Casaretto, polémico y contundente
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Su nombre viene sonando desde hace décadas y sus últimas incursiones en el campo de las cosas mundanas están vinculadas con cuestionamientos al gobierno nacional.
Aunque a mediados de julio le recomendó a la Mesa de Enlace del campo que se reuniera con el Gobierno. En su reunión con la dirigencia del campo inició una serie de encuentros para evaluar “el alcance de la pobreza rural”, según justificaron voceros de ambos sectores.
Es que Casaretto se ha transformado en el gran denunciador de la pobreza en el país.
Fue el encargado de presentar el informe de la Universidad Católica Argentina, hace unos días, pero un mes antes, en una entrevista con el diario Clarín, anticipó las cifras, generando reacciones en el oficialismo.
El 12 de julio el religioso ya tenía en sus manos el trabajo del Barómetro Social Argentino que se daría a conocer casi un mes después. "Impresiona el dato del aumento de pobres...Luego de la disminución tras la crisis, la pobreza volvió a crecer a partir de la segunda mitad de 2007, situación que nosotros señalamos en su momento y que generó cierta molestia. Y hoy estamos en cifras nuevamente altas", dijo en esa oportunidad.
Pero su perfil polémico se remonta a su accionar en épocas de la dictadura militar. Así lo afirma el periodista Horacio Verbitsky, de Página 12, quien lo señaló como “uno de los únicos tres obispos de los años de la dictadura que quedan en actividad”.
La Nación destacó su rol como “una de las voces más enérgicas y autorizadas” de la Iglesia. Fue el año pasado, cuando el sacerdote identificó la expansión de las casas de juego “con la adicción y el consumo cada vez más precoz de drogas y alcohol”.
Hoy, su mensaje sobre las cifras de la pobreza ha encontrado tierra fértil. Es la que le deja un gobierno que minó la credibilidad que, históricamente, había sabido construir el Indec.
A partir de un estudio de poco más de 1.500 casos realizados por la Universidad Católica Argentina en varias ciudades del país, el obispo ahora recoge el guante y desafía al Gobierno cuyo discurso político está centrado, irónicamente, en la “redistribución del ingreso”.