Cobos y un aniversario con poco para festejar
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"No tengo nada que festejar", cuentan que dijo Julio Cobos la noche del 28 de octubre de 2007 en el hotel Intercontinental de Capital Federal, durante el festejo por el triunfo electoral que lo transformaría en vicepresidente de Cristina de Kirchner. La amarga frase, tomada del libro "Cuidado con Cobos", de los periodistas mendocinos Analía Boggia y Javier Polvani, revela la mezcla de emociones del día en que Cobos ganó, pero a la vez perdió: en Mendoza, su candidato a gobernador, César Biffi, había perdido las elecciones a mano de Celso Jaque.
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Su actual proyecto electoral (ser presidente de los argentinos en 2011), por otro lado, ha quedado en el limbo por su derrumbe en las encuestas. Y a la distancia sólo puede valorarse como un logro concreto de Cobos la recuperación del radicalismo como partido, lo cual es una ironía en sí misma: unos años antes estuvo a punto de desmembrarlo debido a su suscripción a la concertación kirchnerista.
Visto por el oficialismo como usurpador del cargo que ostenta por la Casa Rosada, la incidencia del vicepresidente se volvió casi nula desde mediados de 2008. Aunque hasta entonces no se vislumbraban muchos indicios de que pudiera gravitar en las decisiones de país.
Ya durante la campaña electoral el kirchnerismo lo castigó por su tibia resistencia a la manipulación de cifras estadísticas del INDEC, al defender los índices provinciales, que diferían de los que dibujaba Guillermo Moreno. El destino de Cobos estaba marcado desde entonces. La gran pregunta es si el mendocino supo o no, desde siempre, que el matrimonio Kirchner le concedería un papel tan menor en su historia.
Sea como sea, los primeros meses como vicepresidente empezaron a demostrar que no había otro rol para él que el de “tocar la campanita” en el Senado. Ser vicepresidente y parte de un proyecto político de coalición nunca se reflejó en cargos significativos para el cobismo en la estructura del Gobierno Nacional. Y su mínima cuota de representación (apenas algunos asesores del Ministerio de Infraestructura) desapareció después del voto no positivo a las retenciones o fue cooptado por el kirchnerismo, como es el caso del mendocino Mario De Casas.
El largo festejo. Cobos tardaría unos meses en descubrir un mejor destino, al compás del sordo conflicto de Cristina con el campo por las retenciones móviles. Despertó con una carta abierta de llamado a la concordia nacional que precipitó su única influencia en las decisiones del Gobierno Nacional a lo largo de estos años. Aquella carta reclamaba abiertamente el envío de la resolución 125 al Congreso y la solicitud fue acogida por la presidenta.
Cobos creyó que ese "sí" de la Casa Rosada le daba alas y margen de maniobra en el oficialismo. Pero se equivocó: todas sus acciones posteriores en el Congreso fueron vistas como maniobras de un político especulador que efectivamente había comenzado a abrirse del proyecto nacional.
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Tal vez aquella carta, que Cobos “vendió” en los medios como la idea de una de sus hijas, le dio conciencia de su poder de fuego. Acompañado editorialmente a partir de este momento por el grupo Clarín, ya entonces en abierto conflicto con Néstor Kirchner, Cobos siguió por el mismo camino con ideas propias y convocatorias de diálogo con la oposición.
Acompañado por la suerte y los números, transitó la pelea de las retenciones como uno de sus protagonistas hasta la noche del voto “no positivo”, cuando directamente pasó a ser una estrella de la política nacional. Ese voto que indudablemente le permitió festejar y soñar con más, por lo menos durante el año y medio posterior.
Acoso K y buena suerte. La primera reacción presidencial al "no positivo" estuvo guiada por el equívoco sentimiento de venganza. La Casa Rosada optó por acosarlo sistemáticamente para que renunciara. Lo despreció en cuanta actividad oficial se produjera. Llegó a negarle infantilmente el uso de los aviones de la presidencia para su traslado. Se concentró, en definitiva, en acciones que sólo conseguían victimizarlo y hacerlo crecer en la consideración pública.
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A Cobos le bastó durante aquellos días con dejarse llevar y no perder la paciencia. Por supuesto, nunca se resistió al calor popular, la única llama que realmente lo alienta.
La caravana del día después del voto de las retenciones se extendió hasta fines de 2009 y le prodigó en el medio una contundente victoria electoral en Mendoza sobre el justicialismo en las elecciones legislativas de mediados del año pasado.
La ayudita de Raúl Alfonsín. El martes 31 de marzo de 2009, Raúl Alfonsín, el “padre de la democracia”, murió en su departamento de Capital Federal. Cristina se encontraba en ese momento fuera del país y, por lo tanto, Cobos era la autoridad máxima y protagonizó todos los homenajes. La suerte, uno de los componentes innegables de la carrera del mendocino, volvía a sonreirle.
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En aquellos días, el vicepresidente hizo público uno de los últimos deseos de Alfonsín: "En la última conversación que tuvimos, Alfonsín me pidió que vuelva al partido”, reveló Cobos.
Estos hechos lo convirtieron durante varios meses en una suerte de heredero natural de Alfonsín, el hombre capaz de resucitar la UCR, que había caído al abismo después de la crisis de 2001.
Para Cobos, las puertas del radicalismo se empezaron a abrir cuando el tribunal de Ética de la UCR resolvió levantar la expulsión de por vida que le había aplicado por su unión al kirchnerismo.
