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Entre el lunes y el 2011 hay un país que espera ser gobernado

Foto: MDZ
Foto: MDZ

Entre una elección y otra hay un país lleno de gente esperando que lo prometido en las campañas se haga realidad.

El lunes, cuando ya sepamos quiénes ganaron la elección y cómo quedarán conformados el Congreso, las legislaturas provinciales y los concejos deliberantes, comenzará un interregno electoral que se interrumpirá en 2011, cuando debamos renovar presidente y vice, gobernadores y nuevamente, los parlamentos.

Estos dos años no serán sencillos, ya que la apuesta del domingo tiene todo que ver con la siguiente confrontación política y, por lo tanto, este tiempo que debiera estar ajeno a movimientos y acciones de índole proselitista, se verá teñido por las intenciones de continuar en el gobierno o de sucederlo, venciéndolo.

Hay una lista abierta de temas que la Argentina requiere que sean discutidos en forma urgente y hay urgencias diarias que la gente tiene y por las que necesita respuestas inmediatas.

¿Son dos agendas complementarias? ¿O es una sola en dos niveles concatenados? El lunes se mostrará abierta nuevamente, cuando el fragor de la disputa permita ver con mayor claridad la realidad.

Cotidiano


Cada habitante de este país se seguirá levantando cada día con la necesidad de comer y darle de comer a su familia; de vivir y no enfermarse; de sanarse en caso de estar enfermo; de obtener recursos para sostenerse a sí mismos y a los suyos.

Todos tendrán necesidad de transportarse hacia sus lugares de trabajo o estudio; de ver crecer sanos a sus hijos y de ver morir con dignidad a los más viejos.

El lunes 29 de junio todos nos levantaremos esperando igual que el día anterior, aunque tal vez con más esperanzas de que “la cosa mejore”, la única, la gran esperanza que todos tenemos, estemos bien o mal.

El país mantiene cifras dolorosas de desarrollo que no nos permiten cantar victoria. Por más que crezca la economía, todavía mueren 8 niños por día por efecto de la desnutrición. Aunque la gripe A, con razón, nos vuelva locos, cada año mueren 3 mil personas de la gripe ordinaria. En general, mueren porque se les juntó el estornudo con el hambre; el frío con la falta de ropas o frazadas.

A diario, aun hoy, en la Argentina se contagian 80 personas de Chagas, esa enfermedad que estruja el corazón y que mata a padres y madres jóvenes que mueren, en la mayoría de los casos, sin saber por qué. Mueren por pobres.

Parecerán prioridades diferentes estas que tiene la gente con las que tiene el país, pero no lo son.

Lo que hay, lo que habrá

La profundización (o no) de la pobreza y la indigencia tendrá que ver con que se enfrente de una manera u otra la crisis económica. Pero tiene que ver también el resultado de la elección y que quienes ganen y también los que pierdan, hagan una lectura correcta del mensaje de las urnas.

Tiene que ver con la agenda diaria del argentino promedio que se sinceren las cifras del Indec: navegamos sin radar en medio de una tormenta mundial. Así graficada la situación, entendamos lo peligroso que puede resultar que no se sepa a ciencia cierta quién está al frente de la nave.

A pesar de los cantos de sirenas que eligen a su gusto dos momentos de la historia (uno malo y uno mejor) para compararlos y condicionar nuestro voto, la realidad que emerge a pesar de los ocultamientos indica que la crisis que sufrimos los argentinos es más argentina que mundial.

Es más productivo políticamente echarle la culpa a los viejos monstruos de Wall Street (que existieron y existen, pero que tienen bastante trabajo allá) que reconocer errores propios para redireccionar el gobierno.

El control absoluto de las cifras, del Congreso y de gran parte de los medios impide ahora -y también impedirá el lunes, el martes, y en lo sucesivo- que el grueso de la población sepa sobre la fuga de capitales que no cesa desde el tercer trimestre del 2007 y que deja como consecuencia una recesión que crece, tal como lo indican analistas privados, desde hace tres meses.

No reconocer esto tiene que ver con que se mire para otro lado cuando aumentan los intereses y la gente ve esfumarse la posibilidad de tener un techo, un transporte.

Tapar el sol con las manos impide que se afronte con seriedad el desafío de financiar el funcionamiento del Estado, decidir si hay que devaluar o no y, en definitiva, poner sobre la mesa diaria de cada hogar argentino un modelo de país auténtico, que permita tener en esa misma mesa el pan diario. Y que en esa casa haya trabajo que permita amasar ese pan, y no un país de ficción publicitaria electoral.

El lunes será para la mayoría de los argentinos un día igual a cualquier otro.

Sin embargo, la decisión que cada uno haya tomado el día anterior en las urnas, habrá marcado la Argentina de los siguientes dos años…Hasta que volvamos a votar.