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Argentina y la oposición en fuga
Leé a Alejandro Horowicz en Tiempo Argentino: "El tablero político se mueve espasmódicamente, nada ni nadie logra quedarse quieto un ratito; el documento de mañana no tiene la menor importancia hoy, y todo es “volvamos a charlar”.
“Creo que si me encargaran el proyecto de un nuevo universo, sería tan loco de poner manos a la obra.” / Hans Magnus Enzensberger
Con sagaz ironía Carlos M. Reymundo Roberts, prosecretario general de redacción de La Nación, escribe en su columna del sábado 23: “candidato opositor se busca”. Es que los taitas de la política ya no saben de dónde bajarse, y los que hasta hace 30 segundos fueron presidenciables devienen candidatos a jefes de gobierno, o aspiran a una candidatura en las listas de diputados nacionales, o cambian incesantemente la sigla partidaria con la que se postulan invariablemente a casi todo.
Con sagaz ironía Carlos M. Reymundo Roberts, prosecretario general de redacción de La Nación, escribe en su columna del sábado 23: “candidato opositor se busca”. Es que los taitas de la política ya no saben de dónde bajarse, y los que hasta hace 30 segundos fueron presidenciables devienen candidatos a jefes de gobierno, o aspiran a una candidatura en las listas de diputados nacionales, o cambian incesantemente la sigla partidaria con la que se postulan invariablemente a casi todo.
El doctor Eduardo Duhalde, dicho esto a modo de ilustración, primero se debatió entre participar o no en la interna del PJ bonaerense, en tiempos de Néstor Kirchner; como llegó a la conclusión de que no tenía suficientes garantías desechó esa alternativa para el Peronismo Federal; después, tras marchas y contramarchas en la composición de la dirección del espacio –permanencia y salida de Carlos Reutemann– terminó organizando, con Alberto Rodríguez Saá, la interna inconclusa de la que acabaría bajándose, tras acusar de tramposo al puntano. Pero semejante “bochorno” no le impidió postularse finalmente a candidato presidencial; postulación que se sostiene desde una ignota sigla de su propiedad personal. Por cierto, nadie cree que termine siendo candidato a nada. Es que a medida que el tiempo pasa, sus planteos resultan cada vez más abarcativos, tanto que sólo Cristina Fernández no estaría incluida. Y uso el verbo en condicional, porque ni siquiera ese límite resulta suficientemente claro.
Todas las piezas del tablero político se mueven espasmódicamente, nada ni nadie logra quedarse quieto un ratito; el documento de mañana no tiene la menor importancia hoy, y las conversaciones donde todos proponen combos políticos variopintos concluyen con el consabido “volvamos a charlar”. Es que cada vez que logran armar uno, se termina de desarmar el anterior. O, peor aun, el candidato presidencial del último desaparece, porque no mide en las encuestas. Dicho con sencillez: el capital político que sostiene el comportamiento público de estos opositores está en default. Su crisis de dirección devino crisis de representatividad, ya que los vasos comunicantes que los unieron a la sociedad argentina están rotos.
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AHORA LA UCR. La situación del radicalismo tiene la virtud de mostrar cómo funciona una lógica sistémica de suma cero. En principio regía un acuerdo radical-socialista. Mejor dicho, el acuerdo Alfonsín-Binner. Claro que su puesta en ejecución dependía de que ambas partes gobernaran sus respectivas tolderías. En el caso de Ricardito terminó siendo relativamente cierto, pero la interna del socialismo de Santa Fe todavía tiene que resolverse. De modo que esa estrategia –de algún modo hay que llamarla– tiene ese límite. Pero hete aquí que la crisis del Peronismo Federal modifica el juego. La aparición de Francisco de Narváez, como pieza suelta capaz de sumarse a un combo ad hoc, replantea los acuerdos. Como más vale pajarón en mano que centenares volando, y todo lo que De Narváez pide es una lista colectora, Ricardito no quiere perder un aporte a título gratuito cuando está tan necesitado. De ninguna manera, dice con voz estentórea Margarita Stolbizer, si el colorado se suma el perfil ideológico de la coalición se pierde. Y de fuerza de centro izquierda pasaría al centrismo clásico o peor aún. Entonces, si la UCR acepta la colectora no sólo cambia de signo, además pierde aliados, ya que Stolbizer no es la única que piensa así. Hermes Binner compartiría esa perspectiva; pero Ernesto Sanz –ávido lector de encuestas– cree en las “efectividades conducentes”, y los votos que traccionaría gratuitamente De Narváez, sumados a los huecos que dejaría en la lista bonaerense la huida de Stolbizer, restados los hipotéticos votantes que su fuga ahuyentaría, si se anotara Mauricio Macri en la capital, no tendría la menor importancia. Caramba, lo interrumpe un correligionario ceñudo, pero entonces la coalición sería de la más rancia derecha. Y eso a quién le importa, sostiene el doctor Duhalde, se trata de ganar las elecciones y… después es después.
