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Que el pueblo participe de la fiesta
Un cura del Grupo de Curas en Opción por los Pobres se pregunta por qué mucha gente se molesta cuando el pueblo festeja.
Eduardo de la Serna, coordinador del Grupo de Curas en Opción por los Pobres escribe una columna en Tiempo Argentino.
“¿No es bueno que empecemos preguntándonos cuál es nuestra actitud? ¿Desde dónde miramos las cosas? Ante lo que hemos vivido en estos días, me pregunto ¿por qué?”, dice el sacerdote.
”Conozco gente muy honesta, que quiere poner su vida al servicio (en la vida religiosa y en la vida “civil”), y que está molesta, dolida o hasta enojada por los resultados del domingo y por la fiesta popular que se desató. Y me pregunto ¿por qué? ¿Por qué no pueden solidarizarse, acompañar, participar de la fiesta popular?
“¿Ideología? Sí, creo que en algunos casos la razón es ideológica. No pueden entender, o aceptar otras “ideas”, les parecen quizás menores, o infundadas, o –en el peor de los casos– perversas. Así llaman “populismo”, o en otros casos “fascismo”, “stalinismo”, o directamente “autoritarismo”, y no parece que figure en ningún momento la pregunta, ¿por qué el pueblo, “la gente”, una inmensa mayoría se expresa de esa manera? ¿Es tonta?, ¿Es manipulable?; ¿no entienden lo que sólo nosotros entendemos (desde nuestra idea, la única superadora, la única “iluminada”)? ¿No es esa una actitud soberbia, despectiva de la expresión popular? ¿No terminaría siendo una suerte de propuesta de “voto calificado” como algún eminente macrista alguna vez propuso? Pero lo llamativo es que no hay preguntas, no hay diálogo. No se palpa la pregunta al pueblo de por qué elige expresarse de una y no de otra manera. Especialmente, por qué no se manifiesta como yo creo que debiera.
“¿Paternalismo? También creo que en algunos casos hay paternalismo. En especial de los que tienen un fuerte compromiso social (por razones sociales, religiosas, o las que fueren) pero que lo hacen “desde arriba”. Estos/as no se escandalizarían de ir a tomar mate a una casa de chapa, o meter los pies en la zanja, pero “pobres, ellos”, ¡ya van a cambiar las cosas!… Así, las manifestaciones que “ellos” tienen son limitadas, “infantiles”, sencillamente “pobres”. Deberemos “educarles”, casi como enseñarles, “nene, ¡eso no se hace!” En este caso, muchas veces no hay enojo, pero sí “lástima”. Conmiseración. Esperemos que alguna vez aprendan. Claro que “los políticos” muchas veces no los dejan crecer para que después terminen votando así. En este caso hay cercanía, y a veces hasta preguntas, pero no para dialogar sino para mostrar una especie de “a pesar de esto te quiero”.
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