Llamado solidario: con extrema urgencia, se necesita
- Racionalidad. Algunos diputados de la oposición denunciaron que habían recibido extorsiones y ofertas de sobornos para aprobar el presupuesto. Luego lo desmintieron, pero consiguieron una gran repercusión mediática al extremo de instalar la discusión del Presupuesto nacional desde una visión marginal: el “escándalo”.
- Coherencia. La Presidenta de la Nación reclama que los legisladores le den el derecho (que tiene) de contar con un Presupuesto para su último año de Gobierno. Pero en un discurso pronunciado el martes se resignó: “Nos obligarán a prorrogar la vigencia del actual Presupuesto”, dijo, palabras más, palabras menos.
- Más coherencia. Aquellos que denunciaron presiones y que luego las desmintieron o minimizaron (“aprecio mucho a la persona que me presionó” dijo insólitamente la diputada evangelicobista Cynthia Hotton) hoy volvió con el primer libreto y señaló como responsable a la mendocina Patricia Fadel, que pasó del aprecio al desprecio en cuestión de horas.
- Seriedad. ¿Alguien sabe de qué hablamos cuando hablamos de Presupuesto? El escandalete que es alimentado a diario con nuevas puestas en escena deja absolutamente de lado la única parte del debate que podría llegar a interesarle al común de la gente: en qué se gastará qué cantidad de plata el año que viene. De qué forma, en qué provincias, con qué controles, bajo qué criterios.
- Diálogo. Negociar es hablar. Para que alguien ofrezca algo a cambio de otra cosa, debió intervenir una voz que dijo A y otra que respondió B o Z. La Presidenta reclama diálogo. La oposición reclama diálogo. Pero, ¿por qué no homologamos públicamente cuál es la acepción de la palabra que van a usar así se dejan de gritarse de una punta a la otra con nosotros al medio? La democracia es negociación, se ponga colorado quien quiera ponerse colorado.
- Sinceridad. Necesitamos que nos cuenten que están peleando para Mendoza en esta pelea -que se ve tan grave a lo lejos- los legisladores nacionales que nos representan. Qué habrá de más, qué conseguirán por exponerse tanto a ser voceros del oficialismo como de la oposición.
En definitiva, lo que necesitamos entender con extrema urgencia es qué será del país el año que viene, y el otro y el que sigue. Están quienes nos impiden alcanzar ese conocimiento porque tienen la fuerza de los votos y la prepotencia del oficialismo. Pero también están los que –dándole aire a un escandalete flojo de papeles- también lo impiden, cuando su misión debiera ser esclarecer, abrir los números al conocimiento y al debate y, por qué no, proponer una alternativa a lo que el Gobierno necesita aprobar. Porque si la oposición no le aprueba el Presupuesto, tampoco podrá controlarlo. Un juego de locos.