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(consultar montacuto) El "aliento" oficial para armar partiditos, nueva y preocupante práctica de la política

Uno de los editores de MDZ, cuenta cómo lo "alentaron" a armar un "partidito" que le reste votos a los grandes. Dicen que Mazzón está interesado en estas opciones, para las que buscan a distintos "disidentes" de la oposición, o aún de sectores del kirchnerismo. Una práctica política que denigra.

Primer acto: ¿vos también caíste?
Café con amigos. Algunos de ellos, candidatos por un partido nuevo. Son kirchneristas, pero no todos vienen del peronismo. La frase: “…Y le dijimos a Mazzón: mirá Juan Carlos…”.

-Pará, pará. ¡Pará! ¿A Mazzón? ¿Te juntaste con Mazzón? ¿Qué corno tiene que ver ese espacio con él? Perdón, me equivoqué… ¿No eran los éticos e independientes ustedes…?

-No, bueno. Nos paramos enfrente y le dijimos: no vamos a ser una colectora del mediocre de Jaque…

-No, claro, van crear su propia mediocridad. Pero, contestame ¿qué tiene que ver El Chueco con ustedes?

-Él es quien nos alienta…

Segundo acto: alentados para defender el modelo
En defensa de un modelo, un grupo de partidos chicos, algunos con gente muy respetable, prestaron (¿prestaron?) su nombre y boleta para llenarla con los candidatos que decidió en Justicialismo.

¿Está mal defender lo que ellos llaman “el modelo”? “No, no está mal”, me contesté y ratifiqué que, tal vez, si las circunstancias y formas institucionales de hacerlo fuesen más normales, posiblemente no vería todo tan mal como parecen serlo, al mirarlo con la óptica de quienes lo defienden a ultranza.

Hablé con un amigo que anda, cabizbajo, defendiendo el modelo de esa manera, aunque poco convencido.

-¿Se juntaron con Mazzón?- me zambullí, sin saberlo.

-¿Y…cómo sabés?

-Pregunto…

-Sí, sí. No quedaba otra. El tipo es el que te alienta a seguir…

Otra vez la palabra aliento. No sería la última. Y jamás me perdonaré no haber pedido una traducción del término “aliento”. (Los sinónimos del diccionario no son muy convincentes: resuello, hálito, jadeo, inhalación. Me parece que de eso no hablaban mis interlocutores).

Tercer acto: me quieren alentar
Suena el teléfono y atiendo. Es un dirigente disidente de uno de los grandes partidos. (Aclaración: se define disidente a todo el que pierde una interna y no se lo banca).

Después de vaguedades en una conversación que parecía destinada a morir en la primera frase en torno a “tanto tiempo que no nos vemos”, soltó.

-Mirá, la cosa es así. Hay una posibilidad de que, si aceptás, armemos un partidito y…

-Pará. ¿Quiénes?- contesté sin saber en carácter de qué me estaba llamando el disidente.

-¡Vos, yo y varios más! Gente valiosa, desperdiciada…

-No, pará allí.- respondí con cierta alergia.

Hubo un silencio breve, pero que en una comunicación por celular costó varios pesos (a él).

-Disculpame. Seguí contando.- habilité, pensando –ahora si- en obtener más información, dejando de lado la torpeza inicial.

-No. Está bien. Es que pensamos reunirnos con Mazzón y pedirle que nos aliente. ¿Viste que el tipo anda buscando partiditos que le quiten votos a los grandes, no? (…) De otra forma, imposible…Bueno, se me corta, te llamo mañana y tomamos un café.

Se le cortó. No llamó ni tomamos el café. No sabemos si recibió el “resuello, hálito, jadeo o inhalación”, el aliento, la palabra más pronunciada en los cafés políticos de la disidencia opositora.

Cuarto acto: la respuesta es no
Como aquella llamada se cortó y el café no llegó a servirse, aprovecho este medio para responder a los tentados y a los tentadores que no, que no me parece correcto, ni democrático, ni ético y mucho menos digno andar armando partiditos, cualquiera sea la excusa o el nivel de aliento para hacerlo.