Las encuestas le sonreían y lo empujaban a la candidatura presidencial. Y Cobos siguió festejando durante todo 2009. No sólo en Buenos Aires, sino también en el hotel Huentala de Mendoza, el tradicional búnker electoral del radicalismo, donde estuvo el 29 de junio para festejar la contundente victoria de sus candidatos a legisladores sobre los de Jaque (le sacó más de 20 puntos) y sacarse el mal trago de 2007.
Pero nunca los festejos pueden durar para siempre.
Crisis opositora=crisis de Cobos. Después de perder las elecciones del año pasado, muchos dieron al kirchnerismo por derrotado. Pero el fallecido ex presidente de la Nación, Néstor Kirchner, sanó rápidamente sus heridas y fue al cruce con un proyecto conflictivo: la ley de Medios. No perdió el tiempo: podía sacarlo antes de diciembre, cuando cambiaría la composición del Congreso y perdería la mayoría en las bancas.
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En el Senado, Cobos no pudo o no supo cómo combatir con el kirchnerismo, que volví a tomar impulso. La oposición en pleno no encontró armas ni herramientas. Peor aún: después del recambio parlamentario de diciembre de 2009, Cobos y los opositores no consiguieron hacer del Congreso de la Nación ese ámbito de renovación, de cambio, que la mayoría de los ciudadanos votaron a mediados del año pasado.
Los encuestadores dicen que Cristina comenzó a subir en la consideración pública, de manera gradual y lenta, desde comienzos de 2010, al compás de un Congreso que permanecía hundido en la inacción, las chicanas, las acusaciones cruzadas; y gracias a la sensación de que el país no estaba por mal camino. Los mismos especialistas sostienen que Cobos se empezó a desdibujar al mismo ritmo que los opositores, por no cumplir con las expectativas generadas en la campaña.
Así, casi hecho un fantasma, permaneció Cobos en medio de debates calientes de este años, como el del matrimonio homosexual, una de las victorias más importantes del kirchnerismo.
En octubre, la discusión del 82 por ciento móvil para los jubilados le permitió gozar de una breve resurrección. El proyecto opositor logró atravesar las gruesas barreras tendidas por el oficialismo en el Parlamento y llegó al recinto. Se repitió la paridad absoluta de votos y el mendocino tuvo la oportunidad una vez más de votar. Y lo hizo nuevamente contra el kirchnerismo.
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Pero el nuevo voto de Cobos no resultó tan determinante para el país como el de 2008. La gente, tal vez, reconoció que las administraciones kirchneristas fueron generosas con los pasivos. No se logró instalar del todo un punto de contacto entre las retenciones y la ley jubilatoria: en ambos casos, se buscó condicionar el gasto de la gran caja del gobierno nacional.
Lo cierto es que el veto presidencial agotó rápidamente un nuevo capítulo de cruces y confrontación entre la administración kirchnerista y Cobos. Y su "no positivo" posiblemente ni siquiera impactó tanto como el inoportuno rescate de los 33 mineros chilenos, que se transmitió en vivo por todos los canales la misma noche de la sesión en el Senado.
Fin del juego. Suele ser extraño el comportamiento de la opinión pública en la Argentina. Los insultos a Cobos en la Plaza de Mayo, durante el velatorio de Néstor Kirchner; y el absoluto y pleno derrumbe del mendocino en las encuestas a partir del mes pasado, sugerirían que él fue quien mató al ex presidente. No hay otra razón que justifique el castigo de la gente. Nada distinto (ni para bien, ni para mal) hizo Cobos a partir de los últimos días de octubre.
Cobos, obviamente no mató a nadie. A Kirchner simplemente se le paró el corazón, tal vez por no atender a tiempo los consejos de sus médicos. Pero el país, políticamente hablando, cambió en el acto: revalorizó al ex presidente y empezó a darle vía libre a su esposa, la Presidenta actual, para pensar en serio en un segundo mandato a partir de diciembre de 2011, mientras a la vez condicionó el futuro político de Cobos con una contundente caída de su imagen pública.
Cleto perdió su antihéroe el 26 de octubre, el parámetro de “maldad” frente a quien medir su propia virtud en cada acto. Sin Kirchner, Cobos no parece tener razón de existir. Por eso el vicepresidente atraviesa un presente plagado de incertidumbre respecto de su candidatura presidencial, ahora amenazada no sólo por el hijo de Raúl Alfonsín, sino incluso por su coterráneo Ernesto Sanz.
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Llega al tercer aniversario como vicepresidente, entonces, sin nada para festejar.
Los últimos días lo encontraron en Mendoza, anunciando tímidamente el lanzamiento de su plataforma electoral para mediados de este mes, en forma de “aporte al radicalismo”, pero dilatando una vez más para el año que viene la definición de su candidatura.
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En su entorno, las críticas son cada vez más severas porque no se ocupó nunca del armado político que algunos consideran necesario para ser candidato. Y porque persiste en la duda.
De todos modos, por más sólida que hubiese sido su candidatura, tal vez nada hubiese salvado a Cobos del devastador “efecto luto”, que santificó a Néstor Kirchner y demonizó a todos sus enemigos.
Absolutamente todo el mundo de la política está pendiente de la proyección en el tiempo del efecto de la muerte de Kirchner y los réditos para Cristina. Hay quienes dicen que la tendencia a favor de la presidenta es irreversible, mientras que otros no son tan concluyentes y piensan que el efecto puede ser temporal.
Cobos, por sus declaraciones más recientes a MDZ, se anota entre los segundos: “Toda la dirigencia política ha tenido cambios circunstanciales, veremos cómo se mantiene esto en el tiempo”, expresó el vicepresidente esta semana.
Video: Maxi Quinteros.










