Todos los ministros de la Presidenta
El enfrentamiento interno en el peronismo capitalino, en rigor, del kirchnerismo en la Ciudad de Buenos Aires, explotó esta semana con una guerra de afiches en la que picaron en punta los ministros Amado Boudou y Carlos Tomada. El primero había comenzado en vida de Néstor Kirchner con sus peñas de los miércoles en la confitería "La Puerto Rico", a dos cuadras de la sede del ministerio de Economía.
"Soñamos con una ciudad creciendo con el país", aseguran los carteles azules que llevan la foto del ministro de Economía, firmados por la Corriente Nacional del Sindicalismo Peronista que conduce Hugo Moyano y la seccional Capital de las 62 organizaciones que lidera Alejandro Amor.
El otro ministro es el del Trabajo. "Tomada 2011. Un hombre de Trabajo", subrayan los afiches con la cara del titular de la cartera laboral que llevan la firma de "Martín Fierro", una de las agrupaciones que integran el Cabildo Abierto del Bicentenario que impulsa a Tomada.
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La mayor visibilidad de este ex abogado de sindicatos y de la CGT se dio, en cambio, a partir de la desaparición del ex presidente en una carpa frente a la Plaza de Mayo que sirvió para pasar la vigilia de las exequias.
Por allí pasaron otros ministros como la ahora "super estrella" del gabinete, Nilda Garré, y el de Educación, Alberto Sileoni, que también acudió a alguna de las tenidas de Boudou.
El ex ministro de Educación y actual senador, Daniel Filmus, hace tiempo que fue postulado por los sectores más progresistas del peronismo porteño y algunos aliados del kirchnerismo. Ya enfrentó a Mauricio Macri en el pasado y, a pesar de que no participa por ahora de la "guerra de carteles", distribuyó la semana pasada encuestas que lo muestran como el peronista mejor posicionado.
Boudou fue enviado por Kirchner a "caminar" la provincia de Buenos Aires. Media docena de candidatos comenzaron a competir por un lugar para enfrentar a Daniel Scioli, pero, entre tantos cambios que provocó la muerte del líder político del kirchnerismo, uno de ellos fue el de jurisdicción: primero Scioli y Kirchner arreglaron cuentas y luego CFK entendió que ya no había necesidad de "limar" al gobernador, por lo que, por distintos motivos, se desactivaron las protocandidaturas de Sergio Massa y Alicia Kirchner, y las de Pablo Bruera y Aníbal Fernández, entre otros.
En el caso de Boudou, resulta indescifrable para casi todos su reciente lanzamiento de la mano de Hugo Moyano, probablemente el dirigente con peor imagen entre el electorado porteño. Salvo que, como es probable, Boudou considere su candidatura como un servicio a la Presidente, como un gesto más de lealtad, basado en el hecho de que él no dispone de una estructura en el distrito.
En realidad, casi ninguno de los lanzados la tiene. Pero Boudou, que también cuenta con el apoyo de Julio De Vido, apuesta a nacionalizar la campaña y crecer de la mano del rebote de la imagen de la Presidente entre los porteños. En ese sentido, no es tan descabellada la apuesta y sería un éxito si su candidatura lograra recaudar un 20 por ciento de votos "cristinistas".
El titular del Palacio de Hacienda prometió reabrir en marzo su peña "La Epoka", cuyas reuniones suspendió después de que se difundieran las fotos que allí se sacó junto a Cristian Favale, uno de los acusados por el asesinato de Mariano Ferreyra.
Tomada ya había protagonizado algún acto apenas ocurrida la muerte de Kirchner. Pero ahora, sin tapa en la olla, decidió que quiere hacer lo que siempre hizo antes de ser ministro. "En el peronismo hay una vocación muy grande por participar y modificar el estado de cosas en la Ciudad, que ha llegado a un nivel de deterioro insoportable", declaró al confirmar su interés por competir por la candidatura a Jefe de Gobierno. Y, por su puesto, disparó contra Macri: "Hay que poner un freno a tanto desprecio por lo público como estamos viviendo en la Ciudad. Estamos para trabajar y sumar".
Los tres cuentan con la bendición de Cristina, que tal como se estila –y su esposo era un cultor de esta manera de hacer política- los dejó bajar al distrito y definirá con las encuestas en la mano quien es el mejor para enfrentar al machismo en la Ciudad.
Aquí se abre un paréntesis. Si Mauricio Macri es candidato a Presidente, como todo indica, cualquier peronista –salvo los federales, que tienen otra interna en el distrito- deberá vérselas con Gabriela Michetti, la dirigente política todavía con mejor imagen en el electorado porteño.
Volviendo al PJ Capital, un dirigente que siempre participa de todos los armados basándose en el supuesto poder territorial que le otorga su sindicato es Víctor Santa María, el titular del gremio de los porteros. A Santa María se lo vio en el acto de lanzamiento de Eduardo Duhalde, lo que anticipa que el ex presidente interino dispondrá de una base en la Ciudad para empezar a armar más allá de las fronteras del peronismo machista, representado por Cristian Ritondo.
La sinuosa relación de Macri con el alicaído Francisco de Narváez implosionó al comienzo de la investigación legislativa del escándalo por las escuchas ilegales cuando Daniel Amoroso, un PRO de la primera hora, se pasó de bando y recaló en las oficinas de "El Colorado".
El titular del minúsculo gremio de los trabajadores de casinos de la Ciudad, dicen, se cansó del "ninguneo" del macrismo y pegó un estentóreo portazo. El daño no fue mayor porque la oposición no operó unida y el enjuiciamiento va camino a diluirse definitivamente, pero el cuadro no puede ser más disperso.
Por fuera del oficialismo peronista comienzan a surgir algunas iniciativas que, sin romper con el kirchnerismo, intentan mostrarse independientes. Los dirigentes Enrique Rodríguez y Julio Balbi, por ejemplo, han comenzado a "tejer" en la zona sur de la Ciudad.
El ex intendente Jorge Telerman, otro dirigente que podría medir bien en la Ciudad, decidió postergar todo trabajo territorial y cualquier negociación hasta su regreso de las vacaciones. En realidad, Telerman estuvo muy activo en los últimos 60 días pero no fue mucho lo que recogió de sus conversaciones.
En la cena que anualmente organiza Juan Carlos "el Chueco" Mazzón, a comienzos de diciembre, "el Pelado" se sentó al lado del subsecretario de Obras Públicas de la Nación, Abel Fatala, un viejo amigo y compañero en el gobierno de la Ciudad.
De cualquier manera, todas las especulaciones tienen destino incierto. Lo único seguro es que deberán dejar pasar los días hasta que las aguas de marzo toquen la orilla de la política. Mientras tanto, un reacomodamiento significativo en el esquema de poder kirchnerista está teniendo lugar con el fulgurante ascenso de la flamante ministro de Seguridad, Nilda Garré, quien tampoco dispone de una estructura política en el distrito pero mantiene una fluída relación con Tomada.
Garré, sin embargo, no parece que vaya a tener mucho tiempo para despuntar el vicio de la política partidaria. Además, no es su fuerte. La ministro se lanzó a una carrera por la ocupación de espacios dentro del Gobierno luego de todos estos años a la sombra, encargada de la poco vendedora tarea de reestructurar a las Fuerzas Armadas.
De allí la rescató la Presidente, que valora su temple y sus consejos. Y le entregó una tarea ciclópea como rediseñar y domesticar a las fuerzas de seguridad, en especial a la Policía Federal pero no sólo a ella. Para alcanzar el éxito en este asunto, Garré sabe que debe retirar hasta el último vestigio de "anibalfernandismo" que quede en el Gabinete, no sólo en la secretaría de Seguridad.
Al cierre de esta edición la purga de funcionarios ligados al jefe de Gabinete no cesaba, llegando incluso a terceros y cuartos niveles. El miércoles, media docena de cambios aparecieron en el Boletín Oficial, algunos formalizando la salida del "fernandista" Sergio Lorusso. Otros, ocupando lugares de segundo plano a expensas del verborrágico Fernández. La ministro Garré no es rencorosa, pero no olvida, y el ex portavoz Fernández le jugó mal en el pasado. Garré, por su parte y fiel a su orgánico pasado, se fue del ministerio de Defensa pero se cuidó de dejar sus "huevos" allí: y su sucesor, Arturo Puricelli, ni piensa en armar lío en ese "gallinero".
El nuevo balance de poder en el Gabinete nacional sin ninguna duda tendrá alguna consecuencia en el equilibrio de fuerzas en la Ciudad, aunque es prematuro anticiparlo. Incluso no faltan a esta altura los afiebrados que imaginan una fórmula CFK-Garré, pero es eso, una hipótesis más basada en la extenuante ola de calor que en la realidad.
Lo que difícilmente cambie es la voluntad de Scioli de repetir en la provincia más grande de la Argentina.
El gobernador bonaerense no tiene doble discurso y a propios y extraños les insiste en que él cree que Cristina debe buscar la reelección. No imagina otro escenario. O no quiere imaginarlo.
Una decisión distinta de la Presidente le abriría un panorama que aunque intuye prefiere alejar de su cabeza. Una candidatura "cautiva" del kirchnerismo le esperaría al siempre paciente primer mandatario provincial si la Presidente decide dar un improbable paso al costado. "Cualquier opción va a estar bien", repite. Y, sí. Cualquier opción va a estar bien. Pero alguna sería mejor que otras.
Publicado por Gaceta Mercantil

