Impulsan en Mendoza un sistema en el que se voten programas y no sólo partidos
Dando un giro de rosca a la democracia participativa y alterando la chatura preelectoral mendocina, la organización Valos –que promueve prácticas de responsabilidad social empresaria- impulsa la aplicación en la provincia de un sistema de voto programático.
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La idea es que cada partido político elabore programas de gestión sustentables y evaluables, basados en las necesidades y prioridades que dicte la población. Estos últimos insumos son obtenidos mediante la realización de encuestas científicamente diseñadas.
Precisamente Valos ya se encuentra en la etapa de relevar lo que opina la gente. La encuesta ya está en la calle y el objetivo es lograr imponer esta opción en las elecciones de este año.
La propuesta se enmarca en una corriente mundial que en un principio se orientó hacia el consumo responsable y que se llama “consumo conciente” y que pretende que sea la gente quien disponga, mediante el consumo o el no consumo, qué empresas quiere que funcionen y cuáles no en su sociedad.
Pero la iniciativa amplió su margen hacia la participación democrática y qué tipo de elecciones toma la ciudadanía cuando emite su voto.
Arriba: La diferencia entre "v" y "b", según la ONG Viva, de Colombia.
El proyecto "Nuestra Mendoza"
Valos está trabajando en este proyecto y lo ha denominado "Nuestra Mendoza". Para motorizarlo, están realizando una "encuesta de percepción sobre calidad de vida del ciudadano". Así lo reveló Fernando Barbera en diálogo con MDZ.
Anticipó que se iniciará "por las políticas públicas que afectan la calidad de vida de las personas". Ya se está trabajando en el Gran Mendoza, "pero departamento por departamento. Sabemos qué opina el vecino de cada municipio sobre cada uno de los temas", según explicó Barbera.
El voto programático es uno de los tres amplios ejes cuyo cumplimiento se persigue, junto con un Observatorio (precisamente el encargado de realizar las encuestas) y el área de Educación Ciudadana.
Barbera es optimista y se entusiasma con los resultados que este tipo de iniciativas están consiguiendo en Bogotá -fundamentalmente con el trabajo impulsado desde la ONG Bogotá cómo vámos- y en San Pablo, Brasil. Además, admitió que ha tenido "una buena recepción y aceptación" de parte de los intendentes. Es allí en donde se reciben los reclamos más concretos de gestión y, según Barbera, "en donde se está trabajando mucho con planes estratégicos".
Mendoza no cuenta con una norma que establezca la revocatoria de mandatos, como ocurre con el voto programático (cuando no se cumple) en Colombia. "Pero estamos seguro que mejorará el nivel de representatividad", dijo el dirigente social, ya que los ciudadanos podrán seguir online las cifras e indicadores de gestión, "y sabrán -explicó- cuándo están conformes y de acuerdo con la dirigencia y cuándo no", pero sobre bases sólidas.
El caso bogotano
En este sentido, la apuesta por el voto programático es algo que ya está acuñado, por ejemplo, en la Constitución de Colombia desde 1991.
Se aplicó con éxito en Bogotá: allí, cada candidato a intendente (alcalde es la denominación local del cargo) debió proponer un plan directriz de su gestión y, además, luego de ganar, tuvo que cumplirlo, bajo la presión de que existe la posibilidad de remoción del cargo o revocatoria de su mandato, en caso de incumplimiento.
Así, Enrique Peñalosa Londoño ganó el cargo al presentar el plan denominado “La Bogotá que queremos” (1998), Antanas Mockus lo hizo en 2001 con su programa “Bogotá para vivir todos del mismo lado” y le sucedió Luis “Lucho” Garzón con “Bogotá sin indiferencia”.
Si de resultados hay que hablar, debe señalarse que entre el primero y el último, pero en especial durante la revolucionaria gestión de Mockus, la capital colombiana multiplicó varias veces su índice de desarrollo humano, logrando vencer situaciones que se creían estructurales e imposible de ser alteradas, como gran parte de la exclusión y la inseguridad.
Mandato imperativo
El voto programático lleva implícito un “mandato imperativo”. Esto último quiere decir que junto con la idea viene adosada la obligación de quienes resulten electos mediante este sistema de cumplir, obligatoriamente, con sus propuestas de campaña.
Lo deben hacer con mecanismos técnicos y sin subterfugios, vale decir, aplicando planes de desarrollo y evaluando su avance metodológicamente. No hay lugar en este sistema para excusas.
Volviendo sobre el caso colombiano, allí su Carta magna establece una definición del tema que ahora se impulsa en Mendoza: “El voto programático es una expresión de la soberanía popular y la democracia participativa que estrecha la relación entre los elegidos (alcaldes y gobernadores) y los ciudadanos electores. Al consagrar que el elector impone al elegido por mandato un programa, el voto programático posibilita un control más efectivo de los primeros sobre estos últimos. La posibilidad de la revocatoria del mandato es entonces la consecuencia de esa nueva relación consagrada por la Constitución”.