A pocos se les escapa que este rocambolesco sistema de acuerdos y desacuerdos ronda, con variantes insignificantes, la cabeza de la conducción radical, y no sólo allí. La sociedad lo sabe, y precisamente porque lo sabe desconfía de dirigentes capaces de semejante acuerdo. Mentira, grita desde la tribuna del costado izquierdo un correligionario de larga data, esto de plantear una política principista hace mucho tiempo que dejó de funcionar. Miren al gobierno, o me quieren contar que las fuerzas K se manejan por principios. El único principio de Cristina es el principio de realidad, por eso Carlos Saúl Menem –es decir, la marca del denostado modelo anterior– integraría las huestes del Frente para la Victoria.
Con apacible cinismo un asesor, conservador a la vieja usanza, se atusa el bigote mientras dice: una dirección que se precie puede sumar cualquier cosa, siempre y cuando no esté en discusión quién manda. ¿Vos te creés que la cancha la marca Carlos Saúl? Pues bien, en La Rioja Menem no es un piantavotos, por eso –en caso que se sume– le sirve a Cristina. Bueno, admite a regañadientes el senador Ángel Rozas, si ellos pueden, nosotros también. Y en ese punto, la calesita retoma su velocidad habitual, y todos con inusual ahínco reinician la lucha por sacar la sortija de las candidaturas expectables.
LAS HUESTES DE MAURICIO. Macri ya no sabe a quién consultar. Si le pregunta a Horacio Rodríguez Larreta, la lucha por la presidencia –por clavar una pica en Flandes en tan escabroso terreno– debe ser su prioridad. Por tanto, para cuidarle las espaldas el pelado sería el hombre. Larreta sostiene: “es que todos te terminarán apoyando en la segunda vuelta, y con el apoyo de todos…” la frase queda inconclusa. Macri se distiende y casi decide: voy por la presidencia. En ese momento le arriman una minuta donde lee las últimas mediciones electorales. Se deprime, no sólo no avanza sino que comienza a retroceder. Entonces recuerda que Gabriela Michetti insistió, una y otra vez, sobre la conveniencia de asegurarse el gobierno porteño. Y la chance de conservarlo pasa por su candidatura. Así que piensa, tiene razón Gaby, lo prudente es bajarse y arreglar al menos una colectora con la UCR. ¿Y si el radicalismo lo rechaza? En ese punto la hamletiana indecisión vuelve a ganar a Mauricio y para consolarse piensa: peor que yo, está Pino.
Fuente: Tiempo Argentino.
Con apacible cinismo un asesor, conservador a la vieja usanza, se atusa el bigote mientras dice: una dirección que se precie puede sumar cualquier cosa, siempre y cuando no esté en discusión quién manda. ¿Vos te creés que la cancha la marca Carlos Saúl? Pues bien, en La Rioja Menem no es un piantavotos, por eso –en caso que se sume– le sirve a Cristina. Bueno, admite a regañadientes el senador Ángel Rozas, si ellos pueden, nosotros también. Y en ese punto, la calesita retoma su velocidad habitual, y todos con inusual ahínco reinician la lucha por sacar la sortija de las candidaturas expectables.
LAS HUESTES DE MAURICIO. Macri ya no sabe a quién consultar. Si le pregunta a Horacio Rodríguez Larreta, la lucha por la presidencia –por clavar una pica en Flandes en tan escabroso terreno– debe ser su prioridad. Por tanto, para cuidarle las espaldas el pelado sería el hombre. Larreta sostiene: “es que todos te terminarán apoyando en la segunda vuelta, y con el apoyo de todos…” la frase queda inconclusa. Macri se distiende y casi decide: voy por la presidencia. En ese momento le arriman una minuta donde lee las últimas mediciones electorales. Se deprime, no sólo no avanza sino que comienza a retroceder. Entonces recuerda que Gabriela Michetti insistió, una y otra vez, sobre la conveniencia de asegurarse el gobierno porteño. Y la chance de conservarlo pasa por su candidatura. Así que piensa, tiene razón Gaby, lo prudente es bajarse y arreglar al menos una colectora con la UCR. ¿Y si el radicalismo lo rechaza? En ese punto la hamletiana indecisión vuelve a ganar a Mauricio y para consolarse piensa: peor que yo, está Pino.
Fuente: Tiempo Argentino.