por lo menos tres veces menor. Eso implicara un esfuerzo por parte del estado nacional. 

Si el gobierno transita este camino y, lo hace bien, tiene chances de ir bajando la tasa de inflación sin caer en un fuerte ajuste del consumo, los  salarios y el empleo, recuperando la competitividad de la economía argentina.  Para ello necesitará contar con un fuerte respaldo político. La primera respuesta de Moyano fue negativa. Quizá sea el momento de hacer ¨control de daños¨ y evaluar si quienes asesoran políticamente a la Presidenta no la han aislado,  por soberbia  o ideologismo,  de un  poder sindical real,  que ahora sería necesario para controlar la inflación.