Fotos de la decadencia mendocina
Se advierten señales de decadencia que avisan -como lo hace la fiebre en un cuerpo enfermo- que algo peor está pasando. Los hechos en comisarías y en la cárcel, con orgías y fiestas sexuales, son una muestra de ello.
Las últimas noticias por las que Mendoza ha ocupado lugar en la prensa nacional y aun, en la internacional, tienen que ver con que sus áreas más rígidas, verticalistas y vigiladas, como son la policía y la Penitenciaría, han sido escenario de escándalos bochornosos.
Aquella policía que fue condenada por ser una de las más violentas del país y por sus actuaciones al margen de la ley ahora aparece subsumida en un discurso político semanal en boca del ministro del área, pegada en sus mejores fotos en capítulos de una historieta publicitaria que pronto verá la calle y, también, presta al sexo fácil en las comisarías, registrado por cámaras digitales y celulares.
La cárcel que no reeduca, ni prepara a sus presos para cuando salgan en libertad; la misma que es utilizada por organizaciones internacionales para demostrar cómo no deben ser los centros de reclusión, es el lugar en donde dos agentes penitenciarias recién ingresadas, se sienten cómodas para mostrarse sensuales a una persona privada de su libertad.
Un fuerte silencio acompaña estas situaciones: no hay reformas, no hay marcha atrás, se deja que la inercia lleve a las sanciones correspondientes y Dios dirá (si quiere, si puede, si tiene tiempo para Mendoza) cuál será el escándalo de mañana.
Tal vez cosas como estas hayan pasado antes y la ausencia de la tecnología portátil las haya mantenido ocultas. Es posible. Pero ahora estamos viendo esto y mucho más. Así, vimos hace poco cómo una madre mono en el zoológico lleva de la mano al cadáver de su cría. Supimos que un padre violaba durante 20 años a sus hijas, haciéndolas procrear y la Justicia no había detectado nada, a pesar de las denuncias y de que una persona directamente involucrada trabaja allí.
Mendoza ha pasado de la sensación de inseguridad que todo lo condicionaba, a una percepción de decadencia que tiene capacidad de frustrar hasta al más templado.
No se trata, éste, de un análisis moral, sino de un flash sobre lo que nos está pasando, de lo que se habla en la calle, lo que se comenta –a veces entre risas, otras con gran preocupación- en los lugares de decisión.
Es que en entre esto que se ve y lo que le pasa a la gente todos los días hay un gobierno que marca rumbos, que dos años después de asumir, no arranca y, cuando ha logrado hacerlo en algún área, la choca.
La cuestión ahora no es criticar lo criticable, y nada más. Es evidente que cuando las cosas se relajan a estos niveles lo que sobreviene es un agujero negro que, como dicen los científicos que sucede en el espacio, tiene la capacidad de tragarse hasta los soles más resplandecientes.
Tal vez estemos a tiempo de despabilarnos y exigir un rumbo para Mendoza que no sea éste. Es necesario fundar un tiempo de grandezas de la oposición, del oficialismo, del empresariado y las universidades, de la sociedad civil organizada y de todos para detener el desgaste. Porque no hay nada peor y más retardatario que la anarquía.
Mendoza ha pasado de la sensación de inseguridad que todo lo condicionaba, a una percepción de decadencia que tiene capacidad de frustrar hasta al más templado.
No se trata, éste, de un análisis moral, sino de un flash sobre lo que nos está pasando, de lo que se habla en la calle, lo que se comenta –a veces entre risas, otras con gran preocupación- en los lugares de decisión.
Es que en entre esto que se ve y lo que le pasa a la gente todos los días hay un gobierno que marca rumbos, que dos años después de asumir, no arranca y, cuando ha logrado hacerlo en algún área, la choca.
La cuestión ahora no es criticar lo criticable, y nada más. Es evidente que cuando las cosas se relajan a estos niveles lo que sobreviene es un agujero negro que, como dicen los científicos que sucede en el espacio, tiene la capacidad de tragarse hasta los soles más resplandecientes.
Tal vez estemos a tiempo de despabilarnos y exigir un rumbo para Mendoza que no sea éste. Es necesario fundar un tiempo de grandezas de la oposición, del oficialismo, del empresariado y las universidades, de la sociedad civil organizada y de todos para detener el desgaste. Porque no hay nada peor y más retardatario que la anarquía.

