¡Lea Sanz!
Todavía resuenan las declaraciones del legislador Ernesto Sanz. Ecos mediáticos proclives al cultivo del espontaneísmo gorila. Sanz ya lo dijo, y quiso aclarar luego, pero oscureció igual. Palabras más, palabras menos, el señor espetó sin pudor: “la asignación universal por hijo se está yendo por la canaleta del juego y la droga”. Si bien aclaró que es buena en términos teóricos, nunca se ocupó el legislador en informarse de su impacto, del beneficio que implica para casi 3 millones y medio de personas en todo el país.
Las palabras de Sanz son, cuanto menos, una falta de respecto a todos aquellos que la reciben y la necesitan; y que la están usando para alimentarse. En Sanz, es raro. Porque si bien es cierto que encabeza una parte importante de la oposición política en el congreso, además de ser uno de los referentes más importantes del radicalismo nacional, nunca se lo escuchó decir tamaño baño de infortunios. Una cloaca desesperada, un manotazo de ahogado ante la falta de seriedad de la oposición que él integra. Una opinión típica del más rancio conservadorismo gorila y antipopular de los años cuarenta y cincuenta. Esos dichos me los imagino más en Carrió pero parece que Sanz le ganó de mano y se embanderó en el zoo.
Quisiera compartir algunos párrafos de una investigación sobre el impacto que hasta hoy tuvo la entrega de esta asignación universal en la Argentina. Una medida valorable que, por sus indicadores, no podemos hacer más que aplaudir su implementación, sea el gobierno que sea.
Según Alfredo Saiz del diario La Nación en una nota del 5/5/10 “El efecto de la asignación universal por hijo llegó al consumo. Desde la puesta en marcha del plan oficial que beneficia a los hogares de menores ingresos, las ventas de los productos de la canasta básica acumulan subas que, según las mediciones privadas, oscilan entre 4,5 y 5,8 por ciento. De acuerdo con un relevamiento realizado por la consultora Nielsen, entre diciembre de 2009 y marzo de este año la demanda de alimentos, bebidas, artículos de tocador y de limpieza registró un alza del 5,8%, contra el 1,3% con el que había cerrado 2009. La mejora del consumo coincidió con la entrada en vigor de la asignación universal por hijo, que comenzó a entregarse en los primeros días de diciembre del año pasado. El plan contempla el pago de $ 180 por hijo y en principio beneficia a 3,5 millones de chicos menores de 18 años, que son hijos de desocupados, de trabajadores no registrados que cobran menos del salario mínimo, de empleadas domésticas y de monotributistas sociales”.
Por otro lado, un estudio encargando especialmente para medir el impacto de la medida realizado por los investigadores del Conicet, Emanuel Agis, Carlos Cañete y Demián Panigo, plantea que “En el presente documento se ha desarrollado un análisis del impacto de la AUH sobre 4 dimensiones centrales del bienestar social: la pobreza, la indigencia, la desigualdad y la vulnerabilidad relativa de grupos poblacionales clave. Como primer resultado que antecede a las dimensiones de análisis más relevantes ha de destacarse que la implementación de la AUH implica una profunda transformación de la distribución del ingreso que puede apreciarse rápidamente en el traslado hacia la derecha de las funciones de distribución generales representadas por los kernels del ingreso por adulto equivalente de cada hogar (IPEA). Cuanto más a la derecha se desplacen estas distribuciones, más igualitaria se vuelve la sociedad (Fuente: investigación Conicet. Emanuel Agis, Carlos Cañete y Demián Panigo)
En el siguiente enlace podes leer los resultados finales completos del estudio mencionado. https://www.slideshare.net/mariamariamo/impacto-de-la-asignacin-universal-por-hijo-en-argentina
En tanto, la experiencia brasilera, también es un espejo respecto de la necesidad de implementar estas políticas de estado. Aquí, un breve resumen sobre el programa “Bolsa Familia” que implementó el gobierno de Lula da Silva
Brasil: El Programa Bolsa Familia
El Plan Bolsa Familia fue implementado en 2004 y constituye el principal programa de asistencia social del Gobierno Federal de Brasil, el cual lo ha definido como “el plan social más grande del mundo”. La magnitud del plan es considerable, puesto que el mismo alcanza al 23% de las 190 millones de personas que habitan el país. El programa consiste básicamente en una transferencia de ingresos incondicional a sectores de bajos ingresos, favoreciendo especialmente a aquellos hogares que cuenten con la presencia de niños. El único requisito para acceder al ingreso adicional por niño es que los mismos se encuentren en edad escolar y cumplan con los planes de vacunación pertinentes. El programa es cofinanciado por el Banco Mundial, institución que ha destacado los éxitos del plan en materia de combate contra la pobreza extrema y la garantía del cumplimiento de derechos sociales básicos como ser salud y educación. Los requisitos para acceder al plan se estipulan en función del ingreso del hogar, el cual no puede superar los 140 reales. Cabe destacar que según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) en 2008 la línea de pobreza se ubicaba en los 232 reales, mientras que la de la indigencia en 116. En este sentido, si se considera la relación entre las condiciones de acceso al plan y los guarismos anteriores, el amplio grado de cobertura antes mencionado da cuenta de la magnitud del problema de la extrema pobreza e indigencia de Brasil. Por último, la condición de acceso vía un ingreso máximo implica que el programa no tiene un carácter universal, sino que el mismo se encuentra deliberadamente orientado a un sector específico de la población.
El programa consta de dos tipos de estipendios: un beneficio básico de 68 reales para familias cuyo ingreso por persona no supera los 70 reales y un beneficio variable, de 22 reales al mes por hijo menor de 15 años (hasta un máximo de tres) y de 33 reales por hijo adolescente (hasta un máximo de dos) para las familias cuyo ingreso per cápita no supere los 140 reales. El primer monto es de carácter incondicional, mientras que el segundo se encuentra supeditado a la escolarización de los menores y al cumplimiento de ciertas pautas sanitarias, principalmente de vacunación. El total que una familia puede recibir por la suma de cualquiera de los anteriores beneficios no puede superar los 200 reales al mes. El financiamiento del programa es afrontado en su mayoría por las arcas públicas con ingresos provenientes de rentas generales. En 2008, el costo total del plan ascendía a 10.400 millones de reales, lo que representa un 110,4% del PIB de Brasil y un 2,5% del gasto público total. En cuanto su impacto, las estadísticas del IBGE indican una notoria reducción de la pobreza. Según cálculos de Beghin (2008), entre 2004 y 2006 la extrema pobreza cayó en un 4,9% y la pobreza en 2,7%. A su vez, el programa ha contribuido a reducir la desigualdad entre pobres y ricos debido a su alto grado de focalización en los sectores de muy bajos ingresos.