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Un juego de niños

El máximo atractivo de la asamblea legislativa fue la pelea entre Jaque y su vicegobernador Racconto. El resto del oficialismo se prendió al juego de moda en el PJ (destrozar a Racconto). Y los temas realmente importantes quedaron en el segundo plano o fueron omitidos en el mensaje más importante que da el gobernador en el año.
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La apertura de sesiones ordinarias fue este año un acto con más señales destinadas a alimentar el ínfimo microclima de la política que hacia la sociedad mendocina en su conjunto.

El gobernador Celso Jaque y su vice Cristian Racconto, con su juego de enfrentamientos inoportuno, se habían ocupado en la previa de crear ese pequeño universo, en el que todos sus actores ahora se miran el ombligo.

Y este sábado, con desaires e infinidad de pequeños mensajes mutuos, ambos contagiaron con esa pequeñez a todo el evento institucional. Transformaron una pelea infantil en el máximo atractivo de la jornada.

En contraste, el discurso de Celso Jaque fue apenas un soporífero balance más de gestión, sazonado con algunas “sorpresas”, como el pedido de una reforma constitucional que promueva la reforma política (un objetivo que ni siquiera el gabinete del gobernador confía en lograr) y la reestatización de Obras Sanitarias Mendoza (tema impuesto por los problemas de contaminación de las últimas semanas).

En búsqueda de “síntesis”, según sus propios argumentos, el gobernador ni siquiera destinó tiempo para hablarles a los mendocinos de cómo sigue la compleja relación con el Gobierno Nacional ni de cómo planea conseguir más recursos, en medio del debate por la coparticipación federal.

Confundiendo bajo vuelo con expresión de “hechos concretos”, Jaque también ignoró asuntos que han sido centrales en discursos de otros años, como el famoso plan de viviendas para la clase media, que en otros tiempos generó acaloradas discusiones en la Legislatura pero que ahora directamente desapareció de su alocución. Tal vez, por haber sido uno de sus profundos fracasos.

Uno de los elementos importantes del discurso de Jaque fue la idea de  terminar con las “discordias” de la política.

Pero una vez más, estas frases parecieron solamente destinadas a reseñar y profundizar su pelea con el vicegobernador. Y hasta el anuncio de la ampliación de un plan de seguridad basado en la vigilancia de las cámaras que se instalan en lugares públicos pareció una referencia a la denuncia de espionaje de Racconto.

Injusto sería culpar sólo a Jaque por este show en el que primó el objetivo de ningunear al vicegobernador y preocuparse de que esto salga en los diarios. Cada comentario y cada gesto ante la prensa de funcionarios e intendentes del oficialismo puso de relieve la pelea entre el gobernador y su vice.

El vicegobernador, por su parte, podría haber dejado sus denuncias para otro momento. Debería haber medido el impacto de acusar al Gobierno de espionaje justo una semana antes de que se produzca uno de los eventos institucionales más importantes del año.

Nadie actuó con madurez cívica y el resto de las cosas (esas que preocupan de verdad a la totalidad de los mendocinos, como la seguridad, la salud y la situación económica, entre otras) quedaron en segundo plano.

Podría haber sido peor si no se hubiera tomado una decisión que (dado el contexto) fue sabia: acotar al mínimo el montaje de aplaudidores de Jaque en los alrededores de la Legislatura.

Notable: como hubo poca movilización pro-Jaque, el clima pareció ser más racional y serio fuera de la Casa de las Leyes que en su interior.