Lo bueno, lo triste, lo malo
Las distracciones propias de la publicidad de campaña han impedido apreciar con claridad algunos fenómenos que se fueron produciendo lateralmente.
Cuestiones buenas, tristes o malas; situaciones a las que se les puede asignar los mismos adjetivos o muchos más (absurdas, complejas, excepcionales, prometedoras, lamentables) integran un abanico de sucesos que marcan a la política y a las instituciones de la democracia por estos días.
No todo es lo que se ve. Si fuera así, en estas elecciones farandulizadas por la TV estaríamos votando por el más gracioso de los candidatos, por el que más propaganda mostró, por el que más niños besó o el que más plata gastó; el que más poder demostró tener; el que más “apretó” o el que más sonrió. Y todos sabemos que, aunque algunos de estos condimentos estarán presentes, sin dudas, a la hora de votar, no serán determinantes. La gente no es tan tonta como se pretende que sea.
Lo bueno
Hay un retorno de los jóvenes a la política. De los jóvenes de verdad: los adolescentes. Brillaron por su presencia en las caminatas, en los plantones públicos de los candidatos, en las actividades públicas de municipios y gobiernos. Algunos, motivados por su defensa acérrima del gobierno, lo que es legítimo. Otros, por las posiciones opositoras, por liderazgos que ven ya sea como emergentes o de moda, pero liderazgos al fin. Desde hacía mucho tiempo que no se veía este interés juvenil, aunque sea por los candidatos y aunque los partidos no estén todavía lo suficientemente fuertes en materia de programas e ideas como para acogerlos como cuadros.
Lo triste
Como los payasos, con la farandulización de la política nos reímos a carcajadas mientras estamos en escena. Pero de vuelta a la soledad del cuarto oscuro nos invade la tristeza. Las imitaciones de los candidatos superaron el interés por las ideas y propuestas de verdad de los partidos políticos. Llevó a que el interés se centrara en gestos y muecas, reacciones y ocurrencias y no en las cuestiones de fondo. Así, se les reclamó chistes a la Presidenta y a los candidatos opositores y hasta el gobernador de Mendoza –que poca gracia causa, para empezar- se sumó a los chistes de Tinelli.
Lo malo
La burla a las instituciones, adelantando la fecha de las elecciones; la violación de la veda y las normas éticas, haciendo campaña masivamente desde el Gobierno; las golpizas de patotas a militantes de partidos opositores; la desarticulación de los partidos políticos como usinas de programas de gobierno para transformarse en catapultas, colectoras, máscaras o negocios de funcionamiento de bianual. Estas son algunas de las peores lecciones que deja esta campaña proselitista.
El día después
Indudablemente que el hastío no debe marcar la fecha de las elecciones. La costumbre indica que “a lo pasado, pisado” y, por lo tanto, terminada la jornada electoral, los temas que allí se abordaron son nada en la agenda política y menos en la periodística.
Pero hay aquí identificados algunos puntos sobre los que hay que insistir: institucionalidad, gastos de campaña, rol de los partidos en la democracia, programación de las ideas de gobierno, rendiciones de cuentas con consecuencias, revalorización de la política y de las instituciones, son algunos de los asuntos que deberán seguir en portada de los medios para que el 2011 no nos sigamos quejando de nuestra propia incapacidad de subir algunos escalones más, 25 años después de recuperada la democracia.
No todo es lo que se ve. Si fuera así, en estas elecciones farandulizadas por la TV estaríamos votando por el más gracioso de los candidatos, por el que más propaganda mostró, por el que más niños besó o el que más plata gastó; el que más poder demostró tener; el que más “apretó” o el que más sonrió. Y todos sabemos que, aunque algunos de estos condimentos estarán presentes, sin dudas, a la hora de votar, no serán determinantes. La gente no es tan tonta como se pretende que sea.
Lo bueno
Hay un retorno de los jóvenes a la política. De los jóvenes de verdad: los adolescentes. Brillaron por su presencia en las caminatas, en los plantones públicos de los candidatos, en las actividades públicas de municipios y gobiernos. Algunos, motivados por su defensa acérrima del gobierno, lo que es legítimo. Otros, por las posiciones opositoras, por liderazgos que ven ya sea como emergentes o de moda, pero liderazgos al fin. Desde hacía mucho tiempo que no se veía este interés juvenil, aunque sea por los candidatos y aunque los partidos no estén todavía lo suficientemente fuertes en materia de programas e ideas como para acogerlos como cuadros.
Lo triste
Como los payasos, con la farandulización de la política nos reímos a carcajadas mientras estamos en escena. Pero de vuelta a la soledad del cuarto oscuro nos invade la tristeza. Las imitaciones de los candidatos superaron el interés por las ideas y propuestas de verdad de los partidos políticos. Llevó a que el interés se centrara en gestos y muecas, reacciones y ocurrencias y no en las cuestiones de fondo. Así, se les reclamó chistes a la Presidenta y a los candidatos opositores y hasta el gobernador de Mendoza –que poca gracia causa, para empezar- se sumó a los chistes de Tinelli.
Lo malo
La burla a las instituciones, adelantando la fecha de las elecciones; la violación de la veda y las normas éticas, haciendo campaña masivamente desde el Gobierno; las golpizas de patotas a militantes de partidos opositores; la desarticulación de los partidos políticos como usinas de programas de gobierno para transformarse en catapultas, colectoras, máscaras o negocios de funcionamiento de bianual. Estas son algunas de las peores lecciones que deja esta campaña proselitista.
El día después
Indudablemente que el hastío no debe marcar la fecha de las elecciones. La costumbre indica que “a lo pasado, pisado” y, por lo tanto, terminada la jornada electoral, los temas que allí se abordaron son nada en la agenda política y menos en la periodística.
Pero hay aquí identificados algunos puntos sobre los que hay que insistir: institucionalidad, gastos de campaña, rol de los partidos en la democracia, programación de las ideas de gobierno, rendiciones de cuentas con consecuencias, revalorización de la política y de las instituciones, son algunos de los asuntos que deberán seguir en portada de los medios para que el 2011 no nos sigamos quejando de nuestra propia incapacidad de subir algunos escalones más, 25 años después de recuperada la democracia.
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