Con más disidentes que "pejotistas", el PJ busca su norte en un tiempo sin líderes
Las disidencias se multiplican dentro del peronismo a nivel nacional, al punto que ya no puede definirse quién está en qué espacio.
Néstor Kirchner jugó rápido, dándose a la fuga de la titularidad del partido y obligando a Daniel Scioli a conducirlo, en medio del desastre electoral.
El gobernador bonaerense, desfigurado ya como carta de alternancia presidencial, comenzó a dialogar con quienes tienen el poder local del PJ, los gobernadores. Pero no podrá hacer lo propio con los otrora poderosos jefes comunales bonaerenses. Kirchner los detesta, ahora. Le impedirá a Scioli construir poder con ellos.
Es que de los 90 intendentes oficialistas bonaerenses, un total de 72 pueden mostrar un triunfo en su territorio. La cuestión es que Néstor Kirchner sólo ganó en 23 de ellos.
Uno de ellos, Mario Ishii, de José C. Paz y estratega de la campaña en el conurbano, ya habría plantado la renuncia a la intendencia disconforme con no haber llegado al 60 por ciento de aval ciudadano que prometió y que esperaba.
Líder se busca
Para el peronismo el poder es un “combo”: gobierno y partido van de la mano. Con el gobierno bajo rechazo popular y con el partido repleto de disidencias exitosas (De Narváez, Reutemann, Das Neves, Rodríguez Saá), la situación interna del PJ oficial se tornó incomprensible para los ajenos e inmanejable para los propios.
Llueven las recetas: el sanjuanino José Luis Rioja fue a Buenos Aires con su triunfo en una mano y la idea de una amnistía general en la otra. Su idea es que “nos juntemos todos y veamos cómo avanzar juntos”. No es ingenuo ni inocente: es precavido. El caos del oficialismo condiciona el armado hacia el 2011; pero no todo es color de rosa en los disidentes.
El resto de los gobernadores pide “más poder en la conducción del partido”, un horizontalismo imposible en la histórica estructura vertical de un partido que necesita de un líder.
Estos últimos sufren de “triunfitis” o de “depresión poselectoral” según el caso. Los que ganaron, se repartieron anticipadamente los lugares para las próximas elecciones. Como ya, dos años antes, no cabían, comenzaron una diáspora. En esa tarea, Felipe Solá pidió pista en el PJ y el sindicalista de las 62 Organizaciones Jerónimo Venegas fue por más, pidiendo para los disidentes suyos (que apoyaron a De Narváez) la estructura completa del PJ bajo la consigna rectora de que “Kirchner es un Don Nadie”.
Reutemann, en tanto, avanza por su lado, ninguneando la pretensión del colombiano De Narváez de empujar a Mauricio Macri a una candidatura PROperonista. El chubutense Das Neves no deja canal de televisión sin pisar, promoviendo una candidatura propia más virtual que real.
No hay que menospreciar la jugada de Hugo Moyano de empapelar Buenos Aies con afiches suyos propulsándolo a la presidencia.
Mientras, del otro lado del kirchnerismo golpeado, los enojosos cordobeses de Juan Carlos Schiaretti y Eduardo Mondino no saben qué hacer, deprimidos al extremo por el tercer lugar conseguido en tierra propia.
De todos ellos, Carlos Reutemann termina por ser "la niña mimada" más odiada, pero con mayores posibilidades de catalizar la mezcla necesaria para conseguir el poder: una cuota correcta de peronismo y mucho enganche con los independientes.
Unidos o dominados
La consigna setentista vale hoy más que nunca en las frases que se cruzan los seguidores de Perón clásicos, buscando un cable a tierra en la crisis que ven con preocupación. Quieran o no a Kirchner, el líder del momento se corrió a un costado y no hay otro en el horizonte. De hecho, la Presidenta Cristina Fernández no lo fue nunca. Y los presidenciables como Reutemann o el pretencioso Solá, no lo son. Mucho menos Macri, ajeno y periférico.
Frente a estas situaciones, sin embargo, todavía hay un Antonio Cafiero al alcance de la mano. “Basta de dedo para elegir candidatos” largó, para convocar luego desde su rol de “peronista – peronista de Perón” (y poco más hoy en día) “a todos los sectores del PJ a realizar la gran unión del partido”.
