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Ese tonito de la Presidenta

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La presidenta Cristina Fernández de Kirchner perdió la oportunidad de ofrecer un discurso histórico de Jefa de Estado, para pronunciar –en la apertura de las sesiones del Congreso en el año del Bicentenario- un discurso de barricada en el que no hizo más que defenderse.

Una serie de datos de la realidad que podrían haber puesto de relevancia a su gestión y a la recuperación del país luego del apocalispsis de 2001, quedaron sepultados bajo un tono de discurso impropio para un estadista y más cercano al de un político en campaña que al de una presidenta.

Busco y encontró enemigos a razón de dos por párrafo: los mostró y golpeó. Esto, lejos de aportar a un mensaje fundacional en una fecha tan especial, demostró que sigue siendo una presidenta insegura. Cristina se mostró más Kirchner que Fernández, cuando auscultó en las bancadas a su marido, el ex presidente y éste le festejó cada zarpazo contra Clarín, contra Carrió –sin nombrarla-, contra los opositores, dándole esa confianza de la que, evidentemente, la mandataria carece.

La Presidenta abusó del uso del “yo”, como rindiendo un examen que nadie le tomó. “Yo hice esto, yo propuse aquello”.


Después de ver la reacción de la jefa de Estado de Chile en el peor momento de su país, es inevitable y hasta necesario formular comparaciones, por más odiosas que resulten: Cristina Fernández de Kirchner carece de la templanza necesaria y se excede al poner sus ideas por encima de las de los demás. La Presidenta contagia inseguridad cada vez que se sube al púlpito y, esta vez, con ese tonito burlesco y autosuficiente, inclusive descalificó lo que podría haber mostrado como el mérito de una nueva Argentina para “todos”, porque en las palabras que le dicta su conciencia no hay “otros”, no hay “nosotros” sino exclusivamente un “yo” demasiado grande. Tan grande como intrascendente para el destino de la república.

Una verdadera lástima.