"En lo peor de la crisis, salió a flote la solidaridad"
Plaza de Mayo era un caos. Corridas, protestas, represión. Fernando De La Rúa había decretado un día antes el estado de sitio y estaba por renunciar. Enrique Vaquié era ministro de Hacienda de Mendoza y le tocó ser testigo de esos hechos. “Estábamos en Buenos Aires con Roberto (Iglesias). Yo tenía que hacer los trámites para traer Lecop a Mendoza. Cuando renuncia Cavallo nos dimos cuenta que había que hacerlo urgente. Crucé la Plaza de Mayo tres o cuatro veces en medio del caos, con los tiros y todo lo que pasaba, tratando de hacer ese trámite entre el Ministerio de Economía y el Banco. Cuando terminé la recorrida fui a buscar el saco que me había quedado en una oficina y en ese momento se estaba yendo Fernando De La Rúa en el helicóptero. Quedé muy impresionado por lo que pasaba en la plaza”, recuerda Vaquié
Además de ser testigo de esos hechos, a Vaquié le tocó administras las cuentas públicas en la peor crisis de la historia reciente. Según explica, desde adentro del Gobierno se veía venir el derrumbe nacional. Y por eso antes habían tomado medidas. Para Vaquié, el cultivo de esa crisis arrancó en los 90 con el freno a la actividad productiva y el detonante fue la falta de crédito. Pero en medio del caos, asegura, resurgió la solidaridad.
-Esto empezó varios años antes. Lo más importante de lo que fue la previa a la crisis desde lo económico, fue que la competitividad de la economía argentina y mendocina se había perdido absolutamente. Ningún sector de la economía de Mendoza tenía competitividad. Eso se había empezado a ver desde mediados de los 90 y la provincia y el país fueron buscando sustitutos a eso. Eso fue generando problemas muy fuertes, sobre todo en la empleabilidad del sector trabajador. Mendoza tenía muchos problemas de empleabilidad. Esto se empezó a ver en los 90 y siguió creciendo. Cuando llegás a ese contexto se necesita mucho del crédito. Habían ido entregando de garantía las regalías petroleras y la coparticipación. Hasta septiembre del 2002 la provincia no recibió ni un peso de regalías petroleras. Con la coparticipación pasaba lo mismo. Tenías tomado más de la mitad de la coparticipación, en vez de cobrarla la Provincia se la llevaba un banco acreedor.
-¿Qué pasó en 2001 para que se agudizara esa crisis?
-En el 2001 se complica mucho más porque se termina el crédito. Lo que se hacía hasta entonces era tomar más crédito para cubrir la falta de recursos. Anunciaron megacanje, el salvataje, el blindaje y esas cosas, pero en marzo del 2001 se termina el crédito. Uno empieza a ver que el problema crece cuando se va Machinea, viene López Murphy, que dura nada, y luego llega Cavallo. En abril se empieza a ver que las provincias van al Gobierno nacional para que les consiga la plata para pagar las deudas, que no era tan común como ahora. Cuando vimos eso, Roberto Iglesias se convenció que había que hacer algo porque al país le iba a ir muy mal y convence al gabinete de que había que hacer algo. Y de ahí sale todo lo que se hizo para prepararse para lo que venía.
-Ahí viene el recorte a los sueldos
-Sí, esa es la parte que más se acuerdan, pero no fue lo único. En aquel momento hubo una modificación tributaria muy importante, con aumento de impuestos a los bancos, a las AFJP, al sector petrolero. En la memoria colectiva queda lo más complicado, pero no fue solamente eso.
-También aparecieron las cuasimonedas, justo los Lecop llegaron hace 10 años
-Cavallo fue el que aconsejó en una reunión en el Ministerio del Interior que las provincias sacaran cuasimonedas. Cavallo se hace el distraído, peor fue él quien lo recomendó y puso al servicio de eso la Casa de la Moneda. Muchas empezaron sacando cuasimonedas. Pero nosotros hicimos nuestro propio camino. La decisión fue no sacarlo ahí. El gobierno nacional saca los Lecop, Buenos Aires saca los Patacones, que tenían la ventaja de tener la garantía nacional. Nosotros hicimos nuestro propio camino. El debate era si sacarlo antes o esperar. El Petrom (que se emitió en 2002) fue la única cuasimoneda que tenía garantía propia. Lo empezamos a hablar antes, porque sabíamos que era algo que en algún momento teníamos que hacer porque no había financiamiento y el descuento de la coparticipación lo hacían igual. Fue un tema muy reservado entre el Roberto y yo. La instrumentación, montos, lo decidimos él y yo. Fue un tema de mucha reserva, porque había que tener mucho control. Y no había que demostrar debilidad. La personalidad y la fortaleza de Iglesias fue central.
