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Aníbal, obligado a hacer profesión de fe cristinista o a irse

El Jefe de Gabinete habló de sogas en casa del ahorcado y, en lugar de reafirmarse en el entorno de Cristina, sumó sospechas en su contra. Habló de saqueos y, al intentar acusar a su ex jefe Duhalde por los disturbios en Villa Soldati, comparó la situación actual del país con los momentos finales de De la Rua.

¿Puede Cristina Fernández prescindir de la muñeca de Aníbal Fernández, el ministro que lleva 8 años como tal sin solución de continuidad? Sí, puede. Y ya lo demostró: lo desautorizó tras la inacción policial en Villa Soldati, le quitó el poder que manejaba dentro del Ministerio de Justicia creando un Ministerio de Seguridad, puso al frente a su archienemiga Nilda Garré, lo puso a un costado de la mesa de negociaciones con Macri y los okupas, entronando a Florencio Randazzo y habilitó a una purga de "anibalistas" del Gobierno, que se está gestando.

Como condición sine quanon, la Presidenta le ha pedido que vuelva a demostrar que sigue siendo "duhaldista portador sano", como él le gusta llamarse, y dar cuenta de que el virus no hizo eclosión. Así, el otrora impoluto Aníbal Fernández, por primera vez sólo y sin poder, debió salir a exagerar sus críticas a su ex jefe Eduardo Duhalde.

El ex mandatario se prestó al juego. En definitiva, si se lo elige como enemigo, crece en la consideración popular como alternativa opositora.

"Busquen las declaraciones de dirigentes que han paseado su fascismo, como Abel Posse, u otros tantos que vienen a hacer declaraciones desde los Estados Unidos -en referencia a Duhalde-. Lo que están haciendo ya lo han hecho, y lo hicieron con el objetivo de sembrar desconcierto, preocupación, pero no la va a haber", dijo Aníbal, estridente.

A pesar de su esfuerzo, en el naciente "cristinismo" todos miran de reojo al Jefe de Gabinete. Nadie hasta que a él se le ocurrió ventilarlo, se le había ocurrido hablar en público de la posibilidad de estallidos sociales.  "Siempre acercándose las fiestas, encontraron alguna motivación, para incentivar la toma de supermercados y para incentivar la agresión", dijo Fernández comparando la situación actual con la vivida, entre otros, por Fernando de la Rua.

Entonces, en el entorno presidencial, la profesión de fe de Aníbal hacia la Presidenta se volvió sospechosamente afin a los planes de complot que él mismo denunciaba: ¿era necesario comparar a este gobierno con el De la Rúa? ¿Era imprescindible transformarse en partenaire de los saqueos, mencionándolos casi como una invocación?

Nadie le cree adentro o afuera del Gobierno. Y su desafío es, una vez más, reinventarse para sobrevivir.

En escena: