Corrupción policial, frivolidad política y desafíos para el futuro: un debate caliente
Fue un zamarreo. Un debate a cara de perro y sin eufemismos. Alberto Binder, Marcelo Saín y Carlos Aranda abrieron el ciclo “Desafío Mendoza” hablando de política de seguridad bajo la consiga “Vivir sin miedo”. El resultado fue una cruda radiografía de las falencias políticas que hay para hacerse cargo del manejo del tema. Corrupción policial, connivencia política, falta de preparación, errores de “foco” y falta de planificación. Esos fueron algunas de las consignas remarcadas por los especialistas. Y, por supuesto, hubo reacciones. “En Mendoza no pasan esas cosas”, repitieron dirigentes de distintos partidos políticos que se sintieron incómodos ante esa descripción, mientras los principales jefes policiales presentes en el salón zapateaban bajo las sillas.
Como conclusión quedó claro que hay una fuerte necesidad en que la clase política se anime a profundizar en las políticas de seguridad “más allá” de los hechos puntuales y la coyuntura. En ese sentido rartificaron que el desafío es "gobernar la seguridad".
La invitación era abierta y llegaron al lugar algunos de los principales dirigentes políticos de Mendoza, como el vicepresidente Julio Cobos. Entre ellos hubo varios de los candidatos que pelearán por el poder en octubre, como Fancisco Pérez, candidato a gobernador por el PJ, Enrique Vaquié y Emma Cunietti, candidatos a diputados nacionales por la UCR. En segunda fila estuvo toda la plana mayor de la policía de Mendoza.
Avances, retrocesos y el negocio del miedo
Las disertaciones fueron provocadoras. Alberto Binder es un reconocido especialista en temas de seguridad y puso a Mendoza como un ejemplo dual: aunque fue una de las primeras en anunciar una política de Estado, esa intención se “desilachó” según Binder.
“Mendoza, Buenos Aires y Santa Fé han sido protagonistas en la última década y tienen una historia parecida en un zigzag que han tenido en la política de seguridad. Se ha demostrado que no es un área ingobernable, sino que es un área en el que la dirigencia política aún no se ha animado a gobernar. Cuando se decida a gobernarla, no tiene la capacidad política, táctica y social para hacerlo”, dijo, tajante, Binder, quien asegura que la provincia dio marcha atrás con algunos avances que hubo, “Mendoza arrancó con grandes acuerdos políticos y todos sabemos que se fue deshilachando al calor de la demagogia electoral”, dijo ante el público mendocino.
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En su análisis, Binder marca seis problemas que afrontan los gobiernos: definir ‘qué significa’ gobernar la seguridad; falta de un modelo de policía del siglo XXI; ausencia de una política criminal; poca prevención del delito; ausencia de mecanismos de control eficientes y regulación de la seguridad privada. “El sexto problema tiene que ver con la seguridad privada cuando la inseguridad es el negocio. Si todos sabemos que las fuerzas del mercado son expansivas, entonces por qué se va a tener que acabar ese negocio. Una Mendoza sin miedo es pésimo negocio para miles de personas. Parte del vivir sin miedo es acabar con la industria del miedo”, graficó Binder.
Sin anestesia “La policía es parte de los negocios de la delincuencia”
Marcelo Saín habla sin pudores. Y tiene una gran ventaja: es académico, pero también “conoce el monstruo desde adentro”. Es que fue viceministro de seguridad de la provincia de Buenos Aires y titular de la Policía de Seguridad Aeroportuaria.
Por eso asegura conocer los entretelones de los negocios de la seguridad dentro del Estado. Sin eufemismos, acusa a la policía de ser parte de los negocios ilegales. Los mercados ilegales de personas, de drogas y autopartes de vehículos robados son mercados regulados por el Estado. Los mercados ilegales en la Argentina tienen protección policial y que se ponga el traje quien se lo tenga que poner. La policía es el socio mayoritario de estos negocios en las grandes urbes. Y eso explica el crecimiento de esos negocios”, dijo ante un auditorio lleno de jefes policiales.
Pero Saín va más allá y asegura que tal como están encaradas las políticas de seguridad lo único que logran es una “forma de ejercer gobierno sobre los conflictos sociales” a partir de la policía. ”El sistema así como está es políticamente viable y ha sido útil. Esto ha servido para el disciplinamiento de los sectores populares. Hay que ver cómo trabaja el sistema penal, dónde mira la policía, cuáles son los delitos que preocupan. No son los tipos de delitos más complejos. Se busca el esclarecimiento de hechos fácilmente esclarecibles y no las organizaciones criminales. Sólo funciona el sistema para el esclarecimiento de robos y hurtos en flagrancia”, asegura.
De la misma manera asegura que hay que restringir el rol de la policía al trabajo contra el delito y no a “solucionar problemas sociales”.
El ministro que se siente Mascherano
El ministro de Seguridad Carlos Aranda se definió como un defensor de la policía y trató de equilibrar su discurso entre la necesidad de atacar los problemas coyunturales y pensar soluciones de fondo. Y para hacerlo usó una metáfora futbolística.
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En el sillón desde el que estoy hablando hay una necesidad de atender la coyuntura, del día a día. Y después el parar la pelota como un 5 de media cancha, mirar alrededor y distribuir sin atender que en ese momento alguien te va a querer sacar la pelota porque el partido continúa, es un partido de 24 horas los 365 días del año. Es necesario pararse y plantear una mirada de planificación en el mediano y largo plazo, sin los tiempos de espera del mediano y largo plazo”, dijo Aranda, quien también aseguró buscar un “cambio de paradigma” y volvió a criticar al Poder Judicial. “Hay que redefinir el rol del Poder Judicial. Todavía el poder judicial no está comprendiendo cuál es su rol en la seguridad, en la prevención de la seguridad (sic)”, repitió el Ministro.
Reacciones idénticas de políticos distintos
Terminaron las exposiciones y las reacciones fueron inmediatas. Leopoldo Orquín, ex ministro de seguridad durante la gestión de Roberto Iglesias, salió al cruce de los expositores defendiendo a la policía de Mendoza. “Acá en Mendoza no pasan esas cosas. Puedo asegurar que todos los comisarios pueden mostrar dónde viven porque no hay corrupción. Eso es algo que pasa en Buenos Aires. Además hay control a través de la Inspección General de Seguridad”, dijo Orquín quien, justamente, es parte del directorio de la IGS.
Tomando la posta, el actual ministro también salió en defensa de la policía. “Nuestra policía no es la que se describió acá. Por eso yo estoy orgulloso de tener a los hombres de azul en mi gabinete. Yo no soy tan pesimista”, dijo el ministro.
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La contrarrespuesta de los especialista volvió al principio. “Si no es así, me gustaría saber entonces cuáles son los problemas de la policía de Mendoza, cuáles son las falencias del sistema de seguridad”, retrucó Sain, quien antes se "disculpó" por recomendar con visión "porteña".