- ¿Fue complicada la instrumentación?
- Con los Lecop no hubo muchos problemas porque como se podían pagar impuestos nacionales se aceptaron rápido. El inconveniente era traerlos, porque por distintas disposiciones de seguridad no podían venir todos juntos en un mismo vuelo. Era una cantidad muy grande de papeles, de bultos. No había pesos por ningún lado, y nosotros hicimos nuestra propia caja conversora. El Petrom costó al principio, porque teníamos que lograr que confiaran, pero después funcionó muy buen
-¿ Le pidieron ayuda a las empresas, como a YPF?
-Hicimos un fideicomiso, donde buscamos quiénes les prestaran a ese fideicomiso. Eso se fondeaba con impuestos provinciales. Ahí buscamos socios, y participaron todos; petroleras, supermercados, empresas grandes. Ese fondeo sirvió para pagar deuda, sueldos. Era una manera creativa de conseguir pesos.
- ¿Cómo era una reunión de gabinete en ese contexto de crisis?
- Eran muy buenas. Las crisis hacen que crezca mucho la solidaridad. Todos teníamos problemas. El Ministro de de Seguridad tenía problemas hasta para conseguir combustible para los móviles, pero las cosas se hacían. La crisis hace que se bajen mucho los egos y suba la solidaridad. Había mucha solidaridad. Además de las reuniones de los lunes, había muchas reuniones de gabinete con ministros solos en el cuarto piso. Eran muy al hueso las charlas, porque había que solucionar problemas.
- ¿Y se imaginaban el final que tuvo el Gobierno nacional?
- Las cosas sabíamos que estaba muy mal. Entramos a finales de noviembre, diciembre y vimos que algo iba a pasar. En economía podés prever lo que va a pasar, pero no cuándo. Igual, fue más grande de lo que creíamos que podía ser. Pero siempre estuvimos convencidos de que salíamos. Nunca lo dudamos.
-¿Cómo fue la relación con otros actores sociales?
-Fue la última vez que hubo un compromiso colectivo por una causa común, que era salir de la crisis. Había reuniones de más de 400 personas con dirigentes de todos lados en el comité anticrisis. En esa crisis salió a flote la solidaridad. Hubo conflictos, yo me ligué 32 demandas penales, pero fue de parte de una parte minoritaria. Yo realmente no sentí nunca que quisieran que nos fuera mal y de alguna manera colaboraron para salir. Había igual un entendimiento colectivo de la magnitud del problema.
-¿Cómo fue el día después, la salida de esa crisis?
- Cuando se devalúa la moneda, a principios del 2002, sabíamos que se salía. Baglini lo dijo en el Congreso. Era como abrir la caja de Pandora. Primeros salen los monstruos y hay que soportar eso. Pero lo último que sale es la esperanza. En términos económicos, salir de la convertibilidad hacía que la actividad real de la provincia mejorara. No sabíamos cuándo, pero el sistema productivo tenía que volver a funcionar. Diciembre del 2001 fue un caos, enero fue un caos, pero sabíamos que después cuando veías que el dólar había llegado a un nivel y con inflación baja porque había muchísima capacidad ociosa.
-¿Fue un efecto rebote el crecimiento posterior?
- En algún momento de eso salías y Mendoza estaba en condiciones de que le fuera muy bien. En 2002 Mendoza cae mucho menos que el país, y después creció mucho más. Fue por las condiciones que había, pero también por cómo se preparó la provincia. La salida de la crisis fue muy importante. Se hicieron cosas clave, desde cómo gastar la plata. Por ejemplo, las salitas de cuatro y la doble escolaridad empezaron en esa época. El plan Jefas y Jefes de Hogar, que espués copió Duhalde, comenzó en esa época. Después no hubo en Mendoza cambios tan profundos como los que se hicieron en esa época.