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Los incómodos escollos que deberá sortear Víctor Fayad en 2011

La reforma al Código de edificación, el enojo de los vendedores ambulantes, el fastidio de motoqueros y cuidachoches, y una causa judicial por amenazas al director de MDZ, son algunas de las encrucijadas que deberá sortear el intendente de la Capital en 2011. Los detalles de un año complicado para Fayad.
Foto: Pachy Reynoso / MDZ
Foto: Pachy Reynoso / MDZ
Aunque no lo parezca, 2011 será un año de definiciones y encrucijadas para el intendente de la Ciudad de Mendoza, Víctor Fayad. Luego de un 2010 marcado por un duro “tire y afloje” entre el Ejecutivo comunal y la oposición, muchas de las peleas que han quedado inconclusas se definirán durante este mismo año.

¿De qué conflictos se trata? De varios en realidad.

El primer escollo que deberá resolver Fayad es el que lo enfrenta, tanto con la oposición como con  especialistas y vecinos de la Ciudad, por las recientemente sancionadas modificaciones al Código de Edificación capitalino.

El jefe comunal ha insistido durante meses —por más de un año— en su capricho por lograr aprobar esa norma, la cual fue objetada por arquitectos y hasta referentes del Conicet.  Y aún cuando consiguió su objetivo, su propia insistencia ha generado un involuntario pero creciente movimiento vecinal que intenta lograr la derogación de las reformas al código de marras.

Los agoreros de esa movida son más que optimistas y aseguran que finalmente tendrán éxito a la hora de derribar la norma. Un dato no menor: dos concejales opositores impulsarán una medida penal no bien termine la feria judicial de enero.
 
Independientemente de ello, aún nadie ha logrado responder la pregunta más relevante: ¿Por qué Fayad ha llegado al límite de lo legal para impulsar esas modificaciones al compendio edificatorio? ¿Por qué llegar a erosionar su propia imagen por apoyar un proyecto objetado por todo el arco profesional mendocino? Si bien las respuestas no son nada sencillas, las especulaciones están a la orden del día y llevan el nombre de una conocida inmobiliaria.

Pero no es ese el tópico que traerá mayores dolores de cabezas al jefe comunal. Dos complicaciones que parecen triviales, pero no lo son, se yerguen de a poco sobre su gestión: una es la referida a los “cuidacoches” —a quienes Fayad ha criminalizado injustamente y quiere “borrar” de las calles—; y la otra es la que involucra a los “motoqueros”, en el marco de la imposición comunal para que usen identificación en sus cascos.

En ambas cuestiones, el intendente sabe que tendrá una dura disputa a futuro. Primero, porque deberá lidiar contra personas que no son de fácil convencimiento y que ya han mostrado los dientes a la hora de resistir; segundo, porque no podrá tomar medidas que puedan costarle su imagen política, de cara a un año electoral como el que acaba de iniciarse.

Y si de problemas se trata, los vendedores ambulantes representan otro de los incordios que deberá sortear Fayad en los meses venideros. Desde que fueron “acomodados” en ineficaces “persas”, sus ingresos han disminuido en más de un 50%, lo cual ya los llevó a cortar calles céntricas y mostrar su consecuente enojo el 18 de diciembre pasado. “No habrá más advertencias. Si no nos dan una solución, salimos todos a la calle de nuevo y no nos para nadie”, admitió a MDZ uno de los referentes de la protesta de ese sector.

La última complicación del intendente capitalino reposa en un sugestivo expediente judicial, donde deberá este rendir cuentas por las “amenazas agravadas” que ha proferido al director de este diario y que llevaron a que la Justicia lo imputara a mediados de septiembre de 2010.

Allí, Fayad se encuentra comprometido por demás, ya que la evidencia que se ha acumulado en su contra es concluyente e irrefutable. ¿Insistirá el jefe del Ejecutivo en pedir ayuda al Gobierno nacional para zafar de las imputaciones?

Haga lo que haga, Fayad ha demostrado poseer una idiosincrasia envidiable, donde los problemas que lo aquejan parecen no hacerle mella. Poco le importan los incesantes señalamientos que le son efectuados por la supuesta falta de eficacia en su gestión o los desplantes de la oposición a sus proyectos normativos.

“Yo ya estoy jugado”, suele decir a quienes lo frecuentan, en una suerte de mensaje críptico que puede interpretarse de diez maneras diferentes.  Sus actitudes personales son coherentes con esa frase: nada parece importarle a Fayad a la hora de llevar a cabo sus propios caprichos personales. Siempre lo logrará, de una manera u otra.

Frente a ello, solo resta una pregunta: ¿Podrá avanzar con sus extravagancias durante 2011?