Ganar las calles y las plazas: el plan de todos para luego ganar en las urnas
¿Hay riesgos de que la crispación política se traduzca en movilización y confrontación social? Algunas de las teorías conspirativas -aseguran- ya están en marcha, con la mirada puesta en desvirtuar la capacidad de movilización que tiene el gobierno alrededor de sus ideas, consignas y afinidades. Las "puebladas", bajo la lupa oficial.
Hay en el país una capacidad de movilización política que no se veía desde los tiempos del esplendor alfonsinita. Además, se registra la existencia de unas nuevas capacidades, inexistentes en los años ´80: la de reacción espontánea de las personas que adscriben a la “clase media” y la interconexión de adolescentes mediante el uso de las redes sociales.
No les resulta tan fácil a los dirigentes de los partidos políticos juntar gente detrás de sus figuras, más escuálidas que en el regreso a la democracia y, por cierto, menos prometedoras y esperanzadoras que otrora.
Por ello, lo que convoca y moviliza son las “causas”. Las cosas simples de todos los días, como tener qué comer para los más desposeídos, o contar con servicios públicos en funcionamiento para los mejor favorecidos.
Estas nuevas capacidades sociales que se trasuntan en cacerolazos, cortes y piquetes espontáneos u organizados de calles; o bien, con plazas llenas de gente que se abraza a sentimientos, ideas o afinidades bajo la presión de creerlas “bajo riesgo”.
Soterradamente, otro tipo de movilizaciones están basadas en intereses espurios. Son las generadas como producto de la cocción de un caldo que contiene como ingredientes, necesariamente: un político que quiere arrebatarse el poder; su incapacidad de acceder a él por métodos “normales”; la siempre latente aunque a veces silenciada necesidad de sectores sociales de que se cubran expectativas o derechos que no se cumplen; malhumor social y prensa, mucha prensa. Esta última puede llegar a ser el contenido mágico necesario para que entre en hervor la fórmula mágica.
Esta última fue puesta en marcha muchas veces (demasiadas) en el país desde la recuperación de la democracia, justamente (e irónicamente) para minarla y condicionarla.
Desde los sectores que acompañan al gobierno nacional apuestan a que la peor de todas las formas de movilizarse ya está en marcha. Acusan a discreción, por las dudas, y ven en los brotes de Baradero una señal clara. Un clásico: Duhalde. La novedad de este tiempo: “Es Clarín”, dicen. La versión heavy: “Es toda la oposición”.
Lo cierto es que antes de concurrir a las urnas en la búsqueda de un triunfo, está claro que unos y otros apuestan a ganar la calle, las plazas.
Esta última fue puesta en marcha muchas veces (demasiadas) en el país desde la recuperación de la democracia, justamente (e irónicamente) para minarla y condicionarla.
Desde los sectores que acompañan al gobierno nacional apuestan a que la peor de todas las formas de movilizarse ya está en marcha. Acusan a discreción, por las dudas, y ven en los brotes de Baradero una señal clara. Un clásico: Duhalde. La novedad de este tiempo: “Es Clarín”, dicen. La versión heavy: “Es toda la oposición”.
Lo cierto es que antes de concurrir a las urnas en la búsqueda de un triunfo, está claro que unos y otros apuestan a ganar la calle, las plazas.


