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A un año de las elecciones, ¿por dónde pasa el 37?

El Gobernador tiene problemas para consolidad su propio espacio político. Se enfila detrás de Cristina y su 54%. Pero él requiere de otra estrategia: ganó con menos margen, tiene una Legislatura adversa y diferencias internas en su partido. Cómo puede afectar su apuesta a la reforma de la Constitució y el no de los radicales.

Es una metáfora llana, pero metáfora al fin. “¿Por dónde pasa el 54?, dicen los jóvenes de La Cámpora, la agrupación más mimada por la presidenta Cristina Fernández. La frase hace referencia al porcentaje de votos que obtuvo Cristina hace  un año y que es la base de su poder y del que hace uso; en lo que le corresponde y también más allá. Tiene mayoría propia en el Congreso, y aprovecha para sacar leyes con comodidad. Concentra la administración de los fondos públicos y consiguió que gobernadores e intendentes le rindan pleitesía para conseguir cualquier cosa.

La metáfora camporista hace referencia a un colectivo al que hay que subirse. Es el 54, el colectivo exitista del kirchnerismo. Francisco Pérez es un fiel seguidor de la presidenta e intenta subirse a ese “Bondi” que construyó el cristinismo. Pero el Gobernador de Mendoza sabe que él está en un colectivo que requiere otras cualidades para ser conducido.

Pérez también ganó hace un año. Pero no sacó el 54% de los votos, sino el 37% y con un margen mucho más estrecho, de siete puntos, sobre el radical Roberto Iglesias. Eso lo obliga a Pérez a tener construir poder desde un lugar distinto a Cristina. En su colectivo, el del 37% y con oposición fuerte,  está lejos de tener mayoría en la Legislatura y necesita negociar. En ese mismo bondi los intendentes de su partido lo respetan, pero no sienten que le deban nada políticamente y le hacen sentir ese rigor. De hecho, lejos de armonizar la interna partidaria, se generaron más disputas por el poder. La ecuación se complica más con la necesidad de responder al mismo tiempo las órdenes políticas que llegan desde Casa Rosada. 

En el medio, la maroma política mendocina volvió a activarse: el temor al efecto cobos hizo que los intendentes justicialistas volvieran a amagar con el desdoblamiento de las elecciones provinciales de las nacionales. Lo mismo intentaron en 2009, pero en el camino recibieron el aleccionamiento nacional que los obligó a enfilarse y rendir culto a la fidelidad del proyecto nacional.

La primera prueba de fuego del poder de Paco Pérez fue el intento de reforma de la Constitución, al cual le intentó poner todas las energías. Se transformó en el principal proyecto político. Antes de consensuarlo políticamente, decidió enviarlo a la Legislatura a pesar del contexto adverso. Para contrarrestar ese problema el oficialismo eligió buscar fortalecer el proyecto desde afuera de la política; con organizaciones sociales afines y otros sectores que “pidan” la reforma. Pero justo el día en que  cumplió un año del triunfo electoral, la UCR y el PD intentaron darle una derrota política bajándole el pulgar al proyecto. En el radicalismo, liderado por Cornejo (un ex kirchnerista) dicen "ir por todo" y prometen un cerrojo para todos los proyectos oficialistas.

A un año del 37% que le hizo ganar las elecciones, el gobernador tiene muchos proyectos en mente. Pero también una prioridad: consolidar un proyecto político con identidad propia.