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Mendoza, frente a un brote autoritario

El increíble show de Jaque para cerrar la Legislatura, o el pedido de cerrar las fronteras con Chile que hizo un diputado, son dos caras de un "brote autoritario" que parece aquejar a varios dirigentes.
Foto: MDZ
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La política mendocina ha ingresado en un terreno fangoso. Poco tiene que ver esto con los modos y lenguajes de la campaña electoral, sino que se trata del surgimiento de un brote autoritario que se ubica en las antípodas el ejercicio de la democracia.

 Fue el gobernador Celso Jaque quien mostró los primeros síntomas, cuando eligió como enemigos a los legisladores, a todos y al voleo, levantando las palmas de las manos para encuadrar su expresión con un énfasis gestual, llegando a sostener la posibilidad de cerrar la Legislatura provincial.

Pero a la peste del odio prende rápidamente. Ayer, un legislador provincial, Daniel Cassia, a minutos de conocerse que un pasajero de un ómnibus que venía de Chile tenía fiebre alta, pidió que cierren la frontera internacional.

"Es una locura que muchos crean que este no es el momento de trabajar. Si es así, entonces cerremos la Legislatura y démosle vacaciones a los legisladores, por supuesto sin goce de sueldo", fue la frase que, textualmente, pronunció el mandatario provincial.

Por suerte, su segundo, el vicegobernador Cristian Racconto, garantizó el equilibrio institucional que corría riesgo de perderse en medio de las altisonantes expresiones y salió a defender, insólitamente, la labor legislativa, como si hubiera que justificarla con una enumeración de leyes y no fuese suficiente su propio peso como poder independiente del Estado.

Más allá de la calidad del trabajo de los legisladores, lo que debe respetarse es la idea de que nunca se cierre la Legislatura.

En todo caso, la sanidad institucional estaría dada en que, si alguna autoridad que posee información incriminatoria en contra de legisladores puntuales, actúe en consecuencia, conforme a lo que la Constitución y las leyes determinan, en lugar de mandar al diablo la institucionalidad cuando las circunstancias políticas no le acompañan.

El otro caso también es grave. La historia de la humanidad nos alecciona en torno a lo difícil que es volver del odio cuando este es sembrado social y políticamente. Precisamente, el pedido del diputado Cassia de que se cierren las fronteras abre un camino hacia instancias que están más allá del debate de las ideas y que se acerca, peligrosamente, a la generación de un pánico irracional y a la xenofobia.

¿De qué sorprendernos cuando un grupo de vecinos exaltados apedrea un hospital, cuando es la dirigencia política de la provincia la que apela, desde su potente palabra, a un recurso equiparable con una pedrea contra la democracia?

Los liderazgos se marcan con hechos y actitudes de vanguardia. Los políticos y gobernantes deben conseguir su popularidad en mérito de ese liderazgo, y nunca montándose en las miserias de la sociedad.

Es frente a este tipo de circunstancias difíciles, cuando se puede medir la verdadera estatura de nuestros dirigentes.