El péndulo argentino
El movimiento pendular del peronismo continuó a pesar de la desaparición física de su líder, el general Perón. Pero no fue una característica solamente del peronismo, porque los radicales también tuvieron sus corrimientos. Las diferencias entre Alfonsín y De la Rúa fueron bastante más pronunciadas que las que había entre Alfonsín y Kirchner o entre Menem y De la Rúa.
Cada vez que el péndulo cambiaba de lado, un sector quedaba a la intemperie. En el peronismo le pasó varias veces a uno y otro sector más a la izquierda o más a la derecha. Si el perdedor de ese momento se armaba de paciencia y esperaba la vuelta del péndulo, lograba una nueva oportunidad. Si se iba, siempre perdía, quedaba fuera de la disputa por el poder. Es una característica incómoda, antipática y hasta políticamente incorrecta porque obliga a la convivencia entre quienes a esta altura de la historia ya tienen muy pocas cosas en común.
Sobre todo tras la neoliberalización del menemismo, en el peronismo las diferencias son más grandes que entre los radicales. El menemismo les birló una certeza a muchos peronistas: la presencia popular funcionaba como garantía de que siempre sería una barrera contra reaccionarios y colonialistas. El menemismo destruyó ese axioma: no sólo no fue una barrera, sino que convirtió al peronismo en entreguista y reaccionario.
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