Presenta:

Las patologías de una economía subsidiada

Desde 2008, la nafta subió el 46% y el gas oil 78%. La luz y el gas, fuertemente subsidiados durante el kirchnerismo, comienzan a descongelarse. ¿Llegó el final de la era de los aportes millonarios del Estado para financiar la economía? Las duras enseñanzas de Evo.
264487.jpg

La cuestión de la energía en la Argentina es muy compleja, pero queda claro que es un problema que deriva de dos cuestiones: el intenso y sostenido crecimiento de los últimos años y la absoluta falta de previsión de las últimas generaciones de dirigentes.

En este contexto, con gruesos errores y poca transparencia, las dos administraciones Kirchner encararon un asunto que llevaba al menos tres décadas de atraso e invirtieron más de cinco veces en generación que lo destinado por todas los gobiernos anteriores desde 1983.

Como en otros rubros, se podrá decir que los procesos licitatorios de las obras beneficiaron a grupos afines al Gobierno; que la reformulación de la matriz energética no fue consensuada con los expertos del sector; que la política de subsidios garantizó en una primera fase que algunos grupos locales invirtieran en la generación; en fin, como dijimos al comienzo, el análisis técnico y político resulta arduo pero debe darse a partir de admitir que es el energético más que ningún otro uno de los sectores en el que el kirchnerismo hizo y mucho.

¿Podría haber hecho mejor? Sin duda, como en tantos otros temas. El sector se pobló de empresarios provenientes de diversos rubros que encontraron en la formulación del negocio que les ofrecía el kirchnerismo una oportunidad interesante. Algunos de ellos se quejan ahora de que desde 2003 en adelante las tarifas se "plancharon", pero entonces –y después también, para los que entraron más tarde- las condiciones estaban claras: se les entregaba un negocio con una más que interesante rentabilidad garantizada.

¿Qué cambió en el último tiempo? En primer lugar la inflación real impactó en la cuenta de resultados de las empresas. Paralelamente, el Estado se atrasó significativamente en el pago de los subsidios. La confluencia de estos dos factores, más la ausencia de crédito externo, entre otras cosas, obligó a que las empresas se financiaran con sus cajas o sus proveedores para poder encarar las obras. Y aquí los senderos se bifurcan: una cosa son las empresas de generación de energía que no debían encarar más que el mantenimiento de su maquinaria y otra, las empresas que participan del negocio de la generación pero son constructoras de centrales.

Seguí leyendo esta columna en Gaceta Mercantil.