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Cinco prioridades que debería tener en cuenta la política el día después de las urnas

La campaña y los números de la elección darán grandes pistas al futuro gobernador y sus opositores sobre el camino que debe tomar. La modernización del sistema electoral puede ser una de ellas. La continuidad del proceso en Irrigación y el mejoramiento de los servicios públicos también asoman como necesidades. Algunos de los desafíos, en esta nota. Los que a vos se te ocurran, dejalos en la zona de comentarios.

Este lunes la provincia y el país vuelven a la normalidad, después de otro proceso electoral. Pero esta etapa habrá dejado marcas que la clase política no debería ignorar. Más aún, el resultado de las urnas dará pistas de los pasos a seguir. Aquí, cinco tips para que los políticos tengan en cuenta en Mendoza después del escrutinio.

Uno: reforma del sistema electoral mendocino.

Incluso los analistas del oficialismo daban cuenta hasta el jueves de la presencia de mucho “voto cruzado” para este domingo. Es decir, había tendencias de corte de boleta variadas. Si se confirma eso, la señal de la sociedad para la política puede ser muy clara: Mendoza necesita cuanto antes una reforma y modernización, conceptual e instrumental, de su anticuado sistema electoral.

La campaña que acaba de terminar quedó reducida a su mínima expresión precisamente por los defectos del sistema: al final se tratará solamente de cortar o no la bendita lista sábana de candidatos. La boleta tiene una mezcla disímil de candidatos (votamos desde presidente hasta concejales departamentales) que confunde a los electores. Nadie quiere cambiarla porque los partidos le sacan provecho, pero si la gente la desarma por sí mismo en las urnas, quizás habrá llegado el momento de no hacerse más el distraído y encarar la reforma cuando se puede: después de una votación.

La clase política de Mendoza no fue capaz este año de practicar cambios de provincia grande (como Córdoba y Santa Fe, por ejemplo). Ignoró la boleta única, las experiencias de voto electrónico en algunos distritos y las elecciones provinciales desdobladas de la nacional. Por lo tanto, este domingo, volvemos al cuarto oscuro con papelitos larguísimos (este vez, muy grandes y gruesos) y sobres chiquititos, a merced de las mañas típicas de toda la vida y las nuevas que se les puedan ocurrir.

Los radicales se acordaron muy tarde de que el viejo sistema electoral, tal como está, no les convenía. Antes del famoso “cortá boleta” del jingle iglesista, sacaron sus cuentas y midieron el escenario durante demasiado tiempo. Es decir, nunca los animó un espíritu verdaderamente reformista para cambiar las cosas en tiempo y forma, sino que plantearon el tema encima de la campaña y para satisfacer sus intereses.

El justicialismo, por su parte, se jugó enteramente a la opción contraria -hasta llegar al extremo del  explícito “ponela toda” que pulula como hastag en Twitter- bajo la excusa política de que Mendoza tiene que acompañar el proyecto nacional.  Hay que decir que votar toda una boleta de gente mayormente desconocida sólo porque está liderada por Cristina no es la única manera de ejercer ese acompañamiento político, apenas es la pobre opción que la clase política le ha dejado a los mendocinos.

La Justicia, finalmente, actuó como una corporación que no se interesa en los asuntos de otra. Es decir, dejó todos los detalles de las elecciones en manos de los propios políticos, en vez de hacer su aporte para que elijan el mejor camino.

Habrá que ver a qué se animan desde este lunes los políticos con las cifras de la elección en la mano.


Dos: esclarecer las denuncias contra el titular de Irrigación. Una vez que pase la campaña, la clase política no puede dejar en el olvido las graves denuncias que hay contra la conducción del departamento general de Irrigación, un organismo con rango constitucional que es el gobierno del agua en una provincia desértica.

Hay que advertirlo, pues puede ocurrir todo lo contrario. Las campañas siempre abren un periodo de pirotecnia despiadada entre los candidatos que habitualmente se agota en sí misma. Entonces, los arreglos pesan más que lo que se promete o anticipa en horas de batalla.

El titular de Irrigación, Eduardo Frigerio, tiene fuertes acusaciones en su contra por el manejo del agua y el Jury (compuesto por jueces y legisladores) ya admitió el proceso, con la salvedad de darle continuidad después del periodo electoral. Ahora hay que continuar con lo que se ha iniciado, ya sea para castigarlo o liberarlo de culpa y cargo.

Gane quien gane, el futuro de Irrigación será una mochila pesada para el futuro gobernador. Demostrará en caso de unos la capacidad de liderar la provincia más allá de los compromisos políticos. Obligará a otros a cumplir las promesas empeñadas en la campaña.

Será esclarecedor lo que pase en este tema en el futuro inmediato.


Tres: prepararse para gobernar y…hacerlo de entrada. Los primeros seis meses de gestión son vitales para cualquier líder político que va a gobernar y la transición previa (que va desde fines de este mes hasta principios de diciembre, cuando se toma el ejercicio del poder) es un buen periodo para entrenarse y prepararse. El impetuoso comienzo de la presidencia de Néstor Kirchner en 2003 puede servir de paradigma, cualquiera sea el partido del gobernador electo.

Celso Jaque, en cambio, fue en 2007 un gobernador electo enigmático y errático en el periodo previo a la toma del poder. Y los primeros meses fueron una odisea por su promesa de bajar la inseguridad rápidamente y en un porcentaje del 30 por ciento.

Lo de la transición desaprovechada por el justicialista debe servir de ejemplo para que no se repita. Pero en el otro aspecto, salvo el candidato demócrata Luis Rosales, que prometió casas para todos, el resto de los candidatos no estarán tan condicionados por una promesa ambiciosa de campaña, que le quite la tradicional luna de miel con los votantes de todo principio de gestión.

Rosales ya tiene su desafío. Pero los otros candidatos están en condiciones de devorarse la cancha de entrada, por lo cual deberían preguntarse desde ya qué harán con los temas estratégicos de la provincia.

¿Qué modelo de crecimiento aplicará el nuevo gobernador para remplazar la minería que todos se ocuparon de sepultar en la campaña? ¿Volverá a poner el mandatario electo en el centro de escena la necesidad de una política de seguridad, con toda su complejidad? ¿Sabrá impulsar y liderar una justa política de integración con las provincias vecinas para no seguir perdiendo ante ellas, como ocurrió con la todavía latente promoción industrial? ¿Marcará la cancha a los empresarios que intenten enriquecerse a costa del Estado?

Estas y muchas preguntas más tiene para hacerse desde mañana mismo el que gane las elecciones.

Cuatro: los micros no dan más. El desafío II de los candidatos realizado por MDZ on line en la recta final de la campaña 2011 confirmó el pésimo estado de uno de los principales servicios públicos: el colectivo. Demostró además que un alto porcentaje de la ciudadanía está resignada a tolerarlo así nomás: después de años de maltrato ya no tiene fe en que vaya a cambiar algo y ni siquiera hay quejas.

Es inaguantable que se mantenga un sistema prepago de boletos inexistente, pues no hay red para sostenerlo. La promesa oficial de que se podrá cargar esa tarjeta por telefóno parece haber quedado en la nada. Todavía se viaja como animales en los horarios más sensibles.

Cualquiera que gane la gobernación deberá solucionar esto (que es lo urgente) y también elevar la mirada hacia lo estratégico: cómo se complementará el saludable metrotranvía urbano con el transporte público tradicional para conseguir verdaderas mejoras.


Cinco: renovar en serio la política mendocina. El próximo gobernador debería fijarse el desafío de referenciar un proceso de renovación de dirigentes en su partido, que sirva, de paso, como ejemplo para los que conformen la oposición.

Se sospecha que a nivel nacional, un resultado contundente del oficialismo sobre las oposiciones jubilará unos cuantos dirigentes a los que ya se les pasó su hora. Pero no está tan claro qué pasará en Mendoza desde el 24 de octubre, donde también hay necesidades de este tipo.

La clase política de Mendoza no ha encontrado hasta aquí cómo renovarse. Sigue buscando los referentes en viejas figuras, en las glorias del pasado. O si no apuesta ocasionalmente a un "tapado" sin que ese nombre haya surgido de ningún tipo de proceso, como si jugara a la ruleta con las elecciones, el partido y el futuro de la provincia.

También ha ocurrido que le exigen desde la Casa Rosada postular a jóvenes afortunados, ajenos al corazón de la política local, con más ímpetu y devoción que ideas y méritos. Esa renovación es artificial y no cuenta.

Que en Mendoza la renovación legítima y necesaria de la política se produzca en el corto tiempo está también en manos del gobernador y los dirigentes que resulten premiados este domingo en las urnas.

                                                                                                                                 Juan Carlos Albornoz