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Conflicto entre la Argentina y el Reino Unido, una novela sin final
No es la primera vez que el Gobierno argentino protesta por la excesiva injerencia británica en el territorio de las Islas Malvinas; por caso, a principios de mayo de este mismo año, el canciller Jorge Taiana condenó de manera enérgica el anuncio del Reino Unido de que comenzaría a explorar para buscar petróleo en esa zona en conflicto.
Ello llevó al retroceso inmediato en las negociaciones que se llevaban adelante por la soberanía de las codiciadas islas y a la virtual ruptura de las relaciones diplomáticas entre la Argentina y Londer.
En esos días, la presidenta Cristina Kirchner se apuró a firmar el decreto 256 para exigir a los barcos que naveguen por aguas argentinas que soliciten un “permiso especial”. Sin embargo, el ministerio de Relaciones Exteriores británico sostuvo entonces que las "áreas marítimas circundantes" a las islas "no son aguas jurisdiccionales de Argentina".
Hay que recordar que Londres también apela a la Ley Internacional y a la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, la cual establece que todos los barcos tienen derecho al pasaje legal por aguas territoriales "y tienen libertad de navegación en aguas más allá del mar territorial".
Como sea, este nuevo reclamo argentino hacia el Reino Unido, es la postal más cabal de que la solución del “tema Malvinas” no será nada sencilla. Si bien la Argentina se muestra confrontativa, el Reino Unido actúa aún peor, ya que no da muestras de querer negociar y hasta hoy no ha aceptado la intermediación de ningún país neutral para llegar a una eventual solución.
Lo que ha ocurrido hoy, en el marco de la queja del Gobierno argentino por los ejercicios militares en Malvinas, puede sólo uno de los tantos cortocircuitos de la tensión bilateral entre ambas naciones.
Aunque también podría ser el principio de una escalada que lleve a consecuencias aún insospechadas.
Crucemos los dedos.
Lo que ha ocurrido hoy, en el marco de la queja del Gobierno argentino por los ejercicios militares en Malvinas, puede sólo uno de los tantos cortocircuitos de la tensión bilateral entre ambas naciones.
Aunque también podría ser el principio de una escalada que lleve a consecuencias aún insospechadas.
Crucemos los dedos.