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Cayó Caleri, el de la zancadilla

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El 8 de julio del año pasado el Gobierno estaba con los pelos de punta. Se jugaba en Mendoza la Copa América y el Centro estaba lleno de hinchas. La Plaza Independencia bullía de fanatismos.

La plana mayor del Ministerio de Seguridad estaba en el centro del centro de Mendoza, arropados por el frío y con las manos en los bolsillos de sus sobretodos, disfrutando el éxito turístico.

Pero el mismo lugar fue el escenario de un acto de barbarie: estudiantes mendocinos comenzaron a insultar con epítetos xenófobos a hinchas de Chile. Todo sucedió en el lugar menos esperado por el Gobierno, con decenas de periodistas internacionales y locales transmitiendo desde allí.

Fue cuando el director provincial de Policías - conocido en la jerga política y confundido por muchos periodistas y locutores como "el jefe de la Policía"- recibió la llamada superior de apaciguar los ánimos.

A un pibe se le cayó el diccionario. Y Caleri lo ayudó a levantarlo, de la peor manera.

Estaba en el lugar el jefe de Fotografía de MDZ, Pachy Reynoso quien registró la persecución de un Caleri entregado al servicio de los funcionarios que lo miraban a lo lejos, desde el centro de la plaza, y que terminó con el pibe por el suelo.

Las llamadas posteriores desmintieron a las fotografías. Inclusive, el ministerio difundió un video editado en el que no se ve el momento. Se acusó al pibe provocador, pero el propio "jefe" lo dejó ir: no lo detuvo, no se lo acusó de nada.

El incidente tuvo repercusión y no fue el único. Una periodista de este diario, Denise Kemelmajer, fue golpeada por un policía en el mismo lugar cuando éste le pidió que no filmara un incidente y ella lo hizo igual. Nadie la llamó ni nadie llamó al diario para aclarar el asunto. Ni siquiera para desmentirlo.

A Caleri había que cuidarlo porque Caleri los cuidaba.

Mimado por los periodistas de Policiales, el funcionario respondía a sus llamadas a cualquier hora y les daba información para consumo de la sección, la que quería darles y los entretenía con eso.

Mimado por la política, Caleri daba la cara en las horas más difíciles: es un policía retirado y por lo tanto maneja sus códigos; pero es un hombre al que no le resulta extraño la política, y entiende sus códigos.

Pero el trabajador incansable se cansó.

Aquel episodio resulta una anécdota que pinta de cuerpo entero su rol en el Ministerio de Seguridad, en donde jamás se lo pensó como una "válvula de escape" y hasta, se estima, se imaginó en este momento, el de su renuncia, como una pesadilla para quien le toque, a partir de ahora, asumir en toda su dimensión el cargo que ejerce, se trate del ministro o del subsecretario.

En Mendoza Caleri era considerado como "el jefe de la Policía", pero la Constitución le da ese rol a un civil: el Gobernador.

Puede admitirse que su desempeño sirvió para apaciguar los ánimos de una sociedad que sigue colocando a la inseguridad al tope de sus reclamos, por lo que puede ser premiado con una nueva convocatoria a prestar servicios en las sombras.

Pero cuando dejemos de entretenernos con la puesta en escena y comprendamos el fondo de la situación, posiblemente podremos volver a poner en foco qué se hace, que se deja de hacer y qué se decidió no hacer en materia de Seguridad.