La gran pregunta radical: ¿Alfonsín es piantavotos?
Sorprendió escuchar a Roberto Iglesias reconocer esta semana, en una entrevista radial, que la estrategia nacional del radicalismo mendocino no está totalmente definida. “No descarto nada” respondió, cuando le preguntaron sobre la posibilidad de que la UCR busque unirse a otros candidatos presidenciales que no sean el de su partido: Ricardo Alfonsín.
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Iglesias asegura que es un político "orgánico". Por eso hace ruido que no haya dicho concluyentemente que Alfonsín será el candidato presidencial de la UCR local en octubre.
Aunque quizás sus dudas sean prueba de lo que se discute puertas adentro del partido de calle Alem: ¿Alfonsín será en las elecciones de octubre un arma adecuada para contrarrestar el inevitable el arrastre de Cristina en Mendoza?
La posibilidad de perder los comicios por la sencilla razón de ir en la misma boleta de un candidato presidencial que no mueve la aguja en Mendoza es un temor instalado en la fórmula para la gobernación y fundamentalmente entre aquellos radicales que darán batalla en las comunas para ganar o retener el control.
Aunque el real empuje de los distintos candidatos presidenciales se conocerá en las primarias del 14 de agosto, algunos ya muestran extrema preocupación por el arrastre cristinista. En Mendoza, las encuestas muestran hoy por hoy una arrolladora diferencia de intención de voto entre la presidenta y sus inmediatos perseguidores. Lote en el que Alfonsín, el crédito radical, no es precisamente el segundo.
Inicialmente los discursos radicales apuntan a "provincializar" la elección. Por eso Iglesias ni siquiera habló de Alfonsín en el lanzamiento de campaña en San Rafael de este jueves. Sin embargo, lamentablemente, pocos creen que el corte de boleta entre candidaturas nacionales y provinciales sea una herramienta confiable para enfrentar el "huracán Cristina" en las urnas. Más bien creen que todos los beneficios se los llevará sin transpirar la fórmula provincial del PJ, Francisco Pérez y Carlos Ciurca, que ha atado definitivamente su destino electoral al de la presidenta por medio de todo tipo de concesiones con el gobierno nacional.
Es una realidad: casi nadie apuesta en esta provincia al corte en el cuarto oscuro, un acto que reflejaría la madurez cívica de los ciudadanos. La propia clase política desconfía de ello y (en buena medida) subestima al elector. Fuera de apostar al voto pensado, tanto oficialistas como opositores prefieren idear distintas ingenierías electorales que los ayude a salvarse de un abismo.
Entre esas alquimias, no se puede descartar la posibilidad de que la UCR finalmente apoye a un candidato presidencial que en esta provincia mide más que el hijo del padre de la democracia: el gobernador puntano Alberto Rodríguez Saá.
¿Demócratas visionarios? Con todos sus problemas internos y la crisis de identidad que afronta, la decisión del Partido Demócrata en este sentido mostró indicios de lo que podría ser el camino más conveniente (aunque polémico) para buena parte de la oposición mendocina.
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El gobernador de San Luis es una de las opciones presidenciales del desgajado peronismo federal o antikirchnerista. La otra es Eduardo Duhalde.
En Buenos Aires, Rodríguez Saá no deja de ser un caudillo pintoresco, pero en Mendoza, los números de las encuestas obligan a tomarlo un poco más en serio. A pesar de que en otras épocas se criticó mucho el control político casi feudal de San Luis que ejerce desde hace años con su hermano Adolfo.
Las cifras mandan y hasta algunos analistas ya se animan a perfilar al puntano como el candidato opositor del kirchnerismo que se impone en todo Cuyo.
Una encuesta elaborada por Elbio Rodríguez fue el elemento que terminó de convencer a Enrique Thomas y Daniel Cassia, dos dirigentes mendocinos del peronismo anti-K, que “el Alberto” era la mejor opción para octubre. Ese sondeo sobre 800 casos que Rodríguez entregó el 4 de junio a Thomas ubicó cómodamente a Rodríguez Saá como el postulante opositor con mejor imagen en Mendoza, con un 16 por ciento de intención de voto. En cambio, a Duhalde le concedió menos de cuatro puntos y le asignó a Alfonsín apenas un poco más del 9 por ciento.
Cristina, por supuesto, aparece en esta encuesta como la mejor candidata, con más del 40 por ciento de intención de voto. Pero a una parte del peronismo de Mendoza anti K no le parece un mal arranque el segundo puesto del hombre de San Luis, más cuando la campaña electoral ni siquiera ha empezado.
La prédica de Thomas y Cassia prendió en el Partido Demócrata, como se ha dicho, pero el dato más relevante es que ahora son otros dirigentes opositores los que comienzan a mirar a Rodríguez Saá con otros ojos.
Es que la encuesta que encargó Thomas arroja resultados similares a otra elaborada por Ricardo Rouvier sobre Mendoza, en este caso a pedido del propio Gobierno Nacional. Este sondeo de 1.200 casos fue entregado el 13 de junio y amplía la ventaja a favor de Cristina (más del 50 por ciento). Pero además ratifica el posicionamiento de sus competidores: Rodríguez Saá aparece segundo (12 por ciento) y Alfonsín tercero (menos del 9 por ciento).
Pragmatismo para enfrentar el "huracán Cristina". La alianza del PD con parte del peronismo federal tiene algunas reglas claras.
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Pero el que asoma como un probable elegido de afuera, debido al fuerte vínculo que tienen los peronistas disidentes con él, es Guillermo Amstutz, quien ya se proclamó como candidato a intendente de Las Heras.
Las Heras, por caudal de votos, definirá muchas cosas en la elección de octubre. Y el ex intendente Amstutz sigue siendo un político fuerte en ese departamento. Por eso el radicalismo ya lo asumió como candidato propio. Y otro tanto podrían hacer los componentes de la alianza de centro-derecha PD-PRO-PJ Federal, que postula a Rodríguez Saá para la presidencia.
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El mecanismo por el cual un candidato a intendente puede ir en la boleta de varios candidatos presidenciales se llama "adhesión material", aunque es mejor conocido como colectora.
La caza de intendentes opositores (más precisamente, radicales) dispuestos a sumarse al pragmático sector anti K podría seguir por el este provincial, donde el caudillo puntano siempre tuvo una imagen aceptable. E incluso se cree que hay un incipiente y todavía informal tanteo con el intendente radical y candidato a la reelección en Godoy Cruz, Alfredo Cornejo.
La gran incógnita de demócratas y peronistas disidentes es la fórmula para la gobernación. Aunque los puentes entre el PD y la UCR parecen dinamitados después del fracaso a la hora de unirse en un frente nacional, algunos demócratas, como el intendente Difonso, no se resignan a renunciar a un frente opositor provincial que incluya al radicalismo y, obviamente, haga pie en la candidatura de Iglesias para la gobernación en octubre.
Pero no es éste un criterio unánime en la alianza opositora. Cassia sostiene que los límites a la hora de definir las candidaturas provinciales son el kirchnerismo por un lado y la fórmula Iglesias-Jaliff, por el otro. En términos prácticos, suena razonable lo del lujanino: casi nula fue la apertura de la UCR a negociar cargos con los demócratas cuando ambos partidos intentaron confluir a mediados de junio.
Esperando las primarias. Lo que hoy asoma como una preocupante orfandad opositora respecto de sus candidatos presidenciales conocerá su justa medida dentro de un mes y medio, cuando los mendocinos deban ir a las urnas para votar candidatos nacionales en elecciones primarias y obligatorias.
Estos comicios han perdido sentido respecto de su objetivo original: no se van a elegir los candidatos presidenciales de cada partido, dado que los mismos ya están designados. No obstante, tienen una razón de ser para el sistema electoral nacional, ya que será una suerte de filtro de postulantes. En concreto, no seguirá en carrera ninguno que no logre acumular un mínimo de votos: el equivalente al 1,5 por ciento del padrón electoral.
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Es contundente y pragmático también el análisis de Sanz. Una elección en primera vuelta tiene el efecto de actuar como “eliminatoria”. O sea, según el razonamiento del radical, después de la votación del 14 de agosto, sólo los dos candidatos más votados quedarán en carrera para la “segunda vuelta”, que en este caso sería la elección general de octubre.
Pasando en limpio, Sanz sostiene que después del 14 de agosto quedarán solo dos candidatos en carrera: Cristina y el opositor que más votos obtenga, quien debería ser el eje donde confluya toda la oferta opositora.
Aunque Sanz apuesta a que el duelista de Cristina será Alfonsín, no se puede negar la existencia de una hipótesis que ronda las cabezas de los radicales de Mendoza: después de agosto, y de acuerdo con el mensaje las urnas, quizás convenga dar el respaldo a otro candidato presidencial para la última batalla.







