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Lo que sobró y faltó en el discurso: Cristina, demasiado satisfecha con su gobierno

“No encuentro puntos de comparación con esto que estamos haciendo”, dijo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner al facturar el aumento del 11,6 por ciento para los jubilados.Faltó humildad; sobró autobombo. Faltó conocimiento de la realidad intestina del país; sobró soberbia.
Tras enumerar cuánto la Nación coparticipa a las provincias, recibió, de manera alternada, una catarata de aplausos programados. No hacía otra cosa más que señalar lo que al Estado nacional le corresponde hacer con fondos que recauda de la gente y las empresas de las provincias. Pero prefirió el rol de “Mamá Noel”: cada vez que daba un número, activaba el sistema de aplausos de los suyos.

Fue un discurso en donde las palabras más pronunciadas pertenecieron a la familia del término “orgullo”. “Estoy orgullosa”, “me enorgullezco”, sumados a muchos “no tiene precedentes”, sonaron a cada rato en un mensaje que no le dejó siquiera un resquicio a la autocrítica. Todo lo que Cristina hace, no solo está bien, sino que nadie nunca jamás lo ha hecho tan bien en la historia de la humanidad. Ese fue el concepto.

Una serie de frases la colocaron, además, en el rol de “turista porteña”. Ampulosamente repartió a sus ministros “al impenetrable del Chaco”, “a nuestra Antártica Argentina”, “a los límites con Bolivia”, pretendiendo dar un halo de gesta a una gestión que, ya sabemos, se cocina y condimenta en Olivos, ni siquiera en la Casa de Gobierno y cuyos postres, ocasionalmente, se degustan en El Calafate, como mucho.

Faltó humildad; sobró autobombo. Faltó conocimiento de la realidad intestina del país; sobró soberbia. Faltó capacidad para ubicarse en el contexto de la crisis mundial; sobró un optimismo mal fundado en la supuesta holgura financiera local, basada en la confiscación de fondos privados.

Faltó estatura presidencial; sobró discurso, sobraron palabras y sobraron aplausos.

Nuevamente, un presidente argentino usó un ámbito rigurosamente institucional para hacer proselitismo. De la peor